El martirio de Manisha

Mundo · M.P.
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17 diciembre 2011
Se negó a un matrimonio forzado con un joven musulmán, se negó a la inexorable conversión al islam necesaria para la boda, se negó al intento de violencia sexual de aquel muchacho. Tres rechazos que le costaron la vida. Mariah Manisha, católica de 18 años, murió por los impactos de bala de la pistola que descargó contra ella el pretendiente rechazado el 27 de noviembre de este año, en la aldea de Samundari (diócesis de Faisalabad), en el estado de Punjab, al este del país.

Ahora, en esa población, ella se ha convertido en la "María Goretti de Paquistán": su figura fue colocada al lado de la de la santa italiana que murió a los doce años en 1902, después de que un vecino de casa intentara violarla.

El asesino de Mariah se llama Arif Gujjar, y es un tóxicodependiente que proviene de una rica familia de terratenientes. Le han arrestado, pero en la cárcel podría permanecer poco. «Ya hay presiones políticas para que le liberen -cuenta a Vatican Insider el profesor Mabeen Shahid, presidente de la asociación de paquistaníes cristianos en Italia, que se encuentra en contacto con la familia de la joven víctima- y están surgiendo falsos testimonios, según los cuales la chica se habría suicidado». Y no sólo, según fuentes locales citadas por la agencia Fides, de hecho, algunos líderes islámicos locales estarían tratando de comprar el silencio de la familia de la chica. Una práctica conocida como "diyat", el llamado "precio de la sangre" previsto por la sharía: dinero a cambio del perdón. Oferta que los padres de Mariah, Razia Bibi y Manisha Masih (que tienen otros 5 hijos), rechazan tajantemente: «No estamos en venta».

Según otras fuentes locales, en un primer momento la policía no habría ni siquiera querido registrar la denuncia del homicidio. «Es cierto -confirma el profesor Shahid- fue necesario que interviniera la diócesis para lograr que aceptaran el módulo con la denuncia y para que se activaran las investigaciones».

Los que la conocían bien dicen que Mariah era una chica buena, sencilla. Sin estudios, pero mucho trabajo para ayudar a su madre. Y una fe límpida. La foto que publica Vatican Insider la retrata en un momento de oración.

Su asesino se había "enamorado": la perseguía desde hace tiempo y la amenazaba, sobre todo después de que se hubiera negado a sus propuestas. El pasado 27 de noviembre, Mariah y su madre se dirigieron a un canal cerca de la población para llevar a casa un poco de agua potable. Arif estaba allí, con un amigo. Avanza hacia la chica empuñando la pistola. Trata de arrastrarla para llevarla consigo y violarla. Ella se niega y logra huir. Él detiene su carrera con algunos disparos, a pocos pasos. Después trata de ocultar el cadáver. Pero será el padre quien lo encontrará.

«Un caso terrible -comenta Shahid- que concluyó dramáticamente. Pero no hay que olvidar que cada año, en Pakistán, son más de 700 las chicas cristianas que son secuestradas, violadas y después convertidas por la fuerza al islam, antes de un matrimonio que "repare" todo». Para muchos, Mariah ya es una "mártir", es decir, testigo de la fe. Una testigo que nos llama a todos. 

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