El joven adulto y el sabio longevo

Cultura · José Joaquín de Esther
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2 febrero 2026
Carlos se ha transformado en un adulto que desplegó una paciencia nunca vista en él durante los dos últimos partidos del torneo para aguantar el juego y ganar cuando fuera posible; ni rastro de las precipitaciones y errores ansiosos de los años previos.

Transcurrieron los diez primeros días del Australian Open 2026 y no pasaba nada, nada diferente de lo esperado, nada más allá de lo previsible; hasta que llegaron las semifinales del viernes y se precipitó un desenlace que quizá desvele algo más que los meros resultados finales.

Este inicio de año tenístico arrancaba con, al menos, cuatro incógnitas: Alcaraz “mataba al padre” al prescindir de Ferrero, su entrenador desde la adolescencia; Sinner anunciaba un cambio de estilo de juego con el objeto de ampliar su paleta de golpes más allá de los tiralíneas perfectos; la posible alternativa a los dos líderes mundiales no tiene visos de comparecer; por último, los aficionados se preguntan por el día en el que Djokovic anunciará su retirada.

Sin seguir necesariamente el orden anterior; el Abierto de Australia no ha revelado, más allá de Nole, que sería el sabio longevo, ninguna figura nueva o conocida que aspire a inquietar la alternancia Alcaraz – Sinner. Musetti se lesionó en cuartos; Tien acaba de llegar; Ruud, de Minaur y Shelton son formidables de ver, pero quedan muy lejos del dúo que llega a semis sin perder un set. El caso de Zverev resulta casi trágico, siendo el mejor de su quinta, su generación, como tantas otras, ha quedado disipada entre el Big 3 y el Big 2. No se entiende por qué no trituró a Alcaraz durante su lesión en las semifinales, hubiese sido legítimo hacerle correr por toda la pista mientras estaba acalambrado; al fin y al cabo, fue la condición física la que falló en igualdad de condiciones. Carlitos no podía desplazarse y, a pesar de ello, su excelencia es tal que conseguía poner las bolas donde convenía en cada momento; parecía Juan Belmonte plantado sobre el albero reinventando el toreo. En cualquier caso, por mucho que disfrutemos los espectadores españoles e italianos, la falta de alternativas empobrece el tenis.

Sinner anunció que, aun a costa de perder algunos partidos, quería aprender nuevas técnicas; entiende que, en su duelo permanente con Alcaraz, su ingeniería perfecta no será siempre suficiente frente al arte al que se enfrenta. Pudo ser eso lo que le hiciera perder su semifinal ante Djokovic, quien le percutió con bolas al centro para que no disparara sus cañonazos cruzados; según avanzaba el partido, se le descomponía la cara pensando que, a pesar de estar por encima en el ranquin, jugaba contra los treinta y ocho años del GOAT.

Nole dijo al clasificarse para la final que ya se sentía ganador. Sin necesidad de librar ninguna pelea más contra el público que no lo quería tanto como a Fedal, contras sus malas reacciones, contra esa especie de heroicidad maldita que nadie sabe bien de dónde venía, se ha dedicado a pintar tenis, a tocar golpes, a escribir bolas como si hubiese vuelto de una retirada para jugar un partido homenaje, salvo que se trataba de la más alta competición. Al comenzar la temporada de tenis esperábamos de Djokovic que, a falta de alternativas, fuera el único que se acercara – para acabar perdiendo – a los dos fenómenos nacidos dos décadas después que él; sin embargo, nos ha regalado más y nueva música, quizá por última vez.

El drama del cese, aunque se cuente de otra manera, de Ferrero como entrenador de Alcaraz se recibió en España a finales del año pasado cual noticia rosa que anunciara una ruptura sentimental. Carlitos “mataba al padre” para hacerse mayor con veintidós años y seis grand slams. “Menudo error”, “demasiado pronto”, “tardará en adaptarse al nuevo”, pensaba la mayoría. Sin embargo, se ha transformado en un adulto que desplegó una paciencia nunca vista en él durante los dos últimos partidos del torneo para aguantar el juego y ganar cuando fuera posible; ni rastro de las precipitaciones y errores ansiosos de los años previos. A juzgar por lo visto este pasado fin de semana, la cuestión no era tanto la ruptura con quien le había dirigido durante toda su vida; sino la necesidad de dar un paso de madurez. El parricidio freudiano de “Tótem y tabú” de principios del siglo XX quedó ampliamente superado ochenta años después por “Educación: introducción a la totalidad de lo real” de Giussani. Apurando la analogía, el pasado (Ferrero), propuesto en una vivencia presente, facilita una crítica no necesariamente negativa que – con la ayuda de una compañía (Samu López) – permite al joven adquirir su fisonomía de hombre.

 


Recomendación de lectura: ¡¿Cómo no dejarse la vida en cada golpe?! Sinner vs Alcaraz

 

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