El imposible Sísifo de Camus

España · Gulia Religiosi
COMPARTIR ARTÍCULO Compartir artículo
| Me gusta 30
25 julio 2013
Hay aspectos en el mito griego de las familias que parecen dejar posibilidades extraordinarias. A veces lo sabemos todo sobre estas familias y sobre su historia – tenemos textos trágicos y líricos, como Esquilo, Píndaro o Séneca: es el caso por ejemplo de la familia de Tántalo, que gozaba del favor de los dioses, con los que se relacionaba como con un amigo, en aquel tiempo atemporal en que los hombres y los dioses estaban cara a cara.

Hay aspectos en el mito griego de las familias que parecen dejar posibilidades extraordinarias. A veces lo sabemos todo sobre estas familias y sobre su historia – tenemos textos trágicos y líricos, como Esquilo, Píndaro o Séneca: es el caso por ejemplo de la familia de Tántalo, que gozaba del favor de los dioses, con los que se relacionaba como con un amigo, en aquel tiempo atemporal en que los hombres y los dioses estaban cara a cara. Pero quiso mostrarse más inteligente que ellos, ponerles a prueba (de un modo horrible: ofreciéndoles en un banquete la carne de su hijo), y los dioses le retiraron su amistad, le castigaron a los infiernos y su estirpe quedó manchada por una tendencia hacia el mal.

Hay otra familia de la que sabemos mucho menos, porque de las obras que más hablan de ellos sólo quedan los títulos o algunos fragmentos, que sólo se pueden reconstruir llenando vacíos y eligiendo variantes. Pero queda la fascinación, suscitan curiosidad y reflexión.

Una primera referencia la tenemos en la Ilíada. En el campo de batalla se encuentran dos enemigos: el griego Diomedes, que pregunta a su desconocido adversario por su familia, temeroso de cometer una equivocación al atacarle; el otro, Glauco, le cuenta episodios de una historia, salteados de forma brusca. Se remonta al fundador no sólo de su familia sino de todo el pueblo de Eolo, y luego a su hijo Sísifo. A él se le asigna un atributo, kérdistos, traducido frecuentemente como astucia, pero que en realidad, al compararlo con otros pasajes, resulta sencillamente un término de elogio: excelente, el mejor. Nieto de Sísifo es Bellerofonte, antepasado directo de Glauco, definido como amymon, es decir, irreprensible, sin defecto, el mismo atributo que en otro contexto homérico se refiere a Salmoneo, hermano de Sísifo. Una familia positiva, por tanto, para las vicisitudes de Grecia durante la alianza con los troyanos. Pero Bellerofonte, el predilecto de los dioses, ayudado en muchas de sus hazañas, termina también él por decaer en la amistad divina. Sólo por autores posteriores sabemos el porqué: no le bastaba la protección divina, quería subir al cielo para ver en persona a los dioses, y ellos le devolvieron a la tierra y le retiraron su afecto, sin el cual la convivencia humana se le hacía insoportable.

En la Odisea encontramos a Odiseo que, en un episodio misterioso fruto de distintas tradiciones, se encuentra con los muertos. Entre ellos, Sísifo: “Vi también a Sísifo, sufriendo atroces dolores para levantar una enorme piedra. Hacía esfuerzos con manos y pies, arrastraba la piedra de abajo arriba, hasta llegar a lo más alto de una colina; pero cuando iba a alcanzar la cima, una fuerza irresistible le hacía retroceder, y rodaba hacia la llanura la desvergonzada piedra. Sin embargo, él la empujaba de nuevo con los músculos en tensión y el sudor se deslizaba por sus miembros y el polvo caía de su cabeza”.

Es la primera narración de la fatiga de Sísifo, infinita y desesperante: la piedra no le respeta, carece de ese sentimiento, el aidòs, que rige sólo las relaciones humanas. Homero no nos dice por qué Sísifo, el excelente, se ve obligado a esta inútil fatiga: a falta de textos literarios que se han perdido, debemos referirnos a varias narraciones mitológicas que parecen esforzarse en encontrar el porqué. Todas ellas tienen en común la idea del desafío a los dioses o a la muerte, a menudo con un uso imprudente de la astucia: de nuevo, por tanto, como en el caso de Tántalo, o de su nieto Bellerofonte, Sísifo también quiere superar su condición humana, su inferioridad con respecto a los dioses. E igual que Bellerofonte es devuelto desde el cielo, así simbólicamente la piedra de Sísifo no llega nunca a la cima.

Desde el siglo V a.C. se insinúa en el mundo griego una desconfianza hacia un mal uso de la razón. El resultado no es sólo una modificación en negativo del personaje de Odiseo, sino también una asociación entre Odiseo y Sísifo, que además es considerado como el verdadero padre de Odiseo tras la violación de la madre. Aun sin tener en cuenta esta variante, es interesante señalar que la Apología platónica de Sócrates une a ambos personajes en su pretensión de sabiduría.

El contexto socrático pone en evidencia que esa razón llevaría a reconocer en los personajes del mito la misma presunción que los atenienses de la época, pues para el dios Delfos, sólo Sócrates es sabio, puesto que no tiene la presunción de saber. Merece la pena preguntarse en este punto cuál es, en el imaginario actual, la idea de Sísifo: precisamente por lo escasas que son las fuentes disponibles, parece más fácil una manipulación del mito y del personaje.

Nos detendremos sólo en el texto más famoso, el brevísimo ensayo del premio Nobel francés A. Camus que da título a toda la colección de ensayos sobre el tema del absurdo: Le mythe de Sisyphe (1942 – El mito de Sísifo). Los dioses, dice el autor, “habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”. Pero Camus contempla a su personaje no en la subida, sino en la bajada, antes de que vuelva a comenzar su tarea: lo que le hace vencedor es la conciencia de su condición, porque “no hay destino que no venza con el desprecio”. Sísifo se convierte en jefe de su propio destino: “enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas (…). El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso”.

No es mi intención juzgar la interpretación de Camus: pero el castigo que se convierte en felicidad mediante la negación de los dioses y por tanto de la propia culpa sería impensable para el hombre antiguo, que da voz, mediante este y otros mitos, a la vertiginosa posibilidad para el hombre de tener amistad con los dioses si acepta el propio límite.

Noticias relacionadas

El estado anímico del votante
España · Javier Folgado
A pesar de todas sus diferencias ideológicas, a María, Jesús, Daniel, Laura les preocupan más o menos las mismas cosas en su día a día....
2 julio 2021 | Me gusta 5
Un perdón real y verdadero genera memoria democrática
España · Francisco Medina
En este mundo en que vivimos, el espacio intermedio en el que cada uno de nosotros hace acto de presencia, inter-accionamos. Ejercemos nuestra posibilidad de actuar, fruto de una decisión nuestra, y podemos generar un mundo más humano… o no. Para bien o para mal, nuestras acciones pueden generar...
1 julio 2021 | Me gusta 5
Nacionalismo, Freud y principio de realidad
España · Ángel Satué
Ser español. Una identidad nacional que es premisa fundamental en mi persona. Verdadera. Compruebo que me corresponde. Como respirar y comer, como amar y soñar. ...
25 junio 2021 | Me gusta 3