El gran hotel Budapest

España · Víctor Alvarado
COMPARTIR ARTÍCULO Compartir artículo
| Me gusta 321
24 marzo 2014
El director de la película en cuestión es de esos que podíamos calificar como inclasificables, aunque las palabras ideales para definirlo serían surrealismo y personalidad. Su nombre es Wes y su apellido, Anderson. Este hombre de cine homenajea a Ernst Lubitsch y su obra El gato montés.

El director de la película en cuestión es de esos que podíamos calificar como inclasificables, aunque las palabras ideales para definirlo serían surrealismo y personalidad. Su nombre es Wes y su apellido, Anderson. Este hombre de cine homenajea a Ernst Lubitsch y su obra El gato montés.

La historia gira en torno a un hotel, situado en un país ficticio centroeuropeo de pasado imperial, que dirige el mujeriego M. Gustave, que contrata a un botones, Zero Moustafa, que se convierte en su fiel escudero y con el que vivirá una auténtica odisea.

El realizador estadounidense está muy valorado por la crítica. Sin embargo, a mí la única película que me ha interesado realmente, sin maravillarme, ha sido Moonrise Kingdom. El gran hotel Budapest, si se mira desde una óptica convencional, se quedaría con un aprobado, pero si se ve como una especie de cómic llevado a la gran pantalla se le podría subir un punto la nota, ya que visto de esa manera, tiene su gracia y la excelente banda sonora de Alexandre Desplat va en consonancia con el tipo de historia que se cuenta. El resultado es bastante original, muy en su estilo tan particular. No obstante, su montaje parece un tanto irregular porque brillantes escenas se combinan con otras de mal gusto, muy negras, simplonas y con fuertes dosis de humor fácil.

El mayor éxito de esta cinta es que ha contado con un reparto de campanillas con el que podíamos escribir un artículo de 500 palabras sin exagerar. Se trata de cameos que lógicamente no habrán sido recompensados económicamente. Y es que actores como Harvey Keitel, Tilda Swinton, Bill Murray o Edward Norton se pirran por salir en las películas de este cineasta que debe tener un magnetismo que desconocemos.

Toni Revolori y Saoirse Ronan representan a unos adolescentes que viven una bonita aventura amorosa. Ralph Fiennes es el actor en el que recae toda la carga de este cuento cinematográfico. La película permite reflexionar sobre el valor de la adopción, entendida como una paternidad postiza, pero sólida, de una persona sin descendencia, que acoge a un huérfano que necesita de su sabio consejo y que le acompaña en los momentos importantes de su vida. La relación que se establece es sincera y cargada de buenas intenciones.

Noticias relacionadas

Nacionalismo, Freud y principio de realidad
España · Ángel Satué
Ser español. Una identidad nacional que es premisa fundamental en mi persona. Verdadera. Compruebo que me corresponde. Como respirar y comer, como amar y soñar. ...
25 junio 2021 | Me gusta 0
La política y las identidades
España · F.H.
Es nefasto que la religión se convierta en política. Sabemos lo que eso significa en la India, en Pakistán, en Oriente Próximo y en algún rincón más del mundo. Es nefasto que la religión se convierta en política pero es casi tan nefasto o más que la política se convierta en religión. ...
26 mayo 2021 | Me gusta 4
El penúltimo escalón de la razón
España · F.H.
El niño que me pidió limosna me dio el bendito momento en el que te implicas, en el que el búnker de tu profesionalidad neutra se abre y te sale de la cabeza una pregunta: ¿qué será de él?...
21 mayo 2021 | Me gusta 7
La libertad más allá de los moralistas
España · F.H.
La pandemia, mira por dónde, ha vuelto a poner de moda la palabra libertad. En realidad para nosotros, la gente moderna, la palabra libertad siempre ha estado de moda, ha sido quizás la palabra esencial, la más importante, la que más nos ha hecho vibrar. ...
12 mayo 2021 | Me gusta 6