El fracaso de las primaveras

Mundo · Bernardo Cervellera
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23 mayo 2013
Las Primaveras representan de algún modo el éxito máximo de una visión quepodría definirse "ilustrada" de la concepción que maduró en Occidente acerca dela dignidad del hombre. Estas personas, en particular en Egipto y en Túnez, semovieron en nombre de la dignidad de la persona, impulsadas por el deseo decomer, gozar de mayor justicia, tener más voz en la sociedad, poder casarse,construir una sociedad juntos, cristianos y musulmanes. En cambio, Occidentetuvo miedo y se cerró, se interesó solamente a dos revoluciones: a las quetenían lugar en Libia y en Siria. Respecto a las demás, prevaleció eldesinterés. Mientras que Occidente sostenía que las Primaveras eran inútiles,las Iglesias locales decían lo contrario. 

Las revoluciones fueron movimientos internos de colaboración entre lasdistintas fuerzas, una gestación muy difícil en la que una sociedad sofocadapor la dictadura comenzó a abrir los ojos, mover las manos y los pies, parainiciar a construir un mundo un poco más libre. Esta lectura, guiada por lasminorías cristianas, me hace venir a la mente un verso de Thomas Eliot: «laIglesia es dura donde todos serían tolerantes, y es tolerante donde todosserían duros». La tentación es que se haga en Siria lo que se hizo en Libia,pero la Iglesia local frena, invita a prestar atención, a valorar lasperspectivas y la manera de garantizar las libertades. Existe este contrapuntoentre la opinión pública un poco superficial y la opinión de quien vive y sufreestas situaciones. Este es un hilo conductor importante, por el que dejarseguiar en la lectura de los fenómenos. Precisamente la Iglesia y los cristianosde estos lugares contribuyen a crear un diálogo con el mundo islámico, tratandode encontrar los caminos para la convivencia.

La primavera árabe también ha creado una situaciónnueva en Oriente. Inicialmente fue una construcción común entre cristianos ymusulmanes. La Primavera, privada de significado político en sentido estricto,no unió a los árabes en nombre de las luchas de reivindicación de los palestinoscontra Israel, o contra los norteamericanos, como sucedía en el pasado. Fue, encambio, el intento de construir una convivencia en la cual la pertenenciareligiosa tuviese un valor, fuese respetada, reconocida, pero en la que todosson iguales como ciudadanos: este era el proyecto.

La Primavera, sin embargo, también es el fracaso deOccidente que ha mostrado desinterés o, peor todavía, ha buscado sus intereseseconómicos y estratégicos. Fue evidente con la intervención francesa en Libia:de intervención humanitaria se transformó en el proyecto de eliminar a Gheddafiquien, aunque no fuese un santo, garantizó un desarrollo económico y unaconvivencia controlada entre las tribus. Eliminado Gheddafi, Libia estárecorriendo un camino muy arduo en el cual el componente fundamentalista creadificultades al Islam, en particular el Islam sufí, que en Libia es muy fuerte,destruyendo cementerios, mausoleos, monumentos y mezquitas. Lo pagan tambiénlos cristianos que viven en Libia. La mayoría son extranjeros que desde Egiptoy África se trasladan para trabajar, son misioneros y hermanas procedentes deFilipinas.

En cuanto a Siria, la Iglesia local ha puesto algúnque otro freno al deseo de eliminar a Assad, aunque no lo defienda, porquereconoce que bajo su gobierno los cristianos han gozado de una cierta libertad,si bien muy controlada. Assad, de hecho, ha mantenido bajo control elfundamentalismo de los Hermanos Musulmanes. Ahora, después de las primerassacudidas en nombre de la democracia y la libertad, Siria se ha convertido enun tablero de ajedrez en el cual todas las potencias internacionales concurreny en el que se ha creado una polarización entre Estados Unidos, Francia y GranBretaña contra Rusia e Irán por el control de Oriente Medio.

Irán aspira a controlar el mundo islámico al igual queArabia Saudita y Qatar y todos utilizan los peones sirios para llevar adelantesu propia guerra. Algunos analistas dicen que se está llevando a cabo una luchaentre los tres por la construcción de dos gaseoductos-oleoductos. Uno deberíallegar hasta Turquía partiendo de Qatar y de Arabia Saudita; el otro deberíaseguir una línea "chiita": Irán, Irak, Siria y llegar al Mediterráneo europeo.Es triste que ya nadie se interese por el pueblo sirio, las ciudades divididas entrelos rebeldes y el ejército, las colas por el pan y la gasolina, los prófugos…El temor es que Siria se convierta en una especie de Irak, en el que podríannacer pequeños estados confesionales con problemas de convivencia.

Cuando comenzaron las manifestaciones de la Primaveraárabe, en mi redacción estábamos asombrados de que estos jóvenes arriesgaran suvida por la libertad y nos preguntábamos si en Occidente alguien estaríadispuesto a arriesgar su vida por un gran ideal. La respuesta suscita un pocode temor, porque en Occidente arriesgar la vida por un ideal es algo outdated,pasado de moda.

Durante la visita a LíbanoBenedicto XVI ofreció en su discurso algunos puntos de reflexión sobre cómopuede ser la convivencia islamo-cristiana. Estos puntos de reflexión se puedenresumir en la convivencia pacífica entre las diversas comunidades religiosas,que elimine el fundamentalismo y en un Estado que promueva una laicidad abiertaa la religión, no un laicismo enemigo de todo credo. En este discurso se expresala misma visión que en el discurso de Ratisbona, tan criticado. Ese discurso,considerado por muchos un discurso contra el Islam y responsable de haberdestruido las relaciones con esta religión, en realidad era favorable aldiálogo con el Islam, sobre todo era un apremio a Occidente a que abriese larazón a comprender también la dimensión religiosa. Aquí está el fracaso deOccidente: en el hecho de reducir la razón al aspecto material, al matemático,a la economía mercantilista. Estos discursos del Papa en Líbano indican uncamino de transición que puede ser una ayuda para Oriente Medio, pero tambiénpara Occidente. Como sugirió el Papa, Líbano podría ser no sólo un modelo deconvivencia islamo-cristiana para Oriente Medio, sino también un modelo de vidapara la comunidad internacional.     
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