El extraño caso de Angélica

Cultura · Juan Orellana
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19 mayo 2011
El cineasta luso Manoel de Oliveira, a pesar de tener ya más de cien años, sigue haciendo cine con una facilidad pasmosa. Este asombroso mérito tiene como contrapartida que ya hace mucho dejó de interesarle complacer al público, y hace las películas que a él le apetecen, avalado por su prestigio como cineasta.

El extraño caso de Angélica es una historia pequeñita, propia de un cortometraje, de dudoso interés, convertida en un largometraje cadencioso y demasiado autocontemplativo. El argumento es como una versión pobre de las leyendas de Bécquer, y cuenta la historia de un fotógrafo bohemio que se enamora de una chica difunta a la que ha fotografiado en su lecho de muerte. Los planos comienzan mucho antes de lo necesario, y se cierran mucho después de que finalice la acción. Esta generosidad con los planos, unida a lo mínimo de la trama dan forzosamente un resultado tedioso y muy cansino.

Conversaciones enteras rodadas en un plano general tienen éxito cuando el diálogo alcanza notables cotas dramáticas, pero no es el caso. Ciertamente la fotografía es bella, y a menudo tiene un carácter casi documental, pero ello no basta para que funcione el film en su conjunto. Además la partitura de piano que acompaña todo el film no ayuda a dinamizar el resultado. Los actores están dirigidos muy al estilo Oliveira, que recuerda algo al maestro Bresson, y ello sí tiene algo hipnótico, aunque frustra ver la inane presencia de una actriz tan sugerente como nuestra Pilar López de Ayala.

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