Entrevista a Ninfa Watt

`El Evangelio es el mensaje más hermoso y lo contamos bastante mal`

Mundo · Enrique Chuvieco
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11 noviembre 2013
La profesora de la Pontificia de Salamanca imparte comunicación social a sacerdotes y seminaristas. Asegura que los medios de comunicación “sufren y, en ocasiones, multiplican y ahondan” la crisis de valores de nuestra sociedad, “aunque hay periodistas que se dejan la piel con auténtica responsabilidad social”. 

La profesora de la Pontificia de Salamanca imparte comunicación social a sacerdotes y seminaristas.

Asegura que los medios de comunicación “sufren y, en ocasiones, multiplican y ahondan” la crisis de valores de nuestra sociedad, “aunque hay periodistas que se dejan la piel con auténtica responsabilidad social”. Crisis de la que participan sus alumnos porque “se les ha hecho un flaco favor, en las familias y en el sistema educativo, al fomentar un ambiente sin cultura del esfuerzo”, cuyas carencias se plasman en que “les cuesta leer, pensar y esforzarse, porque nadie les ha puesto en situación de sacar lo mejor de sí mismos”.

Ninfa, ¿qué motivó que te decantarás por la enseñanza de Lengua y Literatura y, posteriormente, por Periodismo en la Universidad?

En mi amor por las letras tuvo un papel muy importante un excelente profesor de Literatura en un momento clave de mi vida, siendo adolescente, que me llevó a convertirme después en profesora. Mi entrada en el periodismo tuvo que ver con el descubrimiento de la influencia social de los medios de comunicación, de sus grandes posibilidades de humanización, y también de evangelización. Me pareció vital formar buenos periodistas, capaces de poner sus cualidades y su profesionalidad al servicio de la verdad, de la dignidad de los seres humanos y del bien de la sociedad.

¿En qué medida tú vocación religiosa teresiana te ha impulsado a la docencia?

En toda la medida posible. El carisma teresiano de Enrique de Ossó incluye precisamente el trabajar por el Reino, uniendo contemplación y acción, en el campo educativo. Él nos fundó para colaborar en la transformación de la sociedad por medio de la enseñanza, con el espíritu de santa Teresa de Jesús en la vida activa.

Tras dirigir diversas revistas y observar la realidad de los medios de comunicación en España, ¿qué opinas sobre la calidad en cuanto a la verdad de sus contenidos?

Los medios sufren la misma crisis de valores que el resto de la sociedad y, en ocasiones, la multiplica y la ahonda. No solo la verdad sufre, sino también la dignidad de las personas y el respeto a los derechos fundamentales. Sin embargo, hay periodistas que se dejan la piel con auténtica responsabilidad social. Ejercido así, el periodismo es imprescindible.

Impartes Deontología Periodística y Audiovisual en la Universidad Pontificia de Salamanca, ¿qué obstáculos te encuentras al enseñar a tus alumnos y cómo calificarías su interés por la materia?

Uno de los grandes obstáculos está en el pensamiento único o dominante que les penetra sin ellos saberlo. Tienen metido el relativismo hasta en la médula y no se les ha ayudado a madurar, a amueblar sus cabezas. Siendo chicos estupendos muchos de ellos, se les ha hecho un flaco favor, en las familias y en el sistema educativo, al fomentar un ambiente sin cultura del esfuerzo, haciéndoles creer que tienen todos los derechos sin deberes. A la mayor parte de ellos les cuesta leer, pensar y esforzarse, porque no se les ha enseñado ni exigido ni puesto en situación de sacar lo mejor de sí mismos.

Desde hace unos años, impartes el posgrado ´Experto en Comunicación Social para sacerdotes y seminaristas. ¿Para qué salen preparados?

Se trata de que los sacerdotes comuniquen más y mejor en su tarea pastoral, tanto presencialmente, por medio de la palabra y del lenguaje no verbal como a través de los medios. Desde locución hasta preparación de homilías, pasando por la radio, la TV, Internet o el cine. Todo lo que pueda suponer un diálogo entre la fe y la cultura, y todo lo que pueda ayudar a comunicar mejor el Evangelio. Algunos trabajan después en Delegaciones o portavocías; otros colaboran en medios y el resto lo aplica en su tarea pastoral cotidiana.

¿Crees que en obispados y parroquias se utilizan bien los medios de comunicación para difundan la Buena Nueva del Evangelio?

Está claro que, en general, no. Tenemos el mensaje más hermoso y lleno de sentido de la humanidad y, por lo que se ve, lo contamos bastante mal. Hay que mejorar muchas cosas; en primer lugar, formación para compartir bien algo que, por sí mismo, es muy valioso y merece ser transmitido con dignidad, en las mejores condiciones y con todos los medios a nuestro alcance.

Has sido jurado Signis de la Asociación Católica Mundial para la Comunicación en varios festivales de cine, ¿cómo se considera este premio entre los profesionales del sector?

Quienes comparten los valores de Signis aprecian mucho sus premios. Entre quienes no lo comparten hay diversas posturas, desde los que los desprecian olímpicamente hasta los que tienen hacia ellos un respeto creciente porque hay un público al que le interesa esos valores y pasa por taquilla.

Dime tres periodistas que hayan te hayan dejado huella y por qué?

Del pasado, José Luis Martín Descalzo es un referente, un modelo de periodista capaz de llegar a los lectores y espectadores de la forma más sencilla hasta en las cuestiones más profundas. Siempre ameno, ágil, humano, positivo, al pie de la actualidad con cargas de profundidad, con un fino sentido crítico que nunca hería porque está impregnado de ternura. Encuentro también, en mis recuerdos de infancia, a Josefina Carabias, una mujer a quien he llegado a admirar al conocer su trayectoria y su valentía de periodista, pionera en un mundo de hombres. En la actualidad, procuro seguir habitualmente a tres: la información religiosa que me proporciona José Luis Restán, garantía de rigor, profesionalidad y buen hacer, con la mejor información que puedo encontrar sobre la vida de la Iglesia; los finos análisis de la actualidad y de su tratamiento en los medios de Santiago González, siempre documentado, agudo, suavemente irónico, sin agresividad, con el peso que proporcionan la búsqueda de la verdad, la ponderación, la fidelidad a la realidad, a los hechos, y la valentía y la libertad en la opinión; y finalmente, las lecturas de prensa de Luis del Val, o sus apuntes, porque sabe ser incisivo sin perder nunca el sentido del humor, la finura, la humanidad, la comprensión de la realidad.

Apasionada del cine, enumera cinco películas que no dejarás nunca de recomendar.

¿Solo tres? La misión, Matar a un ruiseñor, El árbol de la vida, De dioses y hombres, My fair Lady… para empezar. Pero podríamos continuar…

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