El Estatuto del aborto

Cultura · Roberto de la Cruz
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22 mayo 2009
El PSOE reproduce con el aborto la estrategia que le permitió sacar adelante el Estatuto de Cataluña. Algunas voces críticas dentro del PSOE se dejan oír en los comienzos del trámite parlamentario. Vendrán más tarde los cambios oportunos para acallar las discrepancias internas y para acusar a la oposición de retrógrada habiendo ya modificado los asuntos por los que se alborotaban.

Se reconoce en el interior del Partido Socialista. Que la joven de 16 años no tenga que consultar a los padres antes de abortar no gusta, entre otros, a los presidentes de Extremadura y de Castilla La Mancha. Lo reconocía la propia Leire Pajín al presentar la campaña socialista para las elecciones europeas. Algunos aspectos pueden generar alguna duda, decía, porque puede que no se hayan explicado bien. Las claves del desarrollo de la norma ya las han adelantado tanto el secretario general del grupo socialista en el Congreso, Ramón Jáuregui, como el ministro de Fomento, José Blanco. Todo es posible y no se descartan matizaciones.

Cuando el Estatuto de Cataluña se aprobó en el Parlamento catalán no faltaron voces socialistas que transmitían el descontento. Rodríguez Ibarra salía de una reunión con Zapatero en octubre de 2005 seguro de que el texto se cambiaría y de que Cataluña no quedaría definida como nación. El entonces ministro de Defensa José Bono confiaba en la capacidad del presidente del Gobierno para no dejar pasar un texto inconstitucional. Algunos otros, como el ahora embajador en la Santa Sede Francisco Vázquez o el defensor del Pueblo Enrique Múgica, afirmaban que Cataluña no es una nación. ¿Qué fue de todo aquello? Una reunión entre Zapatero y el presidente de CiU arregló con una pirueta lingüística la aparición del controvertido término en el preámbulo.

¿Qué puede ahora depararnos la tramitación de la ley del aborto? Con toda seguridad, una nueva argucia textual hará que quede reflejado que sería conveniente que quien quiera abortar lo ponga en conocimiento de sus padres, a lo que se añadirá un apostillado: habrá de respetarse la voluntad de la muchacha. Quienes protestan ya no tendrán derecho a la queja. Aparecerá reflejado en la ley lo que había motivado su descontento.

Es la misma estrategia para llevar adelante dos de las leyes más polémicas del Gobierno Zapatero. Una maniobra en la primera legislatura para poner en graves dificultades la convivencia entre regiones. Otro ejercicio en la segunda legislatura que demuestra que lo humano no encuentra defensa en el actual Ejecutivo.

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