El escudo antimisiles, la osa y el lobezno

Mundo · Artur Mrowczynski-Van Allen
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25 septiembre 2009
Al principio de septiembre, el día 10, un grupo de intelectuales ucranianos (entre otros el ex presidente Leonid Kravchuk, el filosofo Myroslav Popovych o el escritor Yuriy Andrujovych) publicaron una carta abierta solicitando la convocatoria de la conferencia internacional en la que deberían participar representantes de los países (USA, Gran Bretaña, Francia y China) que 15 años atrás (1994) habían garantizado la seguridad de Ucrania. Esta iniciativa es la respuesta al anuncio de la administración rusa sobre los cambios que con toda la seguridad aprobará dentro de poco el Parlamento, la Duma, de la Federación Rusa.

Estos cambios se inscriben en realidad a una nueva variante de la "Doctrina Brezhniev" de 1968 y confirman el regreso del Kremlin a los planteamientos estratégicos de los tiempos de la Unión Sovietica. La "Doctrina Brezhniev" preveía la posibilidad de la intervención militar para defender el socialismo en cualquier país extranjero que considerase bajo su influencia (doctrina puesta en práctica durante la liquidación de la Primavera de Praga). Las nuevas propuestas para la actualización del decreto sobre la defensa de la Federación Rusa, "Doctrina Medviedev", entregan al presidente de Rusia el derecho de enviar a las tropas rusas al extranjero en caso de necesidad de defender a los ciudadanos de la Federación Rusa (doctrina aplicada, por anticipado, durante la invasión de Georgia del año pasado).

Es difícil prever cuándo el Kremlin va aprovechar esta nueva posibilidad de justificar su intervención militar fuera de las fronteras de la Federación Rusa. Lo que está claro es que el fracaso de su propaganda intentando justificar la agresión a Georgia aceleró el proceso de la articulación de un nuevo recurso político con un gran peso, teniendo en cuenta que en la mayoría de las antiguas repúblicas soviéticas viven minorías étnicas rusas u otras que con mucha facilidad pueden recibir el pasaporte ruso. En esta situación la preocupación de los ucranianos es más que justificada.

Pero si la propaganda rusa durante la guerra de Georgia ha fracasado, la acción militar como tal resultó ser un éxito. Aunque hayan obtenido sólo el mínimo de los objetivos marcados (el objetivo principal era derrocar al presidente Saakashvili) han podido establecer un nuevo status quo en la zona, avanzar con la táctica de la "guerra congelada", demostrando sobre todo que, de nuevo, son ellos los que controlan la situación. Y desde luego que la controlan, ya nadie tiene dudas al respecto. El Jefe del Estado Mayor ruso, el general Makarov, acaba de confirmar que seguirán con la instalación de los misiles "Iskander" en la región de Kaliningrado (la base militar más grande del mundo), en la frontera con Polonia. Al parecer estamos volviendo al juego de la época Shlesinger-Ograkov, cuando las declaraciones políticas servían sólo para dar cobertura a los movimientos estratégicos y tácticos que iban en la dirección exactamente contraria (aunque hay que estar atentos a las posibles "jugadas sorpresa" y los juegos de la desinformación, como puede ser  la información sobre la posible ubicación en Georgia de bases militares americanas y traslado de los prisioneros de Guantánamo a este país caucásico).

No obstante, la decisión de de la administración del presidente Obama de poner fin a las negociaciones sobre la instalación del escudo antimisiles en Polonia y en la Republica Checa supone un gran revés para la idea de la seguridad hasta hora promulgada por los antiguos países miembros del bloque  soviético. Pero quizás también por fin marcará el principio del fin de las ilusiones que mantenían vivo el engaño que hacia creer a muchos que Occidente se involucraría en la defensa activa de por ejemplo Estonia, Lituania, Polonia, Ucrania o Georgia. Y aunque la decisión de los americanos entrega otro argumento más para que el Kremlin siga adelante con la vuelta de la modernizada  "Doctrina Brezhniev", paradójicamente la situación puede resultar propicia para que los pueblos del centro y oriente de Europa empiecen a tratar de modo mucho más pragmático los retos que el desarrollo del nuevo imperialismo ruso les pone por delante. En este contexto, las recientes noticias sobre la iniciativa del centro de la industria militar polaco "Bumar" de ofrecer un programa de defensa aérea capaz de sustituir a  escala regional el ya fracasado proyecto americano pueden resultar ser unos indicios de que los parámetros de la política en el flanco oriental de Europa van cambiando. Está claro que a los intelectuales ucranianos preocupados por la seguridad de Ucrania no les entienden ni en Madrid ni en Roma, ni en Berlín (bueno, allí puede ser que sólo lo disimulan). Pero sí les deben entender en Vilnius, en Talin, en Budapest y por supuesto en Varsovia.

Hace unas semanas, en Tbilisi, un teniente coronel del ejército georgiano, para describir su opinión sobre la situación de la región, me contó una narración popular. En un bosque, los animales encontraron a un pequeño lobezno huérfano. Como todos los animales estaban ya muy civilizados se negaron a dejar al pobre lobezno solo. Después de  debatir un largo rato, tomaron una decisión. Acordaron confiar el lobezno al cuidado de una vieja osa. No pasó mucho tiempo, cuando en el bosque se oyó un estremecedor aullido de la osa. ¿Qué te pasa? -le preguntaron los animales del bosque. Pues estoy tremendamente triste -contestó la osa. El lobezno nos engañaba a todos. Al final, no me dejó otra opción… me obligó a comérmelo -concluyó con un teatral tono de abatimiento la osa. ¿Pero qué te ha hecho? -insistían intrigados los animales. La osa los miró tranquilamente y contesto: pues, movió una oreja.

Artur Mrowczynski-Van Allen, Centro Internacional para el Estudio del Oriente Cristiano. Granada

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