Big Society en España

´El encanto de la Big Society está en la implicación de los ciudadanos y del tejido social´

Mundo · Roberto de la Cruz
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11 noviembre 2010
Páginas Digital continúa recogiendo reacciones sobre la aplicación de la propuesta de Big Society del primer ministro del Reino Unido a España. Responde en esta ocasión José Ramón de Espínola, director del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (ICADE).

Desde las posiciones críticas a la propuesta de David Cameron se tacha de que la "Big Society" utiliza un simple eslogan. El discurso del premier británico del pasado 19 de julio contenía las ideas fundamentales de su proyecto. ¿Se trata de una actualización del thatcherismo? ¿Es ésta una reducción del proyecto de Cameron?

El discurso de David Cameron del 19 de julio suena bien, yo diría que es poesía frente a la dura prosa que practicó el thatcherismo en los ochenta; es un lenguaje distinto que no olvida la necesidad de actuación que favorezca una eficiente cohesión social, menos costosa. Ello es importante en el país del norte de Europa en el que se da mayor desigualdad en la distribución de la renta (una tasa de pobreza del 19%, según Eurostat, superior incluso a la media de la Unión Europea). Sin embargo, en política económica, como en otros órdenes de la vida, "por sus frutos los conoceréis". Si la poesía de Cameron es mera retórica o algo más, está por ver.

Uno de los pilares del proyecto Cameron es la descentralización. Él mismo señala que debemos pasar a un nivel "nano" de la sociedad, es decir, pasar de las comunidades a los barrios, de los barrios a los individuos. ¿Qué piensa de esta idea? ¿Mejora la gestión de los recursos cuanto más cerca está de quienes reciben los servicios?

La descentralización y la transparencia efectivamente son ejes del discurso de Cameron. Pero la descentralización es el corolario del principio de subsidiariedad, uno de los pilares de la filosofía económica de la Comunidad Europea, de la que recela Cameron. Lo que pueda hacer eficientemente la iniciativa privada (su creatividad y su dinamismo innovador) que no lo haga el sector público; y cuando ello no sea posible (en caso de fallo de mercado) que actúe el sector público, dando preferencia a los niveles administrativos más cercanos los ciudadanos (pues conocen mejor sus preferencias). El mensaje de Cameron trata de movilizar la energía y el dinamismo de los ciudadanos, las asociaciones de vecinos, las instituciones sin fines de lucro, el tejido social… El mensaje es bonito, pero no es fácil de realizar, y tal vez sea un tanto utópico. Sin duda sería deseable que ello fuera posible, que no se quedara en música que suena y luego sus notas se las lleva el viento. El lado débil del discurso de Cameron es el tercer eje de la big society, la financiación de su proyecto movilizador: cómo financiar el conjunto de actividades (y evaluar su eficiencia), actividades que en vez de administraciones públicas van a ser desarrolladas por comprometidos y movilizados agentes privados. La financiación de su proyecto no está clara y el proceso de sustitución de unos agentes por otros ofrece dudas de que no vaya en perjuicio de las prestaciones.

En España la experiencia de iniciativa social a través de educación concertada está en la línea de la propuesta de primer ministro británico. ¿En qué ámbitos la colaboración público-privada de servicios públicos podría ofrecer resultados positivos?

Con antecedentes remotos del siglo XIX, la experiencia de colaboración público-privado se inicia en el Reino Unido a finales de los años 70, como forma de afrontar inversiones necesarias (en infraestructuras de transportes, educativas y sociales) en un contexto de déficit público. Ello propicia un acercamiento de las administraciones públicas británicas hacia el sector privado. Lo que propone la big society de Cameron no es exactamente lo mismo, sino una variante de aquella experiencia: la movilización de los individuos, las asociaciones vecinales, el voluntariado, las instituciones privadas, etc., con vistas a la provisión de servicios públicos. La experiencia de colaboración público-privado, con Cameron o sin él, hay que tenerla muy en cuenta como uno de los métodos (aunque no el único) de hacer viables y eficientes económicamente servicios y prestaciones públicas. Pero para que funcione la colaboración público-privado es preciso que el lado público de la colaboración tenga un papel activo, no confunda lo público con lo privado y no renuncie a la búsqueda del interés general.

Podría resultar positiva en muchos ámbitos: servicios sociales, como por ejemplo, la atención a la dependencia, las residencias de la tercera edad, ciertos servicios sanitarios, educación, la formación profesional, los servicios culturales y deportivos, etc. Estos ámbitos se prestan a que la iniciativa privada aporte gestión eficiente y la pública vigile activamente el interés general. Es muy importante que haya mucha transparencia en estas relaciones público-privado, tal como reclama el mercado único europeo, entre otras cosas para que no haya corrupción ni deterioro del servicio.

¿Qué efectos económicos pueden derivarse de la propuesta de Cameron? ¿Cree que tendría buena acogida en España una formulación como la que ha realizado el premier británico? Uno de los efectos de la propuesta sería un gran adelgazamiento de la administración pública. ¿Lo cree necesario en nuestro país?

Si la propuesta de Cameron se limitara simplemente a reducir cuantitativamente el presupuesto público de lo social, estaría haciendo trampas. No es eso lo que predica su mensaje, sino la eficacia, la mejora de la calidad y la implicación del tejido social en la atención a las necesidades. No nos olvidemos de que el gran déficit público británico no deriva principalmente de las prestaciones del Estado de Bienestar sino de la crisis financiera e inmobiliaria que ha castigado duramente a la economía británica y que se ha reflejado en sus finanzas públicas. La creatividad privada no siempre es energía positiva; cuando consiste en ingeniería financiera al servicio del afán desmedido de lucro, y además no funcionan los controles públicos, pasa lo que pasa: una crisis colosal que, además de generar mucho paro, deteriora las finanzas públicas, comprometiendo seriamente la viabilidad financiera de las prestaciones del Estado de bienestar. El encanto de la big society no es el recorte cuantitativo de las prestaciones sociales, sino su mejora cualitativa y la implicación de los ciudadanos y del tejido social. De otro modo, el mensaje de Cameron sería algo tan inocuo como lo fue la tercera vía de Tony Blair. España no necesita un sector público menguante y en retirada, sino otro sector público, más delgado (pues está demasiado gordo), más ágil, más austero y más dinámico e innovador. Y no se olvide aquello de que "los experimentos, con gaseosa", por lo que pueda pasar.

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