El dolor de los niños y el pensamiento abierto

Sociedad · Massimo Borghesi
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19 septiembre 2022
El papa Francisco demostró una vez más en una entrevista televisiva el don que tiene para tocar el corazón de la gente al hablar del dolor y la muerte de niños inocentes.

Tanto en la forma como en el contenido, el pontífice se salta el principio de secularización, según el cual el cristianismo ya no puede ser interesante para el hombre de hoy. En esa entrevista, el Papa captó la sensibilidad de millones de telespectadores, millones de personas en gran parte distantes de la Iglesia y de la práctica cristiana.

Entre las cosas “relevantes” que dijo el Papa hubo una bastante insistente en él: la del misterio del dolor y la muerte de los niños “Para mí –decía– una pregunta a la que nunca logro responder y que a veces me escandaliza un poco es por qué sufren los niños. ¿Por qué sufren los niños? No encuentro explicación para esto. Yo tengo fe, intento amar a Dios, que es mi padre, pero me pregunto por qué sufren los niños. Y no hay respuesta. Él es fuerte, sí, omnipotente en el amor. Sin embargo, el odio y la destrucción están en manos de otro que por envidia va sembrando el mal por el mundo. Pero el Señor respeta hasta el final, acompaña siempre, respeta. Y dejó que su hijo muriera de esa manera, lo dejó ir. Es un ejemplo de cómo es Dios. No es cruel, es un misterio que tal vez no podemos entender, pero en la relación de Dios padre con su hijo podemos ver lo que hay en el corazón de Dios cuando pasan estas cosas. Dios es fuerte, es omnipotente en el amor. Con los errores siempre se abre paso en mí una curiosidad. No se habla con el mal. Dialogar con el mal es peligroso. Pero mucha gente va y trata de dialogar con el mal. Yo mismo me he encontrado en esa situación muchas veces. Pero me pregunto por qué es tan malo un diálogo con el mal. Jesús nunca dialogó con el demonio, ¡nunca! Cuando tuvo que responder en el desierto, le dio la respuesta de Dios. Tres situaciones en la Biblia, pero nunca le dejó entrar. O lo expulsa o le responde con la Biblia. Pero el diálogo con el mal no es bueno, y eso vale para todas las tentaciones. Cuando acecha esta tentación, ¿por qué sufren los niños?, solo encuentro un camino: sufrir con ellos. Mi gran maestro en esto ha sido Dostoievski”.

El dolor de los niños inocentes, evocado por Iván Karamazov en la novela de Dostoievski y por el doctor Rieux en La peste de Camus, otro de los autores preferidos de Bergoglio, no tiene respuesta. No solo en el plano de la razón sino también en el de la fe. La fe tampoco sabe responder por qué un pequeño inocente debe sufrir o morir. Una “ignorancia” que no admiten los católicos “rígidos”, que ya otras veces contestaron duramente al Papa sobre esto. Los católicos “rígidos” lo tienen claro: el pecado de Adán, al que siguen el dolor y la muerte como justo castigo. No hay nada enigmático en el dolor de un niño.

Los católicos “rígidos” también olvidan que Benedicto, al igual que Francisco, se hizo la misma pregunta frente al dolor inocente. En un programa emitido el 22 de abril de 2011, Benedicto XVI respondía a la pregunta de una niña japonesa de siete años. “Querida Elena, te saludo de corazón. Yo también me pregunto lo mismo: ¿por qué es así? ¿Por qué vosotros tenéis que sufrir tanto mientras otros viven cómodamente? No tenemos respuesta, pero sabemos que Jesús sufrió como vosotros, siendo inocente, que el Dios verdadero que se muestra en Jesús está de vuestro lado. Esto me parece muy importante, aunque no tengamos respuesta, cuando nos invade la tristeza: Dios está de vuestro lado. Tened la seguridad de que os ayudará y algún día también podremos entender por qué era así”.

El Papa teólogo tampoco tenía respuestas para esto, por la sencilla razón de que no existen. Pretender que exista una respuesta que pueda formularse conceptualmente como resolución a este misterio marca la diferencia entre el dogmatismo y el “pensamiento abierto”. La fe es fe porque no cierra el misterio sino que se abre a él. Confía en Cristo, se fía de Él, aunque muchas cosas queden envueltas por la niebla. Como decía Francisco respondiendo a una niña durante su visita del 15 de diciembre al hospital pediátrico del Niño Jesús en Roma: «Valentina, tu pregunta sobre los niños que sufren es grande y difícil. No tengo respuesta, creo que es bueno que esta pregunta quede abierta. Ni siquiera Jesús respondió con palabras. Ante ciertos casos con los que se encontró entonces de inocentes que sufrían en circunstancias trágicas, Jesús no dio un sermón ni un discurso teórico. Sin duda, lo podía hacer, pero Él no lo hizo. Viviendo en medio de nosotros, no nos explicó por qué se sufre. Sin embargo, Jesús nos mostró el camino para dar sentido incluso a esta experiencia humana. No explicó por qué se sufre, pero soportando el sufrimiento con amor nos mostró por quién se sufre. No por qué, sino por quién”.

Algunas preguntas quedan abiertas. La fe ayuda a vivir dentro de la pregunta, a no cerrarla. El pensamiento “rígido”, que el Papa ha calificado como una gran tentación dentro de la Iglesia, busca ideas cartesianas, claras y distinguidas, certezas graníticas. No quiere esperar, quiere demostrar. De ahí la pretensión de tener en su mano la clave, de poseer un punto de vista superior, de tener el anestésico para el dolor del mundo.

L’Osservatore Romano

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