El día después de votar

Mundo · Horacio Morel, Buenos Aires
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19 julio 2011
La celebración de las elecciones locales en Buenos Aires arrojaron un previsible triunfo de la oposición (oficialista en la ciudad), cuya proyección nacional a la gran elección presidencial de octubre aún está en duda.

Básicamente porque el ganador, el PRO de Macri, no lleva ningún candidato al máximo cargo ni tampoco definió su apoyo -y tal vez nunca lo haga- a alguno de los pocos que quedaron tras las extendidas deserciones, entre ellas la del propio Macri.

Fue la reedición de la contienda electoral de hace cuatro años, cuando en 2007 también Macri y el candidato de los Kirchner, Daniel Filmus, sacaron casi la misma cantidad de votos para volver a batirse en segunda vuelta, como ahora. Segunda vuelta que no tendrá sorpresas: Filmus necesita hacerse prácticamente con todos los votos que no favorecieron ni a uno ni a otro para poder derrotar a Macri, quien de ese modo se dirige sin sobresaltos a retener el bastión porteño. Afianzado su poder en Buenos Aires, esta magnífica urbe de casi tres millones de habitantes (y casi trece si se le suma el cordón industrial del Gran Buenos Aires aunque esté afuera de sus límite políticos), capital de la cultura de América del Sur, tendrá cuatro años más de gobierno para demostrar cabalmente que es capaz de administrar con eficacia y fundar sus aspiraciones presidenciales, por ahora postergadas.

El día posterior a la elección llovieron sobre el pueblo porteño las críticas tanto de funcionarios de gobierno como el ministro Aníbal Fernández, como de hombres de la cultura como el famoso y popular músico de rock Fito Páez, que no ahorraron epítetos de grueso calibre para descalificar a los votantes. Un desliz nada democrático, por cierto.

Es que el kirchnerismo ha cargado a la política de un denso ideologismo que cansa a mucha gente, que desea que los políticos administren honestamente los recursos comunes antes de que se prolonguen en discursos y arengas. El estilo de Macri está decididamente en esa línea y por eso cosecha adhesiones no sólo de liberales de derecha como él, sino también de muchos otros que advierten que el "progresismo" oficialista tiene lugar sólo en el mundo de las palabras pero no en el de los hechos.

Argentina es un país rico, generoso como pocos en recursos, pero la mitad de los argentinos es pobre, y lo seguirá siendo si se profundiza el modelo populista, como pretenden los ideólogos del gobierno nacional.

Es cierto que el kirchnerismo tiene aún una gran capacidad movilizadora que logra dar apoyo desde las calles al efectivo trabajo que hace desde los medios de comunicación que controla. Capacidad que se explica no sólo con la enorme disponibilidad de recursos con que cuenta el oficialismo, como simplifican algunos observadores un tanto inocentes.

Es que los Kirchner han sabido entrever que el pueblo no vive sin pan, pero tampoco sin ideales, y han montado un altar a la ideología basado en una mágica nostalgia por la que los violentos de la década del '70 son carmelitas descalzas modelos de santidad laica. Y, en particular para los jóvenes, ello conforma una mística cautivadora, aunque al final los deje vacíos. Eso fue lo que se vio durante el funeral de Néstor Kirchner, y es el aura que rodea a la figura de Cristina. No es casual que ella misma haya reservado un amplísimo espacio en las listas de candidatos a todo nivel nacional para "La Cámpora", la agrupación juvenil fundada y conducida por su hijo Máximo, para enojo de los restos de peronismo que aún se mantienen al lado de la presidente, entre ellos los popes sindicales de la C.G.T. (Confederación General del Trabajo).

La elección ganada provisoriamente por Macri la semana pasada evidenció una gran polarización, comprobado ello por los casi insignificantes porcentajes obtenidos por los otros candidatos, principalmente Pino Solanas.

¿Será igual en octubre? ¿Quién polarizará la elección con Cristina?

Hasta aquí la oposición ha sido casi toda ruptura, desencuentro y deserción. Se bajaron de sus candidaturas Macri, Solanas y Das Neves.

Duhalde abandonó la interna del peronismo federal en la que competía con Rodríguez Saa, buscando convencer sin éxito a Macri para que no abandonara el escenario nacional, y ahora comparte fórmula con Das Neves con un sello partidario protoperonista. El radical Alfonsín sigue adelante, aliado con el peronista De Narváez, el gran ganador de las últimas elecciones legislativas en el principal distrito electoral (la provincia de Buenos Aires, donde tradicionalmente se deciden los comicios).

Hasta hace pocos días, verdadero o falso pero sostenido en casi todas las encuestas, el clima indicaba que Cristina ganará en primera vuelta. Pero el "efecto Macri", fundamentalmente dos frentes judiciales, puede llenar de nubarrones el pronóstico oficial.

A principios de junio se destapó un enorme desfalco en la Fundación Madres de Plaza de Mayo, la emblemática organización defensora de los derechos humanos encabezada por Hebe de Bonafini, aliada ideológica del gobierno, protegida de Cristina, y favorecida por todo el establishment oficial con ingentes recursos económicos, al punto de convertirse en la tercera empresa constructora del país (¿?), dedicada a la edificación de viviendas populares. Como un castillo de naipes, todo se derrumbó en pocos días cuando se supo que con esos recursos varios integrantes de la fundación viven en la riqueza más obscena (yates, aviones, mansiones, Porsches, Ferraris, viajes y otras excentricidades), mientras deben millones de impuestos y contribuciones a la seguridad social y dejan sin trabajo a miles de obreros contratados para la construcción de esas viviendas sociales. Será difícil probar que Bonafini y "las madres" eran ajenas o que desconocían todo esto como lo intenta hacer su principal financiador, el gobierno nacional, cuando la propia hija de la titular de la fundación aparece implicada en operaciones inmobiliarias que están bajo la lupa de la justicia.

El otro asunto, que también revela el grosero manoseo de la noble causa de los derechos humanos, es el de los hijos adoptivos de la dueña de Clarín, el principal grupo periodístico nacional. Se trata de una vieja causa judicial, iniciada en la década del 90 en tiempos de Menem, por la que se le imputara a Ernestina Noble de Herrera haberse apropiado de dos hijos de desaparecidos. La causa avanzó lenta y erráticamente por los sinuosos caminos de la justicia argentina, hasta que Néstor Kirchner la hizo suya, decidido a probar por cualquier medio que los hijos de Noble, Marcela y Felipe fueron apropiados ilegítimamente por la familia Noble-Herrera en connivencia con represores de la última dictadura militar.

El fallecido Néstor K. usó deliberada e inescrupulosamente esta causa judicial, involucrando en su estrategia a otra entidad emblemática como las "Abuelas de Plaza de Mayo" -que viene haciendo un impresionante trabajo por la recuperación de la identidad de muchos jóvenes que desconocían hasta ahora su verdadero origen familiar-, para centrar su lucha por el poder contra Clarín, a quien identificaba como la raíz de todos sus males. Pues bien, luego de años de demora se llevaron los análisis de ADN de Marcela y Felipe Herrera Noble, siendo comparados -primero- con los de dos familias de desaparecidos sindicadas como las probablemente "de sangre", y -luego- con otras más de cien familias registradas en el banco genético, todas ellas con familiares desaparecidos entre 1976 y 1977. Los resultados arrojaron negativo, y con ello el gobierno ha quedado al descubierto.

En materia de proyecciones electorales, por ahora es más lo que ha hecho en su contra el propio kirchnerismo -que hasta hace pocos días marchaba triunfal hacia su tercer período-, que lo que ha sabido hacer la oposición, aún muy fragmentada y carente del protagonismo necesario para disputar el poder. Sólo un pacto explícito más que tácito entre Duhalde y Alfonsín pareciera ser la receta que logre polarizar la elección nacional como ha ocurrido en la Ciudad de Buenos Aires.

Contra ello, y contra la posibilidad de encaminarnos decididamente hacia la construcción de un gran país, conspira el acendrado individualismo argentino, disfrazado en materia política de "personalismo".

Once fenómenos no forman un equipo.

El mundo entero está invadido de talento individual argentino, pero somos incapaces de construir en conjunto, en armonía y en paz, como otra vez y lamentablemente nos lo testimonia en estos días el fútbol con una nueva eliminación (y van…).

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