Editorial

El deseo que te aleja del precipicio

España · PaginasDigital
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31 marzo 2012
Españaha vivido una semana de vértigo. El resultado de las elecciones andaluzasrefleja un amplio rechazo social a la política de reformas emprendidas por elGobierno. La huelga general tuvo un seguimiento muy reducido, en torno al 20por ciento, pero el apoyo político que recibió de la oposición y las masivasmanifestaciones sindicales han dejado constancia de una intensa polarización.Las escenas de violencia urbana de grupos antisistema que provocaron enBarcelona daños materiales por valor de 500.000 euros sacan a la luz unnihilismo que utiliza formas de expresión muy cercanas al terrorismo. No escasualidad que aparezcan estos fenómenos allí donde se oculta un gran fracasoeducativo bajo el manto de una falsa tolerancia.

Todoesto ha sucedido mientras el país vuelve a bordear el precipicio, mientras laprima de riesgo se mantiene muy alta y mientras se ha hablado, otra vez, de unaposible intervención. Bruselas y Alemania exigen más recortes y más reformas. Ypara responder el Gobierno ha aprobado el presupuesto más austero de lahistoria de la democracia, ajuste profundísimo que va a cambiar muchas cosas. Yaun así las instituciones europeas no están tranquilas. Algunos expertosseñalan que no hay que ajustar 27.000 millones, como se ha hecho, sino 50.000.El Gobierno va por el buen camino aunque debería apretar el paso de los cambiosy, sobre todo, explicar y hacer entender que no hay alternativas. La políticano es solo gestión, como suele pensar la derecha.

Españase encuentra probablemente ante la situación histórica más comprometida que havivido desde la vuelta a la democracia. Y su punto más débil no es ladisparatada deuda privada, la falta de un modelo competitivo y energético claroo la obsoleta regulación de las relaciones laborales. Todas esas cuestiones songraves. Pero el punto más débil es la ideologización que sufre la sociedad. Noes la vieja ideología fuerte de hace años, de la que quedan algunos restos, sinoesa otra fofa de comienzos del siglo XXI. Una especie desencanto que se haconvertido en cinismo y que se aferra a los viejos esquemas. Eso es lo queimpide el encuentro de hombre a hombre, eso es lo que provoca que en lasrelaciones comerciales, empresariales o incluso familiares domine ladesconfianza. Cuando es evidente, por ejemplo, que el Estado del Bienestar esinsostenible parece muy difícil un diálogo sereno sobre qué podemos hacer. Losliberales reclaman más mercado y los socialistas que no haya menos Estado. Yahí parece acabarse todo.

"Hayque elegir entre dos posturas -decía hace tiempo Luigi Giussani-, o seconstruye a partir del compromiso en el presente, para encontrar lo que permitela satisfacción del deseo o bien se parte de una concepción preestablecida y deun programa ideológico". Esa es la alternativa en la que se encuentra España. Yen otras épocas se tomó el camino correcto. Se hizo cuando se firmaron losPactos de la Moncloa. Se hizo cuando a finales de los años 50, con una buenapolítica, banqueros, industriales, agricultores, cientos de pequeñosempresarios y trabajadores consiguieron la modernización de nuestra economía.Por el deseo de prosperidad, de bien del pueblo.

Ladinámica del deseo, a diferencia de la dinámica ideológica, permite reconocerlos factores de cambio que ya hay presentes en España, que son muchos. Algunosejemplos. El descenso de la conflictividad laboral que refleja el INE puede serindicativo de un aumento de la corresponsabilidad en el seno de las empresas. Yese es un gran valor. Como también es otro valor de gran trascendenciaeconómica, que no se suele tener en cuenta por prejuicios, la solidaridad primariaen el ámbito de la familia que mantiene la paz social con altísimas tasas dedesempleo. O la energía social que ha generado obras de caridad y ha construidoun sistema del Bienestar, desde abajo, para prestar servicios en el ámbitosanitario y educativo. No puede despreciarse agitando el miedo a lasprivatizaciones. La lista es larga y conviene repasarla con detalle.

Enesta gran tarea que supone levantar, de nuevo, el país los cristianos ofrecemosnuestra aportación en la medida en la que somos fieles a nuestra experiencia.El cristianismo cuando se hace presente en la sociedad según su verdadera naturalezano defiende una ideología, aunque sea buena. Educa, potencia, conduce el deseohacia su objetivo. Desde que el cristianismo surgió hace 2.000 años en Palestinase ha caracterizado por educar en la gratuidad, factor decisivo del desarrollo;por enseñar una apertura a la realidad infatigable sin la que es muy difícilconstruir una sociedad sostenible; por fomentar la conciencia de que el otro,aunque piense diferente, es esencial para la vida de cualquiera. 

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