Meeting Rimini

El camino de la utopía a la periferia es un camino de curación

España · José María Gutiérrez Montero
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25 agosto 2014
El programa cultural del Meeting de Rímini continúa dejándonos un plato fuerte. En esta ocasión, con el acto de presentación del lema “Hacia las periferias del mundo y de la existencia. El destino no ha dejado solo al hombre”, podemos entender mejor por qué nos encontramos ante una edición especial, histórica. Por primera vez, este acto es llevado a cabo por una persona no católica, el cristiano ortodoxo Alexandr Filonenko, profesor universitario ucraniano, cuya historia nos hace descubrir de nuevo lo que creíamos ya saber.

El programa cultural del Meeting de Rímini continúa dejándonos un plato fuerte. En esta ocasión, con el acto de presentación del lema “Hacia las periferias del mundo y de la existencia. El destino no ha dejado solo al hombre”, podemos entender mejor por qué nos encontramos ante una edición especial, histórica. Por primera vez, este acto es llevado a cabo por una persona no católica, el cristiano ortodoxo Alexandr Filonenko, profesor universitario ucraniano, cuya historia nos hace descubrir de nuevo lo que creíamos ya saber.

Las preguntas, ¿Qué es la periferia? y ¿Quién es el protagonista de esta periferia? Han servido como eje argumental de una intervención cargada de imágenes. En primer lugar, – y en esto coincide con el mensaje enviado al Meeting por el presidente de la República -, la periferia no es un lugar geográfico, sino que son lugares que forman parte de nuestra vida cotidiana. Europa también es una periferia.

Quizá los ucranianos, tras los últimos acontecimientos vividos lo entiendan. Quienes se veían en el centro, en corazón del gran imperio, se han descubierto “descentrados”. En este sentido, históricamente, “la I Guerra Mundial nos ha convertido a todos en habitantes de la periferia”. Pero sorpresivamente, se han descubierto también en el lugar de un imprevisto, de un encuentro, que no habían descubierto con tal intensidad anteriormente, aún en el centro del gran imperio, sino en las ruinas.

Recuerda Filonenko una ocasión en la que Ucrania era considerada como “Utopía”. En cambio, el camino de la utopía a la periferia es un camino de curación. Los ucranianos han descubierto debajo de los escombros una vida nueva y sorprendente, una alegría nueva, en la circunstancia dolorosa que atraviesan. Con la revolución de la dignidad, los ucranianos han descubierto unos valores que parecían dormidos. El descubrimiento de los valores europeos y de su fuente cristiana se ha convertido en el testimonio que hoy Ucrania dirige al mundo entero, en un nuevo inicio. Y los ucranianos se han descubierto sin miedo, ha sido el primer fruto de Maidán.

¿Y quién es el protagonista de la periferia? Aquí rompe los esquemas el hecho de que lo que parecía sabido, aparece con una frescura nueva. El protagonista de las periferias es el hombre vulnerable. Frente a nuestra idea del activista, o del fuerte, Filonenko pone delante de todos al hombre que mendiga, da gracias, canta, testimonia, juzga, es compasivo y celebra. El hombre corriente, que ante todo es frágil, porque halla su fuerza en Cristo. La imagen de Filonenko es aquella de Giussani: “El verdadero protagonista de la historia es el mendigo”, o aquella otra de San Pablo, “Nos glorificamos en la tribulación”. Esto no es posible por una mera resignación, sino por una paciencia atravesada de esperanza. Por un encuentro vivo en plena periferia, donde se verifica que el destino no ha dejado solo al hombre.

En definitiva, en las periferias en las que nos encontramos, ¿Es posible que estemos ante un tercer inicio de Europa? En tiempos recientes, hubo un primer inicio con la caída del nazismo. Posteriormente, la caída del comunismo supuso un segundo inicio. Sin embargo, en la situación en la que nos encontramos, podemos afirmar que no basta con decir adiós a viejos esquemas, sino más bien buscar un origen positivo. Es necesario un sujeto nuevo, en pie delante de su necesidad.

Un protagonista que es vulnerable, que es capaz de un juicio maduro en cualquier circunstancia, que canta, desafiando con la belleza del canto el vacío de los simples discursos, un hombre traspasado por un encuentro, plenamente vivido porque genera una cultura. Un protagonista que mendiga, y que por tanto, concibe la vida como don, como pura caridad. Un factor de paz, la paz verdadera que no es el resultado de compromisos, sino, como decía Hannah Arendt, de escuchar la voz que hay detrás de las máscaras.

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