El camino a las elecciones en Venezuela puede pasar por Argentina

Mundo · Arturo Illia
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21 enero 2020
Los últimos acontecimientos en Venezuela han resonado en toda América Latina, generando una profunda incertidumbre frente al futuro de todo el conteniente. El retorno de Guaidó a la presidencia ad interim de la Asamblea Nacional después de la farsa interpretada por Maduro para intentar apropiarse de una institución donde sigue siendo minoría le ha reforzado, dejando en ridículo al dictador que, aunque sigue gozando del apoyo de gran parte de las fuerzas armadas, empieza a mostrar profundas grietas a nivel institucional y político.

Los últimos acontecimientos en Venezuela han resonado en toda América Latina, generando una profunda incertidumbre frente al futuro de todo el conteniente. El retorno de Guaidó a la presidencia ad interim de la Asamblea Nacional después de la farsa interpretada por Maduro para intentar apropiarse de una institución donde sigue siendo minoría le ha reforzado, dejando en ridículo al dictador que, aunque sigue gozando del apoyo de gran parte de las fuerzas armadas, empieza a mostrar profundas grietas a nivel institucional y político. Es evidente que un régimen como el de Caracas solo puede mantenerse con vida mediante la fuerza, elemento que últimamente ha disuadido a la población de manifestarse intensamente como hacía no hace tanto tiempo. Pero esa fuerza se mantiene porque un cambio eventual en los vértices del poder significaría para los militares que le apoyan la pérdida de jugosas comisiones tanto en el control del estado como en el narcotráfico, que sigue representando un poder oculto, aunque no demasiado.

¿Qué cambio podría permitir a Venezuela volver a la democracia? Es una pregunta muy difícil de responder porque los intereses económicos mantienen la solidez de la dictadura, ¿pero hasta cuándo? Porque en efecto, después de este paso, una economía ya destruida en todos los sentidos, con una inflación tan fuerte que hace que resulte aleatorio difundir las cifras, precipitaría al país en un caos total… y con ello en un bonito problema para una Rusia que, aun exprimiendo las riquezas venezolanas hasta la última gota, nunca podría sostener una normalización (ni siquiera tiene todos los medios para provocarla), debido al efecto del embargo internacional que todavía sufre Venezuela.

Entonces volvería a hacerse necesario una negociación para gestionar los cambios de poder precisos, movimientos que podrían partir de México, Uruguay y Argentina, países no alineados en el embargo, también político, impuesto por las condenas no solo de la ONU sino también de la OEA (Organización de Estados Americanos), confirmadas recientemente por el golpe fallido de Maduro. Especialmente Argentina, después del retorno del peronismo kirchnerista al poder (con medidas económicas que hacen palidecer frente a las del anterior gobierno de Macri y que han golpeado duramente a la clase media y a todo el sector productivo del país), necesita urgentemente a EE.UU para resolver al menos la reestructuración de su deuda con el FMI. Para obtener ese apoyo, debe inventarse algo, así que ahí está la propuesta (ya no tan velada) de encargarse de una intermediación que pueda llevar al tan esperado cambio democrático venezolano.

Aunque Alberto Fernández, el flamante presidente argentino, condenó los hechos de los últimos días, se abstuvo de confirmar la postura de la OEA y, como guinda del pastel, depuso a la embajadora de Buenos Aires que Macri en cambio había reconocido, Elisa Trotta, nombrada por Guaidó. Una política ambigua, por tanto, pero también un pasaporte para poder dialogar con Maduro sobre un eventual retiro a Santo Domingo (donde posee una propiedad fabulosa) y convencer a los líderes militares que lo rodean con una carta de amnistía general. Provocando así un recambio que con el tiempo pueda llegar a las tan ansiadas elecciones.

Claro que existen obstáculos en este sentido, pero actualmente (también por el agotamiento del arco de “embajadores” de la causa) no parece haber alternativas, pues el tablero mundial está bastante complicado por la cuestión Irán-EE.UU y tanto a los estadounidenses como a los rusos les interesa no complicar demasiado las cosas y tratar de resolver la cuestión política venezolana en el menor tiempo posible, antes de que estalle una emergencia económica con conclusiones muy difíciles de prever.

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