El cambio climático en Cataluña

España · Francisco Pou
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29 mayo 2014
Esta semana, en una reunión de banqueros ante la reunión del cambio climático, el Príncipe Carlos de Inglaterra advertía de que “debemos transformar el capitalismo para salvar el planeta”. No sé cómo va la transformación del capitalismo por parte del heredero de la Corona Británica (el mayor terrateniente del mundo), aunque me “pega” más, con “Podemos”, con Pablo Iglesias que con el preocupado Carlos hablando del CO2.

Esta semana, en una reunión de banqueros ante la reunión del cambio climático, el Príncipe Carlos de Inglaterra advertía de que “debemos transformar el capitalismo para salvar el planeta”. No sé cómo va la transformación del capitalismo por parte del heredero de la Corona Británica (el mayor terrateniente del mundo), aunque me “pega” más, con “Podemos”, con Pablo Iglesias que con el preocupado Carlos hablando del CO2.

El clima sí cambia en Cataluña. El capitalismo también. Se ha escrito que las europeas suponen el fin del bipartidismo, que en Cataluña era un trío: izquierda, derecha y nacionalistas. Y que el bipartidismo era “malo”.

El bipartidismo es el sistema fáctico en Estados Unidos, donde no ha habido problemas de gobernabilidad desde el primer gobierno de la unión. El bipartidismo funcionó un tiempo en la España de Maura y en monarquías como la británica: hay una tendencia a buscar consensos entre dos grandes bloques de conservadores y progresistas, izquierda y derecha, socialistas y liberales, comunistas y resto-del-mundo. Lo malo es que ninguno de estos polos tiene hoy atractivo suficiente. ¿Vamos al “modelo italiano”?

Se acabó el dominio de CiU en Cataluña. Se acabó, prácticamente, el del PSC del “socialismo-nacionalista”, un oxímoron al descubierto. Pero, sobre todo, se acabó el debate político, a no ser que se polarice en “la” opción “independentismo sí, independencia no”. La gente fue a votar Cataluña a las europeas. Y sólo se habla de independentismo o españolismo ahora en TV3.

Pero hablábamos de cambio climático. Fuego de los “antisistema”. El director de los Mossos, Manel Prat, dimite. Lo hace no sólo tras una polémica en los juzgados sobre el uso de las bolas de goma en manifestaciones, sino tras tres días de desórdenes en el barrio barcelonés de Sans en los que han quemado coches, una unidad móvil de TV3 y los indispensables contenedores de basura, ante la impotencia policial recibiendo cócteles molotov. Es entonces que dimite el director de la Policía autonómica.

Porque, acordémonos, los “antisistema” tenían algo de violencia “guay” para muchos columnistas y opinadores que vieron cómo el asalto al Parlament “no fue para tanto”, o la toma de la Plaza de Cataluña, algo gracioso y “trendy” de lo que escribir sobre el nuevo planeta que con el incienso-marihuano se intuía ya en ese urbano poblado libertario.

Para CiU, que gobierna ahora en “minoría europea” frente a su socio de ERC, violentar la norma también es “guay”. Es “guay” saltarse la Constitución para votar una nueva patria. Pero es más “guay” hacerlo desde Esquerra Republicana, que hace más saltos (de corona, de patria, de corrupción de catalanes de los-de-toda-la-vida). Más joven, aunque venga del Republicanismo del XIX.

Por eso, si al Príncipe Carlos le preocupa el recalentamiento, calculemos la preocupación del Rey español. Y la del Estado de Derecho. Hay esperanza de cambio construido, de volver a empezar juntos en paz. Cuando deje ser “guay” en Cataluña ignorar la ley, tanto para quemar coches como para lanzar urnas o segregar un territorio de todos los españoles y sobre el que prima la ley en vigor en Europa. Lo que votábamos el domingo pasado, aunque fuese menos “guay”.

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