Editorial

El buen retorno

España · PaginasDigital
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3 octubre 2013
Ha quedado como una convención. Los veranos son cada vez más cortos. La situación económica ha reducido o suprimido aquellas vacaciones en las que se volvía a casa tras un largo período de ausencia y los muebles, las paredes y los espacios habituales se le antojaban a uno extraños. Las nuevas tecnologías te llevan la última noticia hasta el último rincón. Así que es difícil hablar de una auténtica reentrée. Si bien algo de pausa estival ha habido en el hemisferio norte y es inevitable volver a mirar los retos que el inminente otoño nos pone por delante.

Los últimos datos de desempleo reflejan que la crisis está muy lejos de haber sido superada en Europa y Estados Unidos. El Tío Sam tiene el paro por encima del 8 por ciento. El presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke ha advertido de un estancamiento del mercado laboral. La cuestión está ya muy presente en la campaña a las presidenciales que va a dominar la actualidad de las próximas semanas. Obama termina su primer mandato agotado como político y como proyecto. Busca la confrontación apoyándose solo en propuestas radicales como el matrimonio homosexual. Su política económica ha tenido aciertos, uno de ellos es la inyección de liquidez monetaria, pero no ha sabido marcar un rumbo claro para conseguir una recuperación sólida. El agotamiento político parece afectar también a los republicanos. El candidato a la vicepresidencia Paul Ryan, que es el que tiene en la cabeza estas cosas, ha propuesto bajadas de impuestos y menos sector público para solucionar la situación. No es muy original.

Al otro lado del Atlántico, el Viejo Continente mantiene la tasa de paro por encima del 11 por ciento. La única cita relevante en el horizonte es el Ecofín informal que se celebrará el 14 de septiembre en Nicosia. Debe entonces dársele el visto bueno a la compra de deuda por parte del Fondo Europeo de Estabilidad. La decisión aliviaría la situación insostenible de España e Italia pero hace falta superar las resistencias del Bundesbank. Es un respiro necesario pero temporal. La Unión Europea está dando síntomas evidentes de agotamiento en la construcción del proyecto común. La fatiga política en España e Italia se muestra de modo diferente. En España un Gobierno con mayoría absoluta no consigue liderar moralmente el cambio necesario. Y en Italia, los viejos partidos son incapaces de ofrecer una alternativa a la "solución técnica" de Monti. Como asegura Borghesi, "después del 89 y la euforia de un liberalismo en el mercado que se consideró la panacea universal, la idea del "fin de la historia" ha producido una esterilidad ideal y conceptual sin precedentes" (La sfida del cambiamento, 2012).

Quizás la "esterilidad ideal" en política no sea sino el reflejo de una esterilidad ideal en lo social y en lo personal que se manifiesta en el modo de percibir la realidad. La reentrée la acentúa. Al menos eso es lo que confesaba hace unos días la política catalana de izquierdas Pilar Rahola. En un artículo en La Vanguardia aseguraba que "el retorno de cualquiera que haya gozado de vacaciones tiene un regusto a déjà vu, a insufrible flashback que nos retrotrae una y otra vez a la deplorable realidad que nos atenaza y que ahoga a muchos". Rahola confesaba haberse pasado el verano leyendo De la brevedad de la vida de Séneca y proponía al estoico romano como modelo para una vida buena.

¿Nos queda algo más que una "sabia resignación" para hacer frente a la realidad que nos ahoga? Es la pregunta más decisiva. Porque de lo que se trata, también en economía, es de un uso de la razón que sea capaz de percibir en la realidad algo más que una tenaza sofocante. Buena parte del cansancio de la razón social que se manifiesta con la crisis es producido por el apego a viejos esquemas ideológicos. Nos enfadamos porque las cosas no sean como antes y nos dejamos llevar por una pereza que nos impide repensar el sistema del bienestar, localizar nuevas oportunidades, arriesgar, innovar. Todos los puntos que se mantienen frescos ante la brutalidad de la crisis -que los hay-, ya sea en el mundo de la empresa, en el de la solidaridad o en la vida social están animados por una indagación que no se resigna a los espacios y a las paredes habituales.

Cuando Séneca estaba en lo más alto de su carrera y tenía una gran entrada en la corte de Nerón apareció en Roma un judío extraño. Es posible que el gran filósofo y Pablo de Tarso, ese era su nombre, se encontraran. Se les atribuye incluso un intercambio de cartas. La historia ha visto en pocas ocasiones la coincidencia de dos portentos de tal calibre. Uno buscó el equilibrio en el pensamiento, el otro fue siempre un hombre herido. Para Pablo la realidad nunca fue simplemente lo que aparecía ante sus ojos, por eso no le sofocaba. Confiaba tanto en la capacidad de la razón que le atribuyó el poder y la responsabilidad de conocer la existencia del Misterio de Dios (Rom 1, 18-25). Una razón de ese tipo, que durante la Edad Media puso las bases de la industria moderna, es la más conveniente para un buen retorno.

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