El ´bluesman´ de las tres cuerdas

Cultura · Enrique Chuvieco
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27 abril 2009
Descarga guturalmente las sílabas sin ninguna resolución para convencer, y entonces comienza el punteo limpio de guitarra que prontamente se hace ritmo repetitivo con el que ya empieza a mover los pies: comienza Started out with nothin. Es el primer corte del álbum del mismo título de Seasick Steve. ¿Quién es este tipo con cerca de siete décadas a sus espaldas, barba a lo profeta Ezequiel y embutido en su vaquero de peto? Alguien que canta con tal convicción blues y country rock que instala la emoción en la sangre de quien escucha alguno de sus escasos discos grabados.

Allá por los sesenta, Seasick formaba parte de la cohorte de músicos que acompañaban a la Reina blanca del blues, Janis Joplin, o a Joni Mitchel, pero fue en 2004 cuando este dinosaurio del rock que vive en una autocaravana y luce su cuerpo tatuado cuando grabó un disco protagonizado por su voz quebrada, su guitarra de tres cuerdas y la Missisippi Drum Machine, artilugio de madera con un pedal y una matrícula de coche del estado sureño de EE.UU, inventada por Seasick con el que da un toque personal a sus composiciones: Happy Man o Thunderbird son un buen ejemplo de qué se puede hacer con talento, mucha pasión y pocos medios.

La Providencia le ha permitido superar a Seasick sus cuatro infartos y los excesos libertarios de los 60 y 70 para germinar en 2008, siendo a sus 68 años uno de los músicos con más conciertos, a la par que grababa su segundo disco, I started out with nothin and I still got most of it left, con su "cacharro" de tres cuerdas (¡pero cómo suena!) y esa original voz cascada que le da para modular el carácter de los mejores bluesmen blancos.

Desde camionero hasta productor de grupos grunge, Seasick habrá recordado los anhelos libertarios de los 60 y 70 en la búsqueda de una vida más verdadera que no podía ser sin alucinógenos de toda índole y que pasaría factura a tantos y tantas como la Joplin (muerta por sobredosis), y cuyas consecuencias aún permanecen en muchos mitificando a aquéllos y predicando parecidas libertades con variaciones vitales aburguesadas.

Que disfruten de la audición de este prehistórico genuino del blues y rock: no quedan muchos como él.

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