El Aleluya de Nigeria en la Fundación Rafael del Pino

Cultura · Fernando de Haro
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26 enero 2016
Aleluya, mi documental dedicado a Nigeria, se estrena este jueves, en Madrid, a las 19 horas en la Fundación Rafael del Pino (Calle Rafael Calvo, 19). Aleluya es una película dedicada a Nigeria. A sus mártires, a su gente. Está grabada en la capital y en varias ciudades del norte de un país donde el terrorismo de Boko Haram y el islamismo golpean con fuerza desde hace 15 años. ¿Cómo puede un documental dedicado a la persecución de los cristianos africanos titularse así? Es una de las muchas provocaciones que contiene esta cinta y que el espectador descubre con asombro a medida que se adentra en ella.

Aleluya, mi documental dedicado a Nigeria, se estrena este jueves, en Madrid, a las 19 horas en la Fundación Rafael del Pino (Calle Rafael Calvo, 19). Aleluya es una película dedicada a Nigeria. A sus mártires, a su gente. Está grabada en la capital y en varias ciudades del norte de un país donde el terrorismo de Boko Haram y el islamismo golpean con fuerza desde hace 15 años. ¿Cómo puede un documental dedicado a la persecución de los cristianos africanos titularse así? Es una de las muchas provocaciones que contiene esta cinta y que el espectador descubre con asombro a medida que se adentra en ella.

En 2014 el mundo entero descubrió las atrocidades de Boko Haram cuando fueron secuestradas más de 200 jóvenes que habían acudido a realizar un examen en Chibok. Aleluya relata las circunstancias de ese secuestro y recoge el testimonio de otras personas que han estado en manos de los terroristas durante meses. Decenas de miles de personas han perdido la vida y cerca de dos millones han tenido que abandonar sus casas. Su director ha realizado numerosas entrevistas de víctimas de la violencia islamista. Pero Aleluya no es una película morbosa ni triste. De Nigeria nos llega, con este documental, la vida de un pueblo que canta, que baila, que perdona, que permanece fiel y que agradece la fe recibida.

Esta película, Aleluya, es el tercer documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, Walking next to the wall, fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. Los tres están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro a través de la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A comienzos de 2015, según las estimaciones de Naciones Unidas, la violencia de Boko Haram había provocado cerca de un millón de desplazados que se habían quedado dentro de Nigeria. Otras 200.000 personas habían decidido huir a los países cercanos. Los datos están tomados de los informes de la National Emergency Managament Agency, una agencia nacional. En realidad, todo el mundo sabe que las cifras son aproximadas y que se incrementan de forma rápida. Ya en abril de 2015 la International Organization for Migration hablaba de un millón y medio de desplazados solo en los estados del norte.

En Abuja hay al menos cuatro campos. Toman el nombre del lugar en el que se encuentran: Lugbe, Area Uno, Kuje y New Kulcinigoro. En cada uno de ellos viven entre 3.000 y 5.000 personas. Pocos saben cómo llegar a New Kulcinigoro. Está a las afueras, escondido entre una espesura de árboles. Para encontrarlo hay que preguntar una y otra vez a los vecinos que nos vamos encontrando. El campo es uno de los puntos en el que rodamos Aleluya.

No se puede hacer nada en el campo sin hablar primero con uno de los líderes de la comunidad. Es él el que distribuye la ayuda, el que recibe a los visitantes, el que soluciona los conflictos. Nadie lo ha elegido. Para ser el jefe es necesario que, de un modo tácito, todo el mundo reconozca su autoridad moral. El líder se llama Dauda Musa. Es de Gwoza, un pueblo del Estado de Borno, situado a 150 kilómetros de Maiduguri, localidad que vio nacer a Boko Haram. Gwoza está muy cerca de la frontera con Camerún y con el Chad. Dauda Musa está cojo y se apoya en unbastón.

´Cuando llegó Boko Haram huimos a Camerún. Tuvimos que atravesar las montañas y eso es lo que me dislocó la pierna –me explicó-. Los insurgentes aparecieron mientras estábamos en la misa de la mañana. Nunca pensamos que vendrían a por nosotros. Oímos los primeros disparos e intentamos salir por la ventana. Mataron a 25 personas en la iglesia. Luego la incendiaron. En nuestro pueblo la mayoría somos cristianos. Los de Boko Haram querían que nos convirtiéramos todos al islam. Pero no lo hicimos. Secuestraron a mucha gente. Desde ese momento, desde junio de 2013, no he vuelto a ver a mi madre´.

La película recoge muchos testimonios como estos. Testimonios de sufrimiento, de fidelidad, de una extraña alegría.  

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