Dos maneras de ver la crisis

Mundo · Ignacio Santa María
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21 enero 2009
En los últimos días hemos podido contemplar dos maneras muy diferentes de percibir la crisis que atravesamos. Uno de los dos puntos de vista era sobradamente conocido: el diagnóstico del presidente Zapatero, que sigue redundando en el error/engaño de que la crisis no es española. Viene de fuera, como un temporal procedente del Atlántico que asuela la Península. Sólo hay que tener paciencia y esperar a que escampe. La otra percepción, totalmente opuesta, es la de Jaime Mayor Oreja, quien ve la actual situación económica como una faceta de una crisis que es mucho más profunda y es española: una crisis de raíces morales.

El comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, no se ahorró detalles el pasado lunes sobre los rasgos propios de la crisis en España y el peor pronóstico que la recesión presenta en nuestro país en comparación con los países de nuestro entorno. La Comisión Europea no sólo desmentía las previsiones de Zapatero y Solbes, sino que también desmontaba su dogma de fe: la recesión no terminará a comienzos de 2010 sino que continuará al menos un año más.

También la agencia de acreditación Standard & Poor's, al argumentar que retiraba la máxima calificación a la deuda española por "las debilidades estructurales" de nuestra economía, desmontaba otro de los dogmas repetidos por Gobierno como un mantra: somos de los países mejor preparados para afrontar la crisis.

Zapatero no titubeó frente a semejantes varapalos. Muy al contrario, siguió negando la realidad con contumacia, embarcado en una poderosa ofensiva mediática que le está llevando de gira por casi todos los medios de comunicación. El mismo día que la Comisión Europea hacía públicas sus previsiones y Standard & Poor's emitía su veredicto, el presidente volvía a insistir, desde los micrófonos de la SER, en que la crisis era internacional y había que esperar a que la solución también viniera de fuera. "Ahora tenemos que ayudar a Obama para que Obama nos ayude a todos", llegó a decir.

Para colmo, se permitía la desfachatez de pedir de nuevo a los españoles "que consuman más y ahorren energía", como medidas infalibles para salir de la recesión. Estas palabras son un verdadero despropósito en un momento en el que avanzamos de los tres a los cuatro millones de parados, en el que muchos pequeños empresarios no pueden iniciar o mantener su actividad por falta de crédito y muchas familias, aunque mantengan el empleo, tienen dificultades para llegar a fin de mes debido, entre otras cosas, a la elevada presión fiscal, una de las mayores de Europa. 

Qué lejos está la cerrazón de Zapatero del análisis certero y profundo del cabeza de lista del PP para las elecciones europeas, Jaime Mayor Oreja, quien en una entrevista publicada el domingo en ABC señala: "La crisis tiene distintas caras, la económica, la financiera y también la moral y la de valores, una crisis nacional en suma. Compartimos con otros países europeos algunas caras de esa crisis, pero tenemos una muy propia, que es la nacional, solapada y escondida por la crisis económica que afecta muy directamente a millones de españoles".

La voz de Mayor Oreja puede resultar disonante en medio del coro generalizado de la corrección política y el optimismo vacuo, pero tiene el acento de la verdad. Al señalar que las raíces de la crisis son de carácter moral, está llamando a una tarea ardua. El relativismo moral y la falta de compromiso con la realidad están en el origen de los problemas económicos que se ciernen sobre los españoles.

El decenio prodigioso 1996-2006 ha sido el periodo de más rápido crecimiento económico que ha conocido nuestro país. Pero ese crecimiento ha llevado aparejados vicios generalizados como el afán de lucro sin esfuerzo y el desinterés por el trabajo. Hoy es raro encontrar ya una forma de trabajar en la que se implica toda la persona. Aquellos artesanos, técnicos, obreros que hacían de sus tareas un espectáculo de humanidad, experiencia, dedicación y cuidado, aún en las labores más elementales, parecen ya una especie en extinción. La formación, la educación, la paciencia y la experiencia se desprecian y se valora el "ganar más trabajando menos".      

Cuando algunos analistas apuntan ya que al final de la recesión tal vez no nos espera la ansiada recuperación sino un prolongado estancamiento, sólo una nueva forma de relacionarse con el trabajo y con la realidad nos permitirá empezar a construir una economía sólida.

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