Dónde se esconde el Isis en Libia

Mundo · Daniele Raineri
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10 diciembre 2015
El avance del Estado Islámico en Libia plantea el problema de sus relaciones con el grupo yihadista más fuerte del país, Ansar al-Sharia. Una facción que nació durante los meses de la revuelta contra el rais Muamar Gadafi en 2011 y que salió a la luz al año siguiente, gracias a su ostentación de fuerza militar en público y el asalto mortal contra diplomáticos americanos el 11 de septiembre de 2012.

El avance del Estado Islámico en Libia plantea el problema de sus relaciones con el grupo yihadista más fuerte del país, Ansar al-Sharia. Una facción que nació durante los meses de la revuelta contra el rais Muamar Gadafi en 2011 y que salió a la luz al año siguiente, gracias a su ostentación de fuerza militar en público y el asalto mortal contra diplomáticos americanos el 11 de septiembre de 2012.

Se trata de una relación compleja, que varía de unas ciudades a otras, y esto refleja también la situación en toda Libia, un país fragmentado. Merece la pena reconocer que si Ansar al-Sharia se uniera al Estado Islámico (cosa improbable porque su tendencia es la contraria, hacia Al-Qaeda), el Estado Islámico en Libia dejaría de tener problemas por falta de mano de obra, como le sucede hoy. Si, por el contrario, estallara una lucha sin cuartel entre las dos formaciones, el Estado Islámico se vería obligado a hacer frente a un enemigo muy parecido a él, y por tanto aún más letal.

Cuatro ejemplos pueden describir bien los diversos matices de esta relación. El caso de sintonía más completa se ha dado en Sirte, donde la columna local de Ansar al-Sharia ha entrado casi totalmente en el Estado Islámico, excepto algunos individuos que se han alejado de la zona o que han prometido no hacer proselitismo. Según fuentes del periódico inglés Telegraph, fue precisamente Ansar al-Sharia quien formó el núcleo originario del Estado Islámico en Sirte, que hoy ya no sería tan fuerte en esa zona si no hubiera tenido esa ventaja en el momento de su creación.

El escudo contra las intervenciones militares

En Sabratha, mucho más al oeste, a medio camino entre la capital, Trípoli, y la frontera tunecina, entre Ansar al-Sharia y el Estado Islámico hay una relación de convivencia funcional. El Estado Islámico oculta su existencia tras la pantalla creada por la fuerte presencia de Ansar al-Sharia, que aun siendo considerado un grupo yihadista y extremo no está asociado con el terrorismo internacional como el Estado Islámico, aunque sí está en la lista de grupos terroristas, y por tanto no atrae propuesta de intervenciones militares externas. Una fuente de la vecina ciudad portuaria de Zuwara describe esta doble presencia como una especie de ilusión óptica: “En realidad, son todos lo mismo pero con etiquetas distintas”. Pero es importante señalar que mientras esté bajo el mantel de Ansar al-Sharia, el Estado Islámico de Sabratha no corre ningún peligro.

En Bengasi, el frente más violento de la guerra de grupos islamistas contra el ejército libio del general Califa Haftar, leal al gobierno de Tobruk, entre el Estado Islámico y Ansar al-Sharia existe un pacto pragmático de no beligerancia. Es un tercer tipo de relación: ni la fusión como en Sirte, ni la cohabitación interesada como en Sabratha, sino más bien una “deconfliction”, palabra de moda para describir la relación entre Rusia y Estados Unidos en la guerra en Siria contra el Estado Islámico. No se ponen obstáculos, pero no se pueden considerar aliados. En Bengasi, con los dos grupos funciona igual. Entre ellos hay fuertes tensiones, pero no tienen fuerzas para enfrentarse mientras hacen la guerra a las fuerzas del general Haftar. Desde el punto de vista táctico, su situación es difícil porque no tienen más acceso a la ciudad que por vía marítima, con barcos. Si se enfrentaran, lo primero en saltar por los aires sería este acceso logístico a través de la zona portuaria, y sin logística no podrían mantener el frente contra los soldados gubernamentales. Una fuente de Misurata explica que en Bengasi el Estado Islámico de buena gana abriría hostilidades contra Ansar al-Sharia, como represalia por el caso de Derna.

Enfrentamiento total

Derna es el modelo del otro extremo: conflicto total. A mediados de junio, el consejo local de los muyahidín, del que también forma parte Ansar al-Sharia, atacó a punta de pistola al Estado Islámico y lo obligó a retirarse hacia las campañas del sureste, en la zona de Fattayah. Si en Bengasi Ansar al-Sharia está al mando del consejo local de los revolucionarios, en Derna es en cambio un componente minoritario. Pero se puede decir que en general los demás grupos gravitan en su órbita libia, y no al contrario.

El Estado Islámico, en un video reciente, definió a Ansar al-Sharia como un “grupo desviado”, a un paso de la acusación de apostasía. Esta dinámica recuerda la de Siria, donde el Estado Islámico se abstiene de comunicar totalmente ciertos movimientos con la esperanza de cooptarlos, siempre con una clara e inevitable premisa: no se permite ningún movimiento allí donde esté el Estado Islámico, y quien no lo cumple se convierte ipso facto en enemigo. Resulta muy elocuente que el Estado Islámico haya incluido en una imagen el logo de Ansar al-Sharia entre los grupos que, aun sin haber tomado una decisión consciente, de hecho están ayudado a la América “infiel”.

Oasis

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