Donald, Hillary y una masacre escondida

España · Giorgio Vittadini
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4 noviembre 2016
Cuando la campaña electoral más embarazosa de la historia norteamericana llega a su fin, los dos candidatos a la Casa Blanca ya no parecen tan preocupados por la emergencia real que afecta a su país. Aumento de los suicidios, masacres continuas, incremento de las drogodependencias: América se debate en una profunda crisis.

Cuando la campaña electoral más embarazosa de la historia norteamericana llega a su fin, los dos candidatos a la Casa Blanca ya no parecen tan preocupados por la emergencia real que afecta a su país. Aumento de los suicidios, masacres continuas, incremento de las drogodependencias: América se debate en una profunda crisis.

¿Qué está pasando? Las respuestas son diversas, pero todas hunden sus raíces en ese “dolor de vivir” que lleva tiempo poniendo a prueba a la sociedad americana. Las muertes por sobredosis, sobre todo por opiáceos y heroína, ha crecido desde el año 2000 en un 200%. Las dosis letales de estas sustancias son la primera causa de mortalidad por debajo de los 44 años, una vez y media la cifra de los que mueren en accidentes de tráfico, llegando al medio millón de personas entre los años 2000 y 2014.

El Centers for Disease Control and Preventional (la agencia federal que coordina el sector sanitario norteamericano) ha dado a conocer estos datos, explicando también qué se esconde tras estos números tan dramáticos. Ya no se trata, como antes, de gente marginada en los guetos, de veteranos de la guerra de Vietnam, de vagabundos exhippies. Hoy se muere por heroína en las ´pink houses´, las casitas rosas símbolo de la clase media, en los pasillos de los colegios y las universidades, incluso en los coches con el hijo de pocos meses sentado en su sillita anclada en el asiento de atrás. Son 467.000 las personas enganchadas a la heroína, mientras el número de víctimas por sobredosis aumenta el 161%, según una investigación realizada por la Yale School of Medicine de New Haven.

Es impresionante que las drogodependencias también hayan aumentado por la excesiva prescripción de calmantes por parte de los médicos de familia. Parecería que el uso de opiáceos estaría solo ligado a la justa necesidad de aliviar el dolor en caso de tumores terminales y enfermedades muy dolorosas. En realidad, es una convicción errada, apoyada a su vez por la comunidad científica y los laboratorios farmacéuticos, que estos medicamentos no crearían dependencias, los médicos también han recetado estos fármacos por una cuestión cultural: es inconcebible arriesgarse a sentir ni siquiera el más mínimo dolor.

Cuando la administración Obama empezó por fin a introducir restricciones, la gente empezó a buscar alternativas con la heroína o con opiáceos en el mercado negro. El uso de fármacos a base de opiáceos, como la oxicodona, compuestos químicos psicoactivos que producen efectos farmacológicos similares a los de la morfina se han cuadruplicado desde 1999 hasta hoy. Los medios hablan de una “epidemia” que no respeta ni a los más jóvenes. Esta campaña electoral lo ha puesto a la vista del mundo entero: el rey está desnudo. Si no recupera las grandes motivaciones ideales que la fundamentaron, América se merecerá personajes de papel cuché, como Donald Trump o Hillary Clinton. Sin embargo, detrás de los focos sigue creciendo día tras día una masacre escondida.

El número de jóvenes entre 15 y 19 años que ha sufrido sobredosis por calmantes ha aumentado entre 1997 y 2012 un 176% según datos del National Institute on Drug Abuse. A causa de uno de estos opiáceos, el Fentanyl, utilizado durante años como analgésico, el pasado mes de abril perdió la vida Pince, uno de los grandes protagonistas de la música moderna, a los 57 años de edad. Resulta evidente que, aunque el uso de opiáceos ayuda a aliviar el sufrimiento, su abuso, así como el uso de la heroína, sirven para ocultar de cualquier modo un dolor que no es solo físico, sino que también afecta al alma.

En el caso de los menores, según la investigación de la Yale School of Medicine, el uso de la heroína y de los opiáceos está relacionado con los intentos de suicidio, cuya base inicial es un estado depresivo. Se trata en su mayoría de jóvenes blancos de clase media y alta. Habrá que plantearse serias preguntas sobre en qué se ha convertido la familia americana y el sistema de educación, qué valores, qué proyecto educativo queda si sus hijos buscan la muerte ya a los 15 años.

En un país que todavía sigue imprimiendo en sus billetes el lema ´In God we trust´, donde antes de cualquier evento público, como un partido de béisbol, la gente se pone en pie con la mano en el corazón para cantar “God Bless America”, probablemente de Dios solo quede su ausencia o un icono fantasma lleno de moralismo y paternalismo.

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