Dios no tiene carné de Unió

España · Francisco Pou
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23 junio 2015
Apenas se notó su existencia. Fuera de Cataluña son muchas las personas que ignoraban la existencia de “la U” de CiU, Convergencia i Unió. Unió Democrática de Catalunya, el partido de Durán i Lleida, es un partido que quiso ser demócrata-cristiano, nacionalista y de centro moderado desde su fundación en 1931. Como ocurrió con el PNV en la II República española, la vida le llevó por caminos bien diferentes.

Apenas se notó su existencia. Fuera de Cataluña son muchas las personas que ignoraban la existencia de “la U” de CiU, Convergencia i Unió. Unió Democrática de Catalunya, el partido de Durán i Lleida, es un partido que quiso ser demócrata-cristiano, nacionalista y de centro moderado desde su fundación en 1931. Como ocurrió con el PNV en la II República española, la vida le llevó por caminos bien diferentes.

Su proyectado ADN cristiano se encontró con compañeros de viaje que se preciaban, en la II República, en aniquilar a sangre y fuego culquier vestigio de lo religioso en una España convulsa. Los “cristianos republicanos” acabaron en el destierro político o en el fusilamiento de izquierda primero y de derechas después. Algunos se formaron después en el asociacionismo tenue de la nueva democracia cristiana en la España tardofranquista de las sacristías, que alumbró también formas de hacer más radicales del nacionalismo catalán y, sobre todo, vasco; la cuna de ETA estuvo amparada por esos templos hasta la Transición.

Aquel pequeño “reducto galo…”

Unió había sido considerada en Cataluña “el alma de Convergencia”. Unió era la cuarta fuerza política en Cataluña, pero con sólo menos de una cuarta parte del número de militantes que Convergencia. En temas como la defensa de la identidad jurídica del matrimonio (frente al “matrimonio gay”) o la defensa de la vida frente a la legalización del aborto, Unió mantuvo sus principios y aquella observación de “Cataluña será cristiana o no será” del padre poético de la nueva Cataluña católica, Torras i Baiges a principios de siglo, parecía condensarse en esa especie de pequeño “pueblo galo” resistiendo frente a los embates de la cultura laicista imperante.

Pero también como “el pequeño pueblo galo” de Asterix, Unió iba a conocer los destrozos de ese “Detritus”, de ese personaje que rompe en trozos la unidad de lo que estaba unido. El nacionalismo tiene el concepto de frontera, separación, clase y diferencia en su partida de nacimiento. Finalmente el nacionalismo que unía a Convergencia con Unió ha sido el mismo que los ha separado, muy probablemente para siempre.

Ese vacío hueco de la corrupción

Hemos visto en 3D el alcance de la corrupción política. Y es lo malo de la corrupción. Pudre. En partidos que se quedan huecos de propuestas (el único programa era la independencia a toda costa) que defender, todo queda en diferencias sobre la diversa modulación de la independencia. Unió, que se veía así lanzada fuera de su propia identidad, ha separado este matrimonio de 40 años de convivencia, ha hecho el petate y se lanza solo a la aventura electoral frente a los nuevos retos. Una aventura electoral que le va a pillar con el pie cambiado.

Unió ha sido un partido pequeño “de cuadros”, el partido de catedráticos, eclesiásticos y militantes católicos empeñados en dotar al nacionalismo con la utopía de una “ciudad de Dios” para que nuestros dioses nacionales decidan para qué hombres. Al final Dios no conoce fronteras, ni tiene carné de Unió. Veremos qué futuro tiene Unió, probablemente un partido, unas siglas vacías más dentro de la atomización que crea esa nefasta pasión ibérica por atizar con lo que nos separa y nos enfrenta. De entrada esa búsqueda febril de enemigos ha dinamitado ese búnker nacional que era CiU. El soberanismo catalán está cada vez más enfrentado entre sí. Y lo peor no es que se enfrenten los partidos, sino las personas. Durante años Unió fue el partido con el que la derecha de siempre, el PP, soñaba en absorber, en inútiles OPAs políticas. Cenas y noches largas de humo pasaron con ese proyecto imposible. Ese espectro de burguesía católica tradicional entraba muy bien en lo que necesitaba el PP. Pero también en el dibujo de Convergencia, y la alianza con Convergencia proporcionaba a Unió puestosn ejecutivos en número muy superior a la proporción de sus militantes. Era catalanidad pura y con ideas; justo lo que necesitaba el modelo de Pujol. En una etapa ahora en que el nacionalismo está pasando al garrote sin muchos matices, la única opción es por dónde cogerlo para atizar con él, y Unió ha escogido, con su salida, la puerta en la que se va a atomizar en la tormenta electoral frente al PPC, Vox y poco más. ¿Será alguien capaz de construir algo sólido con tan pequeñas piezas? La utopía de “la ciudad de Dios” no se construye con ideas, sino con vidas reales. Las vidas que tendrá que encontrar Unió para sobrevivir en el mundo real.

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