DINERO DE SANGRE

Cultura · Vicente A. Morro López
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19 abril 2014
Precio de sangre, dinero sucio. ¡Cuántos ‘negocios’ tienen en común su absoluto desprecio por la persona y su dignidad, por la vida humana en todas sus fases: embrionaria, infancia, juventud, edad adulta, ocaso! ¡Cuánto dinero empleado en hacer el mal, en aplastar a los inocentes, y qué poco en promover la justicia, la verdad y la libertad! Qué pena que la contumacia y obstinación ideológica de tantos impida a tantísima gente conocer que un inocente vendido por treinta monedas, Jesús, es la respuesta, la única respuesta verdadera, al dolor y sufrimiento humanos. http://williamvbarber.blogspot.com.es/search?updated-min=2013-01-01T00:00:00%2B01:00&updated-max=2014-01-01T00:00:00%2B01:00&max-results=13

Quienes asistimos el pasado domingo a la celebración litúrgica del Domingo de Ramos escuchamos, al proclamarse la Pasión, el relato de la traición de Judas. Acosado por la desesperanza y el remordimiento, ya demasiado tarde, viendo que había traicionado a su amigo y a todo aquello que había vivido y en lo que creyó, Judas devolvió las treinta monedas y se ahorcó al no soportar su realidad: “Pequé entregando sangre inocente”. Los sumos sacerdotes se apresuraron a recoger las monedas, no fueran a ‘perderse’, y dijeron: “No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre”. Esto nos dice San Mateo en su Evangelio (Mt. 27, 6). Precio de sangre, dinero sangriento.

Líbrenos Dios de vernos en similar tesitura. Siguiendo la máxima de “conócete a ti mismo”, no me atrevería a decir que yo no caería en el mismo pecado que Judas. El mismo San Pedro, lo leemos igualmente en el relato de la Pasión, tampoco conocía sus debilidades. No debe, pues, extrañarnos que en nuestra sociedad haya tanta gente dispuesta a traicionar aquello en lo que dice creer, vendiendo sus principios por un puñado de monedas, por unos cuantos votos, por la popularidad y la fama, por el ansia de conquistar o permanecer en el poder, por el afán de lucro, por el beneficio puro y duro. Poco importa si esas monedas están manchadas de sangre, de dolor, de muerte. Dinero sucio, precio de sangre inocente.

¡Cuántas situaciones encontramos actualmente con esa triste realidad! Dinero terriblemente sangriento es el que se mueve en el horrendo y lucrativo negocio del aborto. Pingües beneficios obtienen los empresarios de tan macabro comercio, aprovechándose del sufrimiento, miedos y dificultades de miles de mujeres engañadas, abandonadas, traicionadas. Empresas, asociaciones supuestamente filantrópicas y hasta organismos internacionales colaboran con el derramamiento de sangre inocente, la más inocente y desamparada que existe.

Dinero también muy sucio es el que mueve la prostitución, con sus graves consecuencias de esclavitud y comercio, explotación y trata de seres humanos. Millones de víctimas inocentes, muchas de ellas niños en los paraísos del turismo sexual, negocio sucio y despreciable donde los haya. Los supuestamente civilizados occidentales somos cómplices de ello: por acción, al ser los principales consumidores, o por omisión, al callar y mirar hacia otro lado mientras nuestros pecados destrozan el futuro y las ilusiones de tantas víctimas. La banalización de la sexualidad en nuestras sociedades, con propuestas que exaltan el uso y disfrute aquí y ahora de todos los placeres, es condición necesaria para ese triste negocio que cosifica a las personas. Nadie que conociera y amara el verdadero valor y sentido de la sexualidad y la dignidad inalienable de todo ser humano participaría en tan nauseabundo comercio. La pornografía y la contracepción, que engaña aportando una falsa seguridad y ‘soluciones’ a todos los problemas que se puedan presentar, mueven también miles de sucios millones.

Dinero ensangrentado es el que se mueve con los negocios de la guerra y el comercio, legal e ilegal, de armas. Hace poco más de tres años conocimos que bombas de racimo fabricadas en nuestro país y vendidas por nuestro gobierno, que supuestamente tenía un “ansia infinita de paz”, estaban siendo utilizadas por el tirano Gaddafi para masacrar a la población civil. ¡Terrible ironía que nuestras tropas tuvieran que proteger a la población sublevada contra el dictador de las armas que nosotros mismos le habíamos vendido! ¿Por qué no renunciamos a esas monedas manchadas de la sangre inocente? Gervasio Sánchez ya denunció, con sus fotografías y también en un valiente discurso, la hipocresía de nuestros gobiernos. Sangre inocente, dinero sucio, desprecio de la vida humana: prima la cuenta de resultados de las empresas y países “exportadores de muerte”. También los tráficos de diamantes, coltán y otras materias primas suponen un inhumano comercio.

Mucho dinero, sucio y manchado, hay en los negocios de la experimentación con embriones, de la clonación, de la manipulación genética. Mucho dinero y mucha hipocresía, de empresas y de administraciones públicas de todos los colores e ideologías. Se aducen razones supuestamente humanitarias, terapéuticas y de progreso social y científico para justificar algunas prácticas que tienen más que ver con eugenesia pura y dura (nazismo, Margaret Sanger, etc.) que con una ciencia al servicio del ser humano y la vida. ¿Es justo ‘conseguir’ un hijo a cualquier precio? ¿Se puede condenar a decenas de embriones para ‘fabricar’ uno con determinadas características?

Mucha sangre y muchas vidas cuesta el inhumano negocio de la droga. El desprecio de la persona y de su dignidad se manifiesta en este tráfico en toda su crudeza. Se engaña, se prometen falsos paraísos y falsas ilusiones, experiencias nuevas y excitantes. Al final lo único importante son los resultados: cuantas más monedas mejor, incluso adulterando la droga para multiplicar los beneficios. Dinero manchado de sangre engañada, de sangre traicionada.

Precio de sangre, dinero sucio. Todos los ‘negocios’ que hemos visto tienen en común su absoluto desprecio por la persona y su dignidad, por la vida humana en todas sus fases: embrionaria, infancia, juventud, edad adulta, ocaso. ¡Cuánto dinero empleado en hacer el mal, en aplastar a los inocentes, y qué poco en promover la justicia, la verdad y la libertad! Qué pena que la contumacia y obstinación ideológica de algunos impida a tantísima gente conocer que ese inocente vendido por treinta monedas, Jesús, es la respuesta, la única respuesta verdadera, al dolor y sufrimiento humanos.

Querido lector, te recuerdo mi invitación a visitar la página del excelente artista valenciano William V. Barber (http://williamvbarber.blogspot.com.es/).

Su trabajo es una reflexión, crítica y lúcida, mordaz en muchas, ocasiones sobre los acontecimientos de la actualidad, pero también sobre la esencia de nuestra sociedad: sobre la real y sobre la que se trata de imponer desde los diversos poderes.

 

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