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Diez razones para votantes que no son de derechas

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21 noviembre 2011
La política es importante. No lo es todo, ni cambia el mundo, pero es importante. Las elecciones generales que el próximo 20 de Noviembre se celebran en España son, por eso, una oportunidad de cambio. Lo que ha sucedido en los últimos siete años y medio en este país es un buen ejemplo de los efectos que tiene la mala política. Desde el poder se ha alentado una crispación y una polarización social que no existía antes. No se han realizado reformas económicas a tiempo, se ha agravado severamente la crisis. La invención de nuevos derechos ha contribuido al desarrollo de una cultura del vacío, a que el hombre se convierta en experimento de sí mismo. El aumento del estatalismo ha minusvalorado la sociedad civil y la responsabilidad personal.

España, de hecho, se encuentra en una situación de excepcionalidad. Lo que se haga en los próximos meses puede ser determinante para modificar el rumbo y puede tener trascendencia para el futuro del euro. Por eso, aunque el PP sea un partido con evidentes limitaciones y con cierta tendencia a no valorar lo que surge desde abajo, los votantes que no son derechas tienen hasta diez razones para darle su apoyo.

Las mayorías absolutas no son buenas pero en este caso es necesario un Gobierno con amplio apoyo que pueda acometer con empuje las reformas necesarias. De ese modo se lanzará un mensaje claro a los mercados. La Unión Europea ya ha pronosticado que no se va a cumplir con el objetivo de reducción de déficit ni en 2011, ni en 2012 ni tampoco en 2013. La economía el año que viene va a estar estancada y el paro se va a mantener por encima del 20 por ciento. Sólo un Ejecutivo con amplio respaldo puede generar cierta confianza y hacer frente a las previsibles reacciones de protestas que se producirán cuando lleguen los ajustes (primera razón).

No es conveniente un voto de castigo contra los socialistas que apoye la emergencia de partidos minoritarios. Las encuestas pronostican una subida de UPD hasta los tres diputados. Es una formación que ha heredado muchos viejos tics del PSOE. No le gusta la dimensión pública de la libertad religiosa. La unidad de España es un valor pero no el único (segunda razón).

En Cataluña un voto a favor de CiU, una de las formaciones que más comprende el significado de la subsidiariedad, es razonable. Pero votar al PP, que puede llegar a ser la segunda fuerza en esta Comunidad Autónoma, constituye un buen contrapeso para moderar al Gobierno de la Generalitat y para "invitar" al nacionalismo catalán a recuperar la "colaboración" con los destinos del "conjunto del Estado" (tercera razón).

Hace falta un giro para que el nuevo Gobierno apoye a la familia y la vida. El PP no ha hecho bandera de estas dos cuestiones, pero votarle es más útil que otorgar el voto a formaciones que no tienen opción de conseguir representación parlamentaria. Tras la victoria de los populares, la sociedad civil tendrá que hacer una gran labor para reclamar del Gobierno una apuesta decida en este campo (cuarta razón).

En las listas del PP al Congreso de los Diputados hay políticos dispuestos a escuchar y apoyar a las obras que nacen de la experiencia cristiana. Aunque con limitaciones, el PP es una formación permeable (quinta razón).

La libertad de educación es todavía escasa en España. Todas las leyes de Educación vigentes han sido promulgadas por gobiernos socialistas. Y estamos en una situación de emergenciiaa educativa. Un gobierno del PP con amplio respaldo permitiría acometer una reforma profunda. Es necesario que se tutele efectivamente la libertad de elección de los padres, que la iniciativa social en este campo no sea vista como una amenaza sino como una aportación al bien común, que se mejore la calidad, se reforme e impulse la formación profesional y se aliente el desarrollo de una Universidad a la altura de los retos que tenemos por delante (sexta razón).

En España es necesaria una profunda renovación de la cultura política, especialmente en la izquierda. La campaña de Rubalcaba ha puesto de manifiesto hasta qué punto el PSOE sigue fiel a sus viejos postulados. La izquierda no hará su gran catarsis sino se queda por debajo de los 120 diputados. Y eso será posible si se concentra el voto a favor del PP (séptima razón).

El cambio que la sociedad española tiene pendiente pasa por superar la idea de que los servicios públicos son mejores y más igualitarios cuando son gestionados directamente por la Administración. El PP no impulsará motu proprio la subsidiariedad, pero estará más dispuesto a aceptarla. (octava razón).

El PP no es un partido católico. Ni lo queremos. Pero no es un partido anticatólico. Se sea o no cristiano, la libertad efectiva de la Iglesia, que no se limita al culto, es uno de los mejores termómetros de que se está haciendo política realmente en favor de la gente (novena razón).

Un Partido Popular fuerte está en mejores condiciones de afrontar el reto de la independencia que pronto van a plantear los terroristas de ETA que ahora hacen política (décima razón). 

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