¿Demasiado poco?

Mundo · José Luis Restán
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10 diciembre 2012
¿Qué ha traído Jesús realmente sino ha traído la paz ni el bienestar para todos, si el mundo sigue siendo, dosmil y pico años después, el dramático escenario de la lucha entre el bien y elmal, y tantas veces, aparentemente al menos, parece que éste último se lleva elgato al agua? Es una pregunta que recorre los tres volúmenes del Jesús deNazaret. Benedicto XVI respondía casi secamente en el primer tomo: "Ha traído aDios, ahora conocemos su rostro, ahora podemos invocarlo, ahora conocemos elcamino que debemos seguir como hombres en este mundo". Y añadía con un punto deamargo realismo que sólo nuestra dureza de corazón nos lleva a pensar que estoes demasiado poco. 

La cuestión retorna en La infancia de Jesús, cuando el Papa reflexionasobre lo que el ángel anuncia a José en sueños: le dice que el niño que naceráde su esposa, María, "salvará a su pueblo de los pecados". Por un ladoresultaba una tarea incomprensible para un hombre, por grande que fuera, ya queestaba reservada al mismo Dios. Pero por otra parte, observa el Papa, estadefinición de la misión del Mesías "podría también parecer decepcionante". Afin de cuentas, ayer como hoy, la mayoría identifica la salvación con unamejora de las condiciones político-sociales, con un cambio radical delescenario histórico. Así que la promesa que acompaña a Jesús (y que acompaña ala Iglesia en su ya largo recorrido) parece demasiado poco, y a la vez pareceexcesiva. Excesiva porque invade las prerrogativas de Dios, y frustrante porqueparece no tener en cuenta las condiciones históricas concretas de sufrimiento einjusticia. El texto muestra a continuación cómo Jesús, a lo largo delEvangelio, quiere llamar la atención al hombre sobre el núcleo del mal que leaflige, para hacerle comprender que si no es curado en eso, incluso las cosasbuenas que pueda proyectar o realizar no podrán tener consistencia y estarántocadas por una terrible debilidad. Aquí habla la entera historia de lahumanidad.   

De alguna manera Benedicto XVI haretomado este nudo gordiano de su reflexión durante el discurso pronunciado alos pies de la estatua de la Inmaculada, en la romana Plaza deEspaña. En primer lugar señalando con ironía que si fuese ahora cuando el ángelviniese a anunciar a María la misión que Dios le encomendaba, no encontraríamostraza de este acontecimiento en los periódicos del día siguiente. El momentodecisivo de la historia estuvo rodeado, y no por casualidad, de un gransilencio. El obrar de Dios no puede reconocerse en el ruido y en la agitación"sino yendo a un nivel más profundo, donde las fuerzas no son de índoleeconómica o política, sino morales y espirituales"

Según el Papa el mensaje de laInmaculada es que la salvación del mundo no es obra del hombre (de la ciencia,de la tecnología, de la ideología) sino de la gracia Una palabra queresulta especialmente extraña, cuando no antipática, al hombre de nuestrotiempo, entregado a la ilusión de que él se salva a sí mismo no obstante todossus trágicos fracasos. Por un lado el cinismo de quien conoce las mentiras detodo ideal (Malraux) y por otro la suficiencia considerar que puede alcanzarcon un clic las galaxias lejanas lo mismo que cambiar la estructura de la sexualidad. LaGracia desmonta el cinismo y deja en evidencia la presunciónde nuestra época. Gracia significa amor, pero no cualquier amor, uno que nace(imprevisto, desbordante) del propio Dios. Amor que se sale de las cuadrículas,amor que transforma y recrea. Pero ¿se puede encontrar hoy algo así? 

La multitud escucha al pontíficepostrado ante la columna de María: "sólo el amor nos puede salvar de esta caída(la caída a los infiernos de este mundo) pero no un amor cualquiera, un amorque pueda introducir en los pulmones intoxicados nuevo oxígeno, aire limpio,energía nueva de vida". Bien decía Dante que María es como la revancha delgénero humano, porque su figura aparentemente endeble nos dice "que por muchoque pueda caer el hombre, nunca es demasiado abajo para el Dios que descendióhasta los infiernos; por mucho que nuestro corazón ande por mal camino, Dios essiempre "más grande que nuestro corazón".

A través de María, Dios haintroducido en el mundo de los hombres la Gracia hecha carne, Jesús. Cuando seacerca la Navidad es bueno recordar que la causa de este Jesús que festejamosparece estar siempre como en agonía… pero mientras los imperios y lasideologías se han ido derrumbando, "su gloria humilde y dispuesta a sufrir, lagloria de su amor, no ha desaparecido ni desaparecerá". ¿Nos seguirá pareciendodemasiado poco? 

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