Debate sobre multiculturalidad, condiciones para la interacción cultural II

Mundo · Javier Prades
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16 marzo 2008
B. Racionalidad cultural: el sentido de la experiencia Es necesario revisar el tipo de racionalidad capaz de afrontar los retos socia­les, culturales y políticos. El problema en sí es complejo. Se hace notar por una parte que no puede ser una racionalidad meramente técnica la que resuelva estas dificulta­des, pero, por otro lado, se constata que la globalización ha supuesto el paso a un raciona­lismo pu­ramente instrumental de los mercados, del consumo y de las técnicas de comunicación. Ese desarrollo de las técnicas de los mercados y del consumo debilita la ca­pacidad "sustantiva" del orden político para construir la sociedad civil y el individuo, y así mediar en las diferencias culturales. El espacio de la mediación que perteneció en otros tiempos a la idea de Estado-nación hoy refleja la tensión entre los que siguen bus­cando la solución en el Estado ("republicanos" franceses, "liberales" anglosajones) y los que postulan el desarrollo y el reconocimiento de las identidades comunitarias ("comu­nita­ristas" o "multiculturalistas").

A falta de una solución convincente se de­fienden respuestas de tipo procesual o dinámico, que declaran irresoluble el problema y tratan de combinar elementos de una y otra perspectiva sin absolutizar ninguna: tesis del pluralismo cultural apoyado sobre el diálogo. Para Touraine ese diálogo es posible cuando "las culturas reconocen, más allá de sus diferencias, que cada una contribuye a la experiencia humana, y que cada cultura es un esfuerzo de universalizar una experiencia particular". Para que sea posible ese "reconoci­miento" señalan que es preciso admitir que las experiencias humanas tienen un sentido y que tal sentido es comunicable entre las diferentes culturas. También Habermas insiste en la necesidad de que el Estado secularizado acoja culturas fuertes, capaces de producir y comunicar un sentido, mediante un discurso reflexivo y evaluativo.

C. Diferencia cultural y (post)etnicidad: el mestizaje

Otro aspecto del debate es el de la relación entre multiculturalidad y etnici­dad. Como es obvio, no todas las diferencias culturales son diferencias de tipo étnico. Sin embargo los grupos étnicos pre­sentes en las sociedades occidentales son una fuente importante de identidad cultu­ral y de afir­mación de diferencias.

Cuando Hollinger examina las identi­dades étnicas básicas subraya que no coincide la noción de cultura y la de origen etnorracial, y que los USA son un Estado cívico y no étnico, para proponer su idea de una sociedad norteamericana postétnica. En este contexto llama la atención la valoración positiva que encuentra recien­temente la categoría de "mestizaje" para superar los límites de ciertos planteamientos multiculturales. Se aprecia la categoría de "mestizaje" para superar tanto las sociedades cerradas en su concepción cultural o étnica unitaria como las sociedades "multicultura­listas" ex­puestas a una pura yuxtaposición de ghetos culturales o étnicos. En la literatura encontramos alusio­nes al mestizaje para reflejar en primer lugar un hecho social: el aumento de las mezclas entre personas pertenecientes a grupos étnicos distintos, de ma­nera que la fija­ción de los límites identitarios que dependerían de factores étnicos se flexibilizan y se hacen más permeables. Para Hollinger una sociedad postét­nica no depende­ría de nociones tan discutidas como la de raza sino de lo que denomina una "afiliación", ejercida según la libre decisión de la persona. Otros autores añaden, en este primer nivel de constatación de hechos, la evidencia de que crece la movilidad continua de intercambios étnicos y culturales. Frente a la perspectiva, que Huntington ha hecho célebre, del "choque" de civilizaciones, se apunta más bien a un desplazamiento de hombres y comunidades que vuelve flexibles los límites de las identidades culturales.

Pero no basta referirse a la mezcla efectiva de las personas, y con ello, de las memorias y las prácticas sociales, para reivindicar positivamente el "mestizaje". Amselle considera que su uso puede tener un valor negativo, in­cluso cuando se quiere aludir a hechos positivos -las alusiones de la prensa francesa al carácter mestizo de la selección francesa de fútbol cuando ven­ció el Mundial 98 ó la publicidad multirracial de Benetton-. Este estudioso ve el peligro de que tales declaraciones consagren en realidad la concepción de un polige­nismo de razas que luego deben unirse, con lo que, más allá de las intenciones, lo que prevalece es la afirmación de una división en el origen, consolidando las barreras de las que aparentemente se celebra su eliminación. Para él la catego­ría de "mestizaje" es legítima cuando se la depure de toda connota­ción racial-biológica: "el mestizaje es una metá­fora que excluye toda problemática de pureza o mezcla de sangres, y se convierte en un axioma para postular una indistinción originaria". Las mezclas actuales no remitirían a situacio­nes previas en las que se encontrarían los componentes étnicos supuestamente puros, sino que remiten a otros mestizajes anteriores, para así remitir al infinito la idea de una pureza racial originaria, que se quiere superar.

D. Valoración del debate multicultural

El debate sobre la multiculturalidad está siendo fecundo en Occidente. Resumo algunas claves:

1) Aparece una crítica al relativismo cultural ex­cluyente que se había llegado a erigir en una especie de axioma incuestionable por parte de los defensores extremos del multiculturalismo.

2) Se advierte en muchos autores un recelo frente a las identi­dades comunitarias "fuertes", y se buscan soluciones en la evolución del polo universa­lista, res­catándolo de un lai­cismo estrecho e incapaz de dialogar con esas identida­des. Desde distintas perspectivas se reivin­dica un "universalismo" que permita la comunicación y la comparación entre culturas. Algunos autores ya no identifi­can el universalismo con un conjunto de principios y derechos abstractos del indivi­duo, sino más bien con los hombres y gru­pos que se han mezclado desde siempre y en cuanto tales son la expresión concreta de una humanidad común.

3) Se remite a la necesidad de un "sentido" de la experien­cia humana, sobre el que se puedan entablar intercambios que permitan construir la rea­lidad de una sociedad común.

4) Se advierte el límite de la división occidental moderna entre la esfera pública y la esfera privada.

5) Muchos advierten una oscilación irresuelta entre el valor de una identidad comunitaria y el valor universal del sujeto individual; para superarla sugieren la dinámica de un proceso que unas veces se describe como conflictual y otras veces como dialogal.

6) La categoría de "mestizaje" adquiere protagonismo para describir situaciones donde se da la mezcla de hecho entre culturas y etnias, y para expresar la indistinción original y con ello la plena igualdad de todos los hombres.

 

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