Debate del Estado de la Nación: astucia y sólo astucia

España · Fernando de Haro
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13 mayo 2009
Zapatero quería un Debate del Estado de la Nación con el que recuperar el saque, con el que recuperar la iniciativa para las elecciones europeas. Y lo ha tenido. Con habilidad cambió el formato. Empezó el debate el día antes haciendo que su ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, anunciara la dispensación de la píldora postcoital sin receta. Política radical que inevitablemente genera un  conflicto que le interesa.

Con el guiño a la izquierda ya hecho, y con una nueva polémica encendida, se subió por la mañana a la tribuna de oradores con la intención de coger al PP con el pie cambiado. La fórmula a la que recurrió fue muy hábil. Presentó un supuesto plan para cambiar el modelo económico y la estructura productiva. En realidad, ese enésimo plan son un conjunto de medidas sectoriales como las que se están tomando desde octubre pasado y que se han agrupado en el Plan E. La primera de ellas, la de la bajada de 5 puntos en el impuesto de sociedades para las PYMES, le sirvió para descolocar a Rajoy. Es una de las reformas que el PP está pidiendo desde hace meses. Habrá que valorar a cuántas empresas acaba beneficiando porque los requisitos de facturación y de plantilla son muy restrictivos, pero en cualquier caso, de todo lo anunciado, es lo más razonable.

La supresión de la desgravación para la adquisición de vivienda a partir de 2011 busca acelerar las decisiones de compra para desbloquear el mercado inmobiliario. Va a resultar poco efectiva, dicen los expertos, las casas no se venden no por miedo a la crisis sino por falta de crédito. La fórmula para reactivar el sector del automóvil se basa en unas ayudas de 2.000 euros que en buena parte tienen que ser financiadas por las Comunidades Autónomas y en la de las propias empresas. El dinero puede no llegar nunca.

Zapatero no giró económicamente a la izquierda y en realidad no anunció cambio alguno. No hace caso al Banco de España, no hace caso a la Unión Europea ni a todos los organismos internacionales que le están pidiendo reformas estructurales y muy especialmente una reforma del mercado laboral. Pero el modo de enfocar el debate le resultó ventajoso. Junto a las medidas anunciadas realizó un brutal ataque al PP, acusándole de intentar aprovecharse de la crisis.

Rajoy no consiguió recuperar el juego que Zapatero le había arrebatado. El formato no lo facilita y el presidente del PP no estuvo ágil para hacer frente a un astuto presidente del Gobierno que sembraba sus réplicas y dúplicas de provocaciones. La astucia de Zapatero permitió que la falta de soluciones para la severa crisis pasara a segundo plano y que su soledad en el Congreso se disimulara.

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