¿De verdad puede ser rescatado el dolor?

Cultura · Noelia Hernández Guerra
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4 mayo 2022
El impacto del mal protagoniza la última novela de Guadalupe Arbona, a partir del personaje bíblico de Salomé. Publicamos la crónica de la presentación en Madrid, publicada en la página web de CL

En un mundo en el que cada vez más se percibe cierta apatía, tristeza, falta de sentido y mayor consciencia del mal que del bien que existe en la vida, causa quizá de la violencia generalizada en los últimos tiempos y consecuencia de una herida profunda en el corazón que nos compete a todos, se hace intensamente necesario que alguien o algo nos hable del bien, de la confianza y la esperanza última ante el mal irremediable. ¿Es esto posible? ¿Es posible apreciar el bien, es posible experimentarlo en un mundo aparentemente tan cruel? ¿Es posible volver a confiar? ¿Existe algo que nos arranque de la herida, que nos haga verdaderamente libres y nos devuelva a la vida, a una vida nueva, vestida de un nuevo color algo más esperanzador?
En El papiro de Miray, de Guadalupe Arbona Abascal, se nos presenta el mal, la herida de la humanidad de manera intensa en varias ocasiones, a través de personajes recogidos del Evangelio, desde Salomé, la hija de los reyes Herodías y Herodes, quien manda a cortar la cabeza a Juan el Bautista, hasta la viuda de Naín, quien además de ser viuda, pierde a su único hijo, quedándose sola y desamparada en el mundo. Pero, ¿para qué hablar de esto, de este mal inmenso, recogido en textos antiguos, en pleno siglo XXI, sino para abrir una herida o la conciencia de esta? ¿Acaso tiene algo que decirnos hoy? ¿Sirve de algo recoger el mal, esconde algo tras de sí?
El pasado miércoles 20 de abril tuvo lugar la presentación de esta novela en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, donde da clase la autora, en un acto presentado por Pilar Vega, coordinadora del máster de Escritura Creativa de la UCM, con la participación de Ignacio Carbajosa, catedrático de Antiguo Testamento en la Universidad San Dámaso; Juan José Gómez Cadenas, escritor y físico; Ángel L. Fernández, editor de Jot Down Books, y la autora, Guadalupe Arbona Abascal.
Personalmente, asistir a esta presentación ha sido todo un privilegio, pues la novela cobra aún más sentido a través de las palabras de cada uno de los ponentes, que pusieron delante sus impresiones y lo que la novela ha suscitado en ellos, lejos de la indiferencia, desnudándose frente a un público que escuchaba expectante y que, a fin de cuentas, compartía quizá inquietudes muy similares.

El primero en intervenir fue Ignacio Carbajosa, planteando varias preguntas que lanzaba ante la posibilidad de que la novela pudiera responder a ellas. Dio especial importancia al hecho de que, a partir de una escena que narra el Evangelio, Guadalupe sea capaz de recrear una historia en la que se mezclan la imaginación y su propia experiencia.
Cadenas resaltó que se tratara de un libro feminista, ya que todos los personajes principales son mujeres, y también porque, por primera vez, la historia de Salomé se cuenta desde un punto de vista femenino. Hizo hincapié en la banalidad del mal, preguntándose por qué existe y por qué es tan terrible, pero también destacó que en esta historia logre ser redimido por el Bien absoluto.
Algo que ha causado cierto impacto en él es que, a través de ciertos milagros evangélicos generalmente conocidos, Guadalupe saque a la luz otros esenciales en la trama de la novela, aparentemente más discretos pero de gran importancia, como el episodio de la viuda de Naín, en el que Jesús se acerca a esta mujer con gran compasión y sucede un milagro.
Ángel Fernández, aunque reconoció tener poco conocimiento de historias bíblicas, destacó el impacto que esta novela causó en él, hasta el punto de decidir editarla y publicarla. Valoró especialmente es el juego que la narración despliega con las descripciones de aromas, lugares, sensaciones, movimientos, texturas, etc., que introducen y acercan sensorialmente al lector a la escena. Tanto le impactó que quiso elegir una imagen de portada que no fuera ajena a este aspecto de la historia, fundiéndose con ella y representando todo un mundo primaveral de sensaciones, colores y olores, dando al mismo tiempo protagonismo a las mujeres que la protagonizan. Además, también quiso dotar al libro de una textura concreta.
Pilar Vega destacó el juego narrativo que desarrolla la autora en varios niveles, con múltiples voces narrativas que nos muestran la historia desde diferentes puntos de vista y que permiten tener una visión más amplia, cercana y humana de la historia. También acentuó la tensión interna de la obra y la dramaticidad expresada de tal modo que no podría adaptarse al cine porque perdería la esencia de esa tensión.
A continuación, la autora leyó una breve selección de fragmentos y dio comienzo un intenso coloquio con el público que llenaba la sala, entre los que se encontraban numerosos alumnos de Arbona que aprovecharon la ocasión para preguntarle. Y es que se puede hablar de diversos temas en relación con la historia de la novela, se puede hacer una crítica, un análisis, pero nada de eso está a la altura de lo que finalmente la lectura puede suscitar en el lector, de todas las preguntas que surgen, de la herida que abre a través de su historia, de la conciencia de un dolor desgarrador en el que cualquiera puede verse reflejado, de un sufrimiento que resulta terriblemente cruel y ante el cual se hace muy complejo permanecer firme en la vida.
La herida de unos personajes que pueden resultar ajenos al lector se adhiere a él, comienza a ser también suya, se transporta a este siglo y nos sacude para despertar algo más. Se presenta insistente la pregunta de si es posible que, a través de una herida arrastrada durante años, se abra una pequeña rendija por donde entre una nueva luz, y si esta claridad puede renovar no solo a los personajes de la novela sino a cada uno de nosotros directamente. ¿De verdad puede ser rescatado el dolor?
Quizá lo que escribe Guadalupe no es solo una invención ni fruto de una simple inspiración, sino reflejo de su propia experiencia, signo de la grandeza de su vida que ha sido transformada.
Su estancia en el desierto cuando era joven le permite expresar en la novela los colores, las formas, los movimientos, los aromas, el placer y el sufrimiento de la vida en un lugar así. También sus horas pasadas en diversas bibliotecas, su pasión por el estudio, por la lentitud y el cuidado que muchas veces requiere la investigación, su amor a cada palabra, letra, tachón o silencio, hace posible crear a un personaje como Angels, arqueóloga y profesora de la novela, que se entrega al minucioso trabajo de transcribir un papiro cuando parecía que de su vida no podía brotar nada nuevo.
El papiro de Miray es una lectura donde encontrarse, con la que identificarse y dejarse impactar, pero también es una puerta que se abre y nos invita a entrar, un camino que recorrer capaz de despertar lo dormido del corazón a través de la herida humana.

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