Entrevista a la periodista argentina Silvia Mercado

De Perón a Kirchner, tácticas para comprar apoyos

Mundo · Arturo Illia
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22 octubre 2015
El 17 de octubre Argentina celebró los 70 años de la llegada al poder del general Perón, un acontecimiento cuya importancia se ha ido diluyendo con el paso del tiempo aunque siempre se le ha llamado “el día de la lealtad”. Se ha diluido sobre todo porque en estos años, con la llegada al poder del kirchnerismo, que se considera su evolución, el peronismo como movimiento se ha escindido claramente en dos partes: una que apoya la “década ganada” de los Kirchner, y otra que en cambio rechaza íntegramente el régimen actual.

El 17 de octubre Argentina celebró los 70 años de la llegada al poder del general Perón, un acontecimiento cuya importancia se ha ido diluyendo con el paso del tiempo aunque siempre se le ha llamado “el día de la lealtad”. Se ha diluido sobre todo porque en estos años, con la llegada al poder del kirchnerismo, que se considera su evolución, el peronismo como movimiento se ha escindido claramente en dos partes: una que apoya la “década ganada” de los Kirchner, y otra que en cambio rechaza íntegramente el régimen actual.

Pero existe un nexo irrefutable entre ambas experiencias políticas, que las une directamente con anécdotas históricas que hace no mucho tiempo hizo salir a la luz la periodista Silvia Mercado en dos libros reveladores. El primero habla de Raúl Apold, el desconocido “inventor” del peronismo; el segundo aborda directamente no solo aquel fatídico 17 de octubre sino también otras etapas “épicas” o al menos consideradas así.

Su primer libro sobre el tema resucitó a un personaje importantísimo en el peronismo pero caído en el olvido durante años, ¿puede explicarnos quién era Raúl Apold?

Uno de mis libros es una biografía sobre el jefe de prensa de Perón, que cubrió las dos presidencias del general en un periodo que va de 1946 a 1955, cuando fue destituido. Lo defino como inventor del peronismo porque en 1947 fue él quien decidió poner el nombre del presidente, aún en vida, al partido, pues Perón subió al poder con el Partido Laborista. Se trata del único partido en el mundo que lleva el nombre de su líder aún en vida, pero su mayor mérito consiste en haber creado eso que podríamos definir en términos actuales como la ficción peronista.

¿A qué se refiere?

Construyó una gran cantidad de episodios, por no decir un melodrama, muy distantes de la realidad, que todavía hoy resultan creíbles, también porque la mayoría de las informaciones sobre ellos fue eliminada. Inventó una auténtica subsecretaría de comunicación, sobre la base de la que tenía Mussolini, a quien el general admiraba, y fue la única entidad de este tipo en América Latina, al menos hasta la llegada del kirchnerismo. En la práctica fue como el Goebbels de Perón, que se dedicó a homologar los medios de la época con una voz única: o comprados por el estado o adquiridos por empresarios amigos. Hasta los dos periódicos independientes, Clarín y La Nación, que todavía se siguen publicando, estaban obligados a la autocensura porque el estado tenía el monopolio de la producción de papel de periódico. Pero la maniobra implicó también al mundo del arte, el cine en particular, pues precisamente de este mundo venía Apold, antes de dedicarse a la política.

¿Puede citar algunos ejemplos de ese melodrama?

Todos creemos, peronistas o no, que el 17 de octubre de 1945 el pueblo se movió en masa para pedir la liberación del general encarcelado, cuando en realidad todo fue una operación de inteligencia de la que Perón formaba parte. En la práctica, la manifestación oceánica no existió porque solo se agregaron a la operación el ejército, la policía federal y los sindicatos, cuya importancia era marginal. En las dos imágenes reales de aquel día se ve poca gente, no el millón de personas que movilizaba el poder para sus conmemoraciones. Pero esta es la cuestión: las imágenes de manifestaciones oceánicas existen, pero pertenecen a conmemoraciones donde la jornada se festejaba con un despliegue de medios y una escenografía imponente. También la renuncia de Evita Perón a la vicepresidencia, el 22 de agosto de 1951, como su “santificación” es un melodrama construido por Apold, de nuevo con una escenografía imponente impuesta por el régimen. Evita se presentó, pero era solo el pretexto de una puesta en escena, pues Perón era contrario a una vicepresidencia fuerte, que podía contrarrestarlo en los medios.

¿Cómo llegado a cierto punto Néstor Kirchner llega a interesarse por la obra de Apold, convocando a un político que le había conocido en aquella época?

Los Kirchner ya habían puesto en marcha una experiencia de autoritarismo notable cuando Néstor fue gobernador de Santa Cruz, en la Patagonia, pero le costaba reproducirla a nivel nacional, por eso querían conocer a un político de la época para obtener información. Néstor le convocó en la residencia presidencial de Olivos y este ex político, que si bien me concedió una entrevista lo hizo de forma anónima, le aconsejó no solo apostar por el monopolio mediático sino también poner de su parte al mundo artístico, cosa que Kirchner cumplió incluso más a rajatabla que Perón en su época. Desde el momento en que empezaron las maniobras para conquistar a los medios, bien directamente o bien a través de empresarios amigos (hoy el gobierno argentino controla el 80% de los medios del país pero solo obtiene el 20% de share, ndr), al mismo tiempo empezó a colaborar con el poder Javier Grossman, un experto en comunicación que se convirtió en su Apold, es decir, el creador del “relato” kirchnerista.

Pero Argentina no puede seguir viviendo de ficciones, a menos que podamos pensar que la experiencia de los últimos 70 años no le haya enseñado nada.

Fundamentalmente, así es. Creo que el peronismo constituye un “sistema” de creencias, como una religión, que ha superado los límites del Partido Justicialista del que procede. La única manera de salir es separar la ficción de la realidad que se vive cotidianamente, salir del resplandor que tanto nos gusta a los argentinos, algo que me parece posible y a lo que he querido construir con mis libros y mi actividad periodística. Nuestra asignatura pendiente es poder vivir plenamente una democracia, es decir, ser una república dotada de instituciones fuertes, independientes y estables, dejándose de melodramas o relatos para afrontar la realidad, que seguro será menos épica pero indudablemente más sana.

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