De Nicolás a Sarkozy

Cultura · Víctor Alvarado
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16 abril 2012
A pesar de que Sarkozy esté cargando contra algunos políticos españoles con toda la razón del mundo para obtener rédito político a nivel interno para ganar las elecciones, hay que reconocer que siempre ha colaborado en la lucha contra el terrorismo etarra. Pues bien, el cineasta Xavier Durringer analiza el ascenso de este político hasta ganar las presidenciales de 2007 desde una óptica izquierdista.

El reparto lo compone un Denis Podalydès en el papel de Sarkozy y una Florence Pernel interpretando a Cécilia Sarkozy, aunque se lleva la palma la excelente actuación de Bernard Le Coq porque yo no sabría elegir entre el original y la copia, no queda claro si Bernard Le Coq es Chirac o Jacques Chirac es Bernard Le Coq.

Los que esperen encontrarse con planos panorámicos de París pueden quedar defraudados, ya que el director ha optado por primeros planos, algo más propio del formato televisivo que del cinematográfico. Los diálogos están bastante bien trabajados y el largometraje se ve salpicado por pequeñas dosis de humor, que contrarrestan el excesivo metraje, se alarga innecesariamente cuando todo parece haber terminado, abusando del flashback.

De Nicolás a Sarkozy (2011) explica el funcionamiento de las bambalinas de la derecha francesa, donde se pueden comprobar las zancadillas realizadas por Chirac y Dominique de Villenpin (una realidad extrapolable a cualquier partido sea cual sea su ideología) para que fracasara un político como Sarkozy, que demostró gran inteligencia para ganar las elecciones a un partido socialista carente de ideas. Esta película hace una crítica más burda y menos sutil que la que se destila en Los idus de marzo de George Clooney. El problema principal de esta producción es que, tal vez, era demasiado pronto para hablar de un político que todavía sigue en activo, por lo que resulta difícil juzgar los comportamientos de una figura que está de plena actualidad.

El director ha pretendido destacar que detrás de una persona de éxito existe un capital humano importante y que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, aunque Durringer le atribuye todo el triunfo a la arrolladora personalidad de su esposa, como si no tuviera mérito el líder galo, que habrá tenido unas políticas más o menos acertadas, pero que siempre ha sido valiente a la hora de no renunciar a sus principios, como en ese discurso donde se constató su oposición al laicismo y su defensa de la tradición judeocristiana de su país.

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