¿De dónde somos nosotros?

Mundo · José Luis Restán
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26 noviembre 2012
El pasado fin de semana se hanentrelazado los primeros comentarios sobre el nuevo libro del Papa, elConsistorio para la creación de seis nuevos cardenales y la fiesta deJesucristo rey del Universo. Tres hilos que se anudan en el misterio de ladivino-humanidad de Jesús, en el significado de ese reino que inquietaba altiempo que interrogaba a Pilatos, y la ardua misión de anteponer el testimoniode la Verdad frente a los poderes de este mundo. 

El libro sobre la infancia de Jesússe abre y se cierra con sendas páginas vertiginosas sobre el origen y eldestino del Nazareno. Benedicto XVI perfila la paradoja de un hombre del que seconoce el rastro (venía de Nazaret, era hijo del carpintero y sus parienteseran conocidos) y que sin embargo continuamente rompe el molde: ¿de dónde sacatodo eso, con qué autoridad habla éste? Es la pregunta que formula Pilatofrente al hombre que le han entregado los jefes del pueblo: ¿de dónde eres tú?Pero más allá de las adscripciones geográficas la conversación deriva hacia elreino que supuestamente ostenta aquel prisionero a las puertas del tormento, unreino que "no es de aquí".

Pero la sorpresa del gobernanteromano no fue muy diferente de la que hubieron de padecer José y María cuandoencontraron a su hijo, al que habían extraviado porque se había quedado en elTemplo. El Papa retrata magistralmente la escena en las últimas páginas dellibro: es un momento crítico porque se hace evidente que la misión de Jesúsrompe toda medida humana. María y José habrán de aceptar que se rompa en sucarne esa medida cuando escuchen de aquel muchacho de doce años su repuesta:"estoy precisamente donde está mi puesto, con el Padre, en su casa". Peromientras Pilato resolvió su curiosidad entregando a Jesús al verdugo, Maríaaceptó convivir con el misterio, y aunque no podía entender completamenteaquello, lo conservó meditándolo en su corazón.

El domingo Benedicto XVI presidíala Misa de Jesucristo Rey del Universo en la Basílica de San Pedro. Entre losconcelebrantes figuraban los seis nuevos cardenales llegados de Colombia,Líbano, Nigeria, India, Filipinas y los Estados Unidos. El Papa quiso explicaruna vez más la naturaleza del reino que Jesús traía: un reino que los suyos unay otra vez soñaban como poder político instaurado y defendido con ayuda de lafuerza. "En Getsemaní, Pedro había desenvainado su espada y comenzó a luchar,pero Jesús lo detuvo. No quiere que se le defienda con las armas, sino quequiere cumplir la voluntad del Padre hasta el final y establecer su reino, nocon las armas y la violencia, sino con la aparente debilidad del amor que da la vida. El reino de Dios esun reino completamente distinto a los de la tierra". Pero ¿acaso puede existirun poder que no responda a la lógica del dominio y la fuerza? La incomprensiónde Pilatos puede resultarnos simpática, porque también a nosotros nos cuestaentender. Con qué facilidad identificamos el éxito de la misión con el triunfosocial y político de una serie de valores, con la influencia y elreconocimiento de nuestras construcciones culturales o el respeto infundido pornuestro poderío numérico. Confiamos a la estrategia y la organización lo quesólo puede producir el encuentro con Jesucristo, presente a través de ladebilidad de nuestra carne, la de los cristianos de aquí y ahora.      

La realeza que encarna Jesús consisteen el testimonio de la verdad de un Dios que es amor, frente al cual esimposible no conmoverse. Es la misma locura para los poderosos y los sabios deayer y de hoy. Por eso el Papa advierte, a la par severo y dulce, que serdiscípulos de Jesús significa no dejarse cautivar por la lógica mundana delpoder, sino llevar al mundo la luz de la verdad y el amor de Dios. De ahí lainvitación apremiante a convertirnos continuamente a su reino, a su señorío, a la verdad. En este puntoBenedicto XVI ha mirado a los nuevos miembros del Colegio cardenalicio. Muchascrónicas ligan este Colegio a la influencia y el poder mundano, pero el Papales ha advertido que deben estar preparados para comportarse con fortalezahasta el derramamiento de la sangre por el incremento de la fe cristiana, porla paz y la tranquilidad del Pueblo de Dios. Algunos saben ya de primera manode qué les está hablando el Papa, que insiste: "se os ha confiado esta arduaresponsabilidad, dar testimonio del reino de Dios, de la verdad. Estosignifica resaltar siempre la prioridad de Dios y su voluntad frente a losintereses del mundo y sus potencias".

También de estos cardenales seconoce su trayectoria, sus padres y sus hermanos, los colegios en los que hanestudiado, su legua y su cultura… Y sin embargo hay en ellos, como en todocristiano, un algo extraño, algo que no se deduce del currículum ni de losancestros. El Sucesor de Pedro los ha despedido con la encomienda de imitar aJesús ante Pilato: su gloria será sólo la de testimoniar la Verdad, una verdadque es amor hasta el extremo. El cristianismo sólo puede triunfar a través deesta lógica, la del corazón del hombre que encuentra una presencia que lecorresponde. Para eso vive y perdura la Iglesia.    

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