Conor Oberst, ¿el nuevo Dylan?

Cultura · Enrique Chuvieco
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26 septiembre 2008
Conor Oberst (Nebraska, 1980) se reivindica nominalmente en su primer disco (Conor Oberst), un conjunto de trece canciones unidas por el ritmo y tiempos del country rock y ofreciendo homenaje a varios puntos geográficos de Norteamérica, incluido México. Es, por tanto, un compendio de parajes musicales variopintos con abundantes sensaciones.

Preeminencia de acordes, punteos y riff guitarreros en versión acústica y eléctrica, con acompañamiento de percusión y teclados. En cualquier caso, música mayoritariamente nítida, embrollada en alguna ocasión a propósito por la voz de Conor Oberst a lo Dylan. Las declamaciones del muchacho de Nebraska recuerdan al gran Bob pero también a Ryan Adams o a Paul Simon.

Como en su tiempo ocurrió con Dylan, Oberst, al que algunos comparan con aquél (todavía le queda un largo camino), reúne los elementos imprescindibles para ser el nuevo icono de los cantautores estadounidenses: tiene un inquieto talento exuberante (ha montado desde productoras hasta varios grupos musicales), anda perdido vitalmente o, diríamos, buscando, y exhala una dilatada vena poética en sus letras.

Su inspiración eclosionó pronto: a los trece años grabó su primer cassette (Water) con un repertorio de canciones; un año más tarde, un nuevo trabajo. Con dos años ya tocaba el piano, a los diez la guitarra y fundaría unos años más tarde la productora "indie" Saddle Creek. Ha comandado varios proyectos musicales: Commander Venus, Park Ave y Bright Eyes, el principal, con quien ha grabado once discos en tan sólo nueve años.

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