Con los presupuestos para 2017 aprobados, Renzi presenta definitivamente su dimisión

España · PaginasDigital
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7 diciembre 2016
Aunque la intención inicial de Matteo Renzi era dejar de ser Primer Ministro el lunes 5 de diciembre, tras reunirse con el Presidente de la República, Sergio Mattarella, aceptó quedarse al frente del Gobierno hasta que el miércoles 7 el Senado aprobara los presupuestos. Finalmente ha sido así (para ello ha recurrido, por cierto, a la vía de urgencia), saliendo adelante los presupuestos con 166 votos a favor, 70 en contra y una abstención. Fiel a su estilo desde que comenzó su mandato (anunciar las novedades a golpe de ´tweet´), hoy mismo, tras conocerse la aprobación en la cámara alta de lo que una semana antes se había aprobado en la cámara baja, Renzi ha mandado su último ´tweet´ como Primer Ministro en el que anuncia que presentará la dimisión formalmente a las siete de la tarde, para finalizar con un ´Gracias a todos y Viva Italia´. Concluye así el gobierno número 63 de la Historia de la I República italiana, con más de mil días de duración. A partir de aquí, habrá que estar atentos a los movimientos tanto de Sergio Mattarella, a quien corresponde elegir nuevo Primer Ministro, como del propio Matteo Renzi, quien seguramente intentará retener su puesto como Secretario General del Partido Democrático, al frente del cual está desde que justo ahora hace tres años ganara las elecciones primarias con el 70% de los votos a los otros dos candidatos, Giuseppe Civatti y Gianni Cupperlo. De esta manera, se abre ahora un paréntesis en el que múltiples posibilidades se barajan.

Ciertamente, son muchas las incógnitas a resolver en este momento. La primera de ella, quién va a ser el nuevo Primer Ministro, dure lo que dure lo que queda de legislatura, que formalmente finaliza a comienzos de 2018. En este momento los dos nombres que suenan con más fuerza son los de Pier Carlo Padoan, Ministro de Economía y Finanzas en el Gobierno Renzi, y Pietro Grasso, Presidente del Senado. Padoan tiene a su favor el apoyo de Renzi, no tener enemigos y, lo más importante, dar tranquilidad a los mercados porque era quien estaba al frente del saneamiento bancario ya iniciado. Grasso, por su parte, es un viejo conocido de Mattarella (ambos son sicilianos), a quien conoce desde los tiempos en que ejercía como juez anti-Mafia (recordemos que al hermano de Mattarella, Piersanti, le asesinó la Mafia en 1980 cuando era gobernador de la región de Sicilia), y además cuenta con el apoyo de la ´vieja guardia´ del partido (entró en las listas de Bersani para las elecciones de 2013). En ambos casos, tienen por delante dos tareas fundamentales: elaborar una nueva ley electoral o una complementaria a la ya existente (Italicum) porque esta solo rige la forma de elegir los diputados; y sanear los bancos italianos, afectados por 360.000 millones de euros concedidos en forma de crédito que en muchos casos difícilmente podrán recuperarse.

Mientras, parece que hay hasta tres personas interesadas en que se convoquen elecciones cuanto antes: Beppe Grillo, porque considera que su partido está en la mejor posición para ganar en este momento unas elecciones generales; Matteo Salvini, porque la Liga Norte se ha beneficiado del auge de la extrema derecha en Europa; y el propio Renzi, porque quiere impedir que el sector ´crítico´ de su partido busque un candidato (el propio Civatti, por ejemplo, aunque ahora esté en el grupo mixto) que le arrebate la secretaría general del partido y al final le impida ser el cabeza de cartel del PD en las elecciones generales, se celebren cuando se celebren. A la que no le conviene nada que haya comicios es a la derecha italiana, ya sea a la Forza Italia de un Berlusconi muy decadente y con un Parisi que no termina de hacerse con el liderazgo del partido, o a los Fratelli d´Italia, que han perdido mucha fuerza desde que Giorgia Meloni sucumbiera en las elecciones a la alcaldía de Roma frente a la ganadora final, Virginia Raggi.

Así, la clave va a estar en dos cuestiones fundamentales. La primera, que se mantenga unida la actual coalición de gobierno, formada por el PD de Renzi, el NCD de Angelino Alfano y la Alianza Liberal-Popular de Dennis Verdini (entre los tres suman 160 de los 320 votos del Senado, lo que, con un solo voto más (que lo tienen) mantienen la mayoría absoluta en el Senado). La segunda, que Mattarella priorice el saneamiento del sector bancario sobre la posibilidad de asegurar la estabilidad política en Italia, porque bien es cierto que Renzi, aunque derrotado en este momento, es con mucho el político de más entidad en la Italia actual y podría ganar con relativa facilidad unas elecciones generales, mientras que, si se espera un año (hasta finales de 2017 o comienzos de 2018), entonces pueden pasar muchas cosas, como que Renzi pierda el control del PD o que aparezca algún rival político importante. 

En todo caso, Mattarella, que se enfrenta a su primera crisis política como Presidente de la República desde que fuera elegido allá por enero de 2015, es un hombre muy bregado en este tipo de cuestiones. Recordemos que, además de diputado en los ochenta, ya fue ministro a comienzos de los noventa y VicePrimer Ministro con D´Alema de Primer Ministro allá por finales de esa misma década. Por tanto, es una persona que puede forjar un consenso relativamente rápido y además goza de la legitimidad que le confiere no solo ser una persona muy respetada en el ámbito político, sino también el hecho de que le votaran en su momento más de 650 representantes de los poco más de 1.000 electores. Veremos, en todo caso, cómo finaliza esta situación, porque, según pasa el tiempo, se va hablando de más nombres, como por ejemplo, los de Dario Franceschini, Ministro de Bienes Culturales y que ya fue Secretario General del PD durante unos meses en el año 2009, o de Graziano Delrio, actual Ministro de Infraestructura y Transportes: como en el caso de Padoan y Grasso, vuelve a suceder lo mismo, en el sentido de que Franceschini sería el candidato de la ´vieja guardia´ del partido (aunque menos que Grasso) mientras que Delrio ha sido uno de los máximos colaboradores de Matteo Renzi, que le nombró primero Subsecretario de la presidencia del Consejo de Ministros y luego titular de Infraestructuras y Transportes. El desenlace final, en estos días que están por venir.

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