Con el aborto el PP se la juega

Mundo · Benigno Blanco
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8 enero 2014
El anteproyecto de ley de protección al concebido y a la maternidad tiene un alto significado político, pues supone un expreso cumplimiento del programa electoral del PP (evento poco frecuente en estos últimos tiempos), expresa una opción política en la mejor tradición ideológica del PP, viene acompañado de una defensa conceptual valiente por parte del Ministro de Justicia, manifiesta que el PP no  ha quedado reducido a un  grupo de tecnócratas y contables capaces de gestionar la hacienda pública en épocas de crisis, sino que es capaz de hacer POLÍTICA con mayúsculas y reconcilia a este Gobierno con una franja muy importante de su electorado y militancia.

El anteproyecto de ley de protección al concebido y a la maternidad tiene un alto significado político, pues

  • supone un expreso cumplimiento del programa electoral del PP (evento poco frecuente en estos últimos tiempos)
  • expresa una opción política en la mejor tradición ideológica del PP
  • viene acompañado de una defensa conceptual valiente por parte del Ministro de Justicia
  • manifiesta que el PP no  ha quedado reducido a un  grupo de tecnócratas y contables  capaces de gestionar la hacienda pública en épocas de crisis, sino que es capaz de hacer POLÍTICA con mayúsculas
  • reconcilia a este Gobierno con una franja muy importante de su electorado y militancia.

Parecería, en consecuencia, que con este anteproyecto el PP recupera su identidad como partido y entra de nuevo en la senda de liderar a una parte de la sociedad española como alternativa al conglomerado de los autodefinidos como ´progresistas´. Y sin embargo es ahora, con motivo de este anteproyecto, cuando parte de los líderes del partido deciden rendirse al enemigo ideológico y poner en duda su identidad y hasta su lealtad (hasta ahora inquebrantable) al Gobierno de Rajoy.

Planteadas así las cosas, el anteproyecto de ley Gallardón va a convertirse en piedra de toque para dilucidar si el PP quiere seguir teniendo un papel en la política española o pasar a mejor vida como algo residual, fofo y carente de identidad y atractivo alguno.

Si Rajoy no logra hacer que el PP cierre filas en la defensa de un proyecto que fue expresa promesa electoral y no saca adelante este anteproyecto sin modificar a peor sus contenidos básicos, el PP habrá muerto como partido capaz de liderar políticamente ese amplio sector de nuestra sociedad que hasta ahora le ha dado su confianza habitual y quedará condenado a una lenta extinción o, en el mejor de los casos, a ser un equipo de reserva de una izquierda monopolizadora de la política para sanear las cuentas en momentos de crisis.

Los lidercillos de pacotilla que traicionan su identidad y programa para lograr un aplauso efímero de la izquierda mediática pueden acabar con el PP en el medio plazo y lograr la definitiva e irrevocable desafección de su electorado ya muy harto de los incumplimientos de promesas y programas. Si se consumase esta traición, la sociedad civil reclamará responsabilidades.

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