entrevista a Maite Pagaza

`Como laica me parece decisiva la intervención de Francisco en Estrasburgo`

Mundo · Fernando de Haro
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28 noviembre 2014
Maite Pagazaurtundúa, eurodiputada de UPYD, valora para Páginas Digital la comparecencia del Papa Francisco en Estrasburgo.

¿Que lo que más le llamó la atención del discurso del Papa Francisco?

Yo esperaba un excelente discurso, y así fue. Un discurso sencillo pero al mismo tiempo muy profundo, y esto se agradece muy especialmente en un parlamento en el que a veces hay un lenguaje muy formal, muy alejado de lo que la gente puede entender. Pero desde el punto de vista del fondo, fue un excelente ejemplo de humanismo cristiano, que es lo que corresponde a su dignidad pero que en todo caso enlazaba con todos aquellos que, cristianos o no, tienen ese pensamiento de fondo, humanista, y que reivindican precisamente que el futuro de Europa pasa por construir esa Europa de todos, pero desde el humanismo, desde la dignidad humana. Creo que ese mensaje quedó muy claro para todos los parlamentarios y se ganó el respeto de todos. Porque en días anteriores había habido ciertas turbulencias porque había gente que hubiera querido aprovechar para hacer algún tipo de show. Nada de esto ocurrió, se fue ganando el respeto de todos los que allí estaban, y fue uno de esos momentos importantes en el parlamento europeo en esta legislatura.

Hablaba usted de dignidad de la persona, de la necesidad de fundamentar los derechos humanos, que es uno de los argumentos que centraron el discurso del Papa. Él hablaba de una dignidad trascendente. Es una puesta muy clara en una dirección sobre qué significa la persona.

Sí, viniendo de un líder católico, el elemento de la trascendencia es absolutamente esencial, pero en todo caso hay una línea en el humanismo, se ha visto desde un punto de vista cristiano y se ha visto desde un punto de vista laico, en el que converge ese elemento de la dignidad humana. Se puede interpretar de una forma trascendente o no, pero tiene un sentido muy similar en el día a día, puesto que de lo que estamos hablando muchos es de la necesidad del humanista en el ejercicio de la política y de situar el ser humano en el centro de la política. Es lo que hace que los diferentes elementos de la actividad política cobren una jerarquía y tengan un rumbo. Por tanto, se ha visto desde el punto de vista trascendente, se ha visto desde el punto de vista de la dignidad humana aunque no tenga un elemento de trascendencia, pero en todo caso ese elemento de humanismo me parece que ha de ser puesto en el centro de la política y es lo que a mí me pareció extraordinario, una aportación muy pertinente en este momento.

O sea, que la política entonces no se justifica en sí misma, hay que buscar lo que algunos llaman los fundamentos metapolíticos de la vida pública.

Si no ponemos el ser humano en el centro de la política, el paradigma de la política puede convertirse en algo mecánico, en algo que lleva a muy malas prácticas, que genera egoísmo, sea nacional o social, deshumanizador en lo que tiene que ver con la política económica… Si no ponemos el ser humano en el centro, perdemos. Perdemos el rumbo, perdemos Europa, perdemos la posibilidad de salir hacia adelante. Y en Europa, en una política transnacional está nuestra posibilidad de salir de esta crisis. Me parece que fue muy oportuno que situara la dignidad humana en el centro de nuestro hemiciclo europeo.

El Papa habló de la soledad y de la crisis económica, de favorecer políticas de empleo, y de la cuestión migratoria. Atención con que el Mediterráneo se convierta en el gran cementerio.

Es muy complicado abordar la política migratoria. Ha de abordarse desde distintos países, desde una política migratoria común, desde la idea de los corredores seguros para los que buscan asilo en nuestros países, no poniendo dificultades sino poniendo la posibilidad de que, en lugar de ser manipulados y que no lleguen a solicitar ese asilo, puedan ser acogidos por nosotros. Que por otra parte esa política de ayuda al desarrollo, que es necesaria en tantos lugares de nuestro planeta, dé calidad de vida suficiente a muchos jóvenes para que no deseen jugarse la vida para llegar a nuestros países. Una cosa es hablar de ello, y creo que ya tenemos de alguna manera el análisis bastante bien definido. El problema es convertirlo en realidad, en ser eficaces, en ir más allá de los papeles y de las resoluciones. Y eso significa dejarse la piel en este empeño. También nosotros, también quienes tenemos responsabilidades institucionales, parlamentarias o ejecutivas. Y ahí está la situación. Que ya sabemos cómo debemos abordarlo, pero tenemos que pasar de las palabras a los hechos.

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