¿Científicos o humanistas? Dante pide mentes abiertas

Cultura · Marco Bersanelli
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10 septiembre 2019
Hace tiempo leí un artículo sobre la estructura del paraíso de Dante, un tema fascinante que siempre ha puesto en cuestión a expertos y estudiosos de todo el mundo. Aquel artículo presentaba una interpretación de las visiones dantescas de los últimos cantos del Paraíso lamentando el escaso interés que hasta ahora la crítica había reservado a sus tesis. Al mismo tiempo, se esforzaba en deslegitimar otra hipótesis de lectura de la configuración geométrica del cosmos dantesco, llegando a definirla como “un cúmulo de contradicciones”, demostrando su malestar por no haberla comprendido bien. Se trata de una interpretación que en las últimas décadas ha sido considerada por varios expertos, la mayoría procedentes del mundo científico, y en la que he profundizado en varias ocasiones.

Hace tiempo leí un artículo sobre la estructura del paraíso de Dante, un tema fascinante que siempre ha puesto en cuestión a expertos y estudiosos de todo el mundo. Aquel artículo presentaba una interpretación de las visiones dantescas de los últimos cantos del Paraíso lamentando el escaso interés que hasta ahora la crítica había reservado a sus tesis. Al mismo tiempo, se esforzaba en deslegitimar otra hipótesis de lectura de la configuración geométrica del cosmos dantesco, llegando a definirla como “un cúmulo de contradicciones”, demostrando su malestar por no haberla comprendido bien. Se trata de una interpretación que en las últimas décadas ha sido considerada por varios expertos, la mayoría procedentes del mundo científico, y en la que he profundizado en varias ocasiones.

No es este lugar para describir detalladamente la visión geométrica en cuestión, ni cómo viene sugerida por una lectura atenta de los versos de Dante. Extremadamente resumido, se trata de la posibilidad de que Dante –directamente o desde fuentes externas– intuyera un cosmos con propiedades geométricas en una superficie esférica, siendo un especio de tres dimensiones. Se trata de un pensamiento profundo pero sencillísimo, que no requiere sofisticados conocimientos de geometría ni matemáticas sino que exige una mente abierta, pura, disponible a mirar aspectos de la realidad aparentemente obvios con ojos distintos. Algo parecido a lo que debió pasar por la mente de los primeros que concibieron la Tierra no ya como un disco plano sino como un globo esférico fluctuando por el espacio.

Aquel artículo excluía esa lectura de manera categórica y a veces irrisoria, pero al mismo tiempo mostraba no haber captado del todo su sentido. Por ejemplo, cuando afirmaba que, según esta hipótesis, en el cosmos de Dante los ángeles vivirían “en una cuarta dimensión del espacio destinada para ellos”, simplemente demuestra que ha entendido la idea de la curvatura del espacio. Sería como decir que, para explicar cómo dos personas que caminan en dirección opuesta sobre la superficie curva de la Tierra tarde o temprano se encontrarán, hubiera que pensar que una de ellas tiene que subirse a un avión.

Cuando afirma después con ironía que, según esta lectura, “Dante también adelantaría seis siglos la teoría de Einstein de la relatividad general (1917)”, evidentemente no ha captado el punto. Sería como afirmar que Leucipo y Demócrito, al proponer la idea de “átomo” hubieran anticipado la mecánica cuántica y la física de las partículas elementales. Una exageración insensata… quizás no hacía falta construir el acelerador LHC para descubrir el bosón de Higgs, ¡ya habían llegado los antiguos griegos! Dicho esto, queda el notable hecho de que, partiendo de la base de una imaginación audaz y genial, estos antiguos pensadores introdujeron una idea cualitativa, nueva, profunda, que a siglos de distancia ha encontrado fuertes resonancias con la física moderna, y ese es un dato de hecho. En este sentido, un nexo análogo leería a Dante desde la cosmología relativista.

Por interesante que pueda parecer, creo que nada de eso resuelve el problema central de la incoherencia del esquema habitual del cosmos dantesco en su conjunto (universo sensible y universo angélico), que aquel mismo artículo califica de problemático e incoherente. Si el “Punto” señalado por los círculos angélicos del Canto XXVIII está localizado en el primer movimiento, como icono provisional de la auténtica Luz divina de la visión final, ¿dónde se colocará entonces esta última? ¿Cuál es, en la mente de Dante, “la forma general del paraíso” (XXXI, 52)?

Por otro lado, no creo que haya una necesaria contradicción entre el valor teológico de la propuesta de aquel artículo y la de un espacio esférico. Si Dante en el primer movimiento contempla con visión aún imperfecta la única luz de Dios, como en lontananza, la aparición y desaparición del “Punto” y de los coros angélicos mantendría la analogía con las apariciones y desapariciones de las almas de los beatos en las esferas celestes previas; y sería coherente con la potencia progresiva de la capacidad visual de Dante en su avance hacia Dios.

Claro que se trata siempre de hipótesis. Y puede parecer extraño que en este debate entren también legos en la materia, como los matemáticos o los físicos. Pero cuando se trata de Dante Alighieri tal vez no sea prudente descartar a priori las sugerencias que puedan llegar de mundos distintos. Dante es el genio absoluto de una época donde los distintos planos del conocimiento no se estratifican de la manera a la que estamos acostumbrados ahora. Ni la intuición inmediata del espacio se puede asimilar a la nuestra, tano que –como señala William Egginton– la idea de un espacio esférico probablemente fuera más fácil de intuir para un medieval que para nosotros, los modernos.

Entre los intelectuales de nuestra época, tal vez los más presuntuosos sean los científicos, que miran desde arriba hacia abajo cualquier otra expresión humana, convencidos de que sus ecuaciones pueden explicarlo todo. Justo detrás de ellos, a poca distancia, está el grupo de los humanistas que consideran la ciencia como algo snob, sin ni siquiera intentar comprender si puede contener algo que también sea útil en sus amplias reflexiones.

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