Ciencia y sensacionalismo

Mundo · César Nombela, rector de la Universidad Menéndez Pelayo
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26 mayo 2013
Solamente ha transcurrido una semana, entre la publicación de pretendidosnuevos datos sobre la clonación de embriones humanos y el cuestionamiento de lavalidez de los mismos, en los foros científicos de mayor relevancia. Inevitableresulta el recordar los trabajos fraudulentos del grupo del coreano Hwang, enlos que -conviene no olvidarlo- co-firmaba algún investigador de EstadosUnidos.

La clonación de la oveja Dolly, en 1997, abrió paso a la expresión"clonación terapéutica". Se logró la clonación de este mamífero portransferencia del núcleo diploide, de una célula adulta diferenciada, a unovocito desnucleado. Debía ser posible hacer algo parecido con células ygametos femeninos humanos, naturalmente que sí. Lo que sucede es que ello nonecesariamente debía aportar las pretendidas terapias de enfermedadesincurables. Nadie había demostrado que las células derivadas de embrionessirvan para tratar, en todo caso se debía hablar de clonación parainvestigación. Además, hablar de embriones humanos, de su creación conpropósitos experimentales o industriales, suponía plantear una cuestión connotables reservas éticas. Las legislaciones, los convenios internacionalessobre Bioética, así como otros muchos textos normativos, proclamaban ladignidad del embrión humano que no podía ser creado o manejado con propósitosinstrumentales. 

A pesar de ello, nada impidió que muchos insistieran en que la clonaciónterapéutica y, en todo caso, el empleo de células de origen embrionario (cuyaobtención requiere destruir embriones) constituía el único camino para curarenfermedades hasta ahora incurables. Hasta el discurso de investidura deZapatero en 2004, contenía como único planteamiento relativo a la medicina, laapuesta por el empleo de células madre, embrionarias naturalmente. Ha sido muyrápida la sucesión de hechos en los que la búsqueda de un sensacionalismo fácilha oscurecido lo que debe caracterizar al progreso científico. El rigor en elplanteamiento, la crítica que asegure el avance, la actitud ética paratransmitir la verdad y diferenciarla de la conjetura.

El fraude de Corea (2004 y 2005) se presentaba como el gran descubrimiento,que remueve paradigmas y abre caminos -definitivos- para la Medicina. Lafascinación que para muchos suponía renacer a la vida embrionaria, sin dudadeterminó una actitud acrítica, mientras que el "gran hallazgo" ocupabaportadas de medios hablados, visuales, escritos y digitales, del mundo entero.Todo acabó en el oprobio de quienes hubieron de confesar que habían falseadolos resultados. No tardó mucho (2006) el japonés Yamanaka en mostrar que era posiblereprogramar células adultas, a estados pluripotentes, sin destruir embriones,una historia de éxito con Premio Nobel incluido que abre caminos importantes.Pero, sigamos exigiendo rigor en la transmisión de la verdad científica. LaMedicina Regenerativa avanza ya con paso firme de la mano de las células madreadultas, no de las células pluripotentes, ya sean las derivadas de embriones(con objeciones éticas) ni tampoco de las de Yamanaka (que no planteanproblemas éticos). Y es que basta examinar los miles de ensayos clínicos conlos que se abre camino el uso de células madre adultas (de médula ósea, cordónumbilical, grasa corporal), aunque ocupen pocos titulares de prensa.  

Investigadores de Oregón, encabezados por Mitalipov, pretenden ahoraresucitar la (supuesta) clonación terapéutica. Mejorando la tecnología aplicadapara clonar, afirman haber logrado embriones clónicos humanos y haber derivadocélulas madre embrionarias a partir de los mismos. De nuevo acaparan al 100%los titulares de portada en todo el mundo, mientras afirman que sus células-obtenidas en sólo en dos casos- son mejores que las de Yamanaka, en unaargumentación muy discutible. Pues bien, apenas transcurrida una semana seseñala en los foros más serios que el trabajo publicado tiene errores, comoimágenes duplicadas que pretenden representar a dos tipos de células distintas,o gráficas en que muestran una sospechosa correlación para los datos queincluyen.

Nada se puede decir, por ahora, acerca de siestamos ante un nuevo fraude científico o se trata de errores inocentes, comoafirma el investigador responsable. De lo que no cabe duda es de que la revista Cell,que acostumbra a seguir un largo y detallado proceso (muchos meses normalmente)de evaluación de los trabajos que acepta, ha despachado todo lo relativo a estainvestigación en seis días. El sensacionalismo, la búsqueda de titulares y lamanida propuesta de que por este camino, sólo por el de las célulasembrionarias, tendrían curación determinadas enfermedades, ha vuelto a contaminarlo que debe ser un proceso científicamente riguroso y éticamente exigente.

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