Cataluña: ¿Sociedad silenciosa o sociedad silenciada?

España · Anka Satué
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6 octubre 2017
 Decía Gabriel Elorriaga padre, que todo separatismo proviene de la sobreestimación de unas peculiaridades históricas y culturales, de creer que su irrelevancia pública es fruto solo de una presión exterior que se considera opresora en vez de serlo de las limitaciones estrechísimas del supuesto hecho diferencial y, de una situación de crisis en la política nacional, deficitaria de potencia unitiva, de vigor en la orientación de los destinos comunes. Se cumplen todas estas condiciones en España. Por desgracia. 

 Decía Gabriel Elorriaga padre, que todo separatismo proviene de la sobreestimación de unas peculiaridades históricas y culturales, de creer que su irrelevancia pública es fruto solo de una presión exterior que se considera opresora en vez de serlo de las limitaciones estrechísimas del supuesto hecho diferencial y, de una situación de crisis en la política nacional, deficitaria de potencia unitiva, de vigor en la orientación de los destinos comunes.

 Se cumplen todas estas condiciones en España. Por desgracia.

 En la película de animación Kung Fu Panda III, el maestro Sifu le dice al oso panda que “a la batalla del puño le precede la batalla de la mente”.

 Los nacionalistas (los catalanes también) han trabajado las mentes durante 40 años a través de las escuelas, los medios de comunicación, el clientelismo –los bomberos y mossos y otros cuerpos de funcionarios son un ejemplo- y los pactos con los gobiernos de Madrid, precediendo a los puños que entran en su lógica dialéctica. La misma de Iglesias. Acabar con el sistema a toda costa y levantar el sueño nacionalista o/y comunista, aceptando la posibilidad de que corra la sangre, la revuelta y la revolución.  

 

 Una vez que la masa social se tira a hacer la calle, que es cuando la turba persigue, insulta, apedrea y empuja al que antes la propaganda ha puesto como enemigo y extranjero, es el momento idóneo para el reparto de armas entre los más radicalizados. Al no haber independencia, porque no la habrá jamás de esta manera ilegal salvo que una potencia extranjera la apoyase con armas y bagajes –imposible-, el terreno queda abonado para el terror, que en su máxima expresión es el terrorismo –cuando es hacia fuera- o la frustración y la depresión –cuando la vive uno en carne propia-.

 En un tiempo en que la gente no quiere tomar partido, o no quiere compromiso, solo los secesionistas felones asumen ese compromiso, basado en una fuerte identidad, bien es cierto que manipulada durante años. Se les calma, de momento, un deseo que tienen dentro.

 La mayoría silenciada, en su mayoría, prefiere seguir siendo silenciada e invisible. No es silenciosa, como dicen muchos. Es superviviente. Le aterra tomar partido más que el miedo que sienten en la persecución. Puede pasar a ser sociedad avestruz, que implica que toma algo de conciencia, pero se vuelve a asustar. Tal vez pase a ser sociedad líquida, relativista, y abandere la no confrontación sin entrar a ponderar argumentos. Pero es la sociedad civil la que merece la pena, la que la componen ciudadanos con ganas de comprometerse con la unidad de España, que es un hecho, no una ideología identitaria fruto de la manipulación.  

 Es un reto para el hombre de siglo XXI poner en juego su libertad, y caminar sin certezas. Esto implica tener que tomar partido. Creo, sinceramente, que no estamos moralmente preparados para este tomar partido por algo que puede poner en riesgo nuestra hacienda y la vida, porque como sociedad, creemos que todo es relativo y que nada merece tanto la pena.

 

 En cambio, lo que merece la pena es no perder la identidad, y sobre todo, no ser desposeídos de ella, de modo que se ha de actuar en coherencia con los valores que se tengan. Si no, esa mayoría silenciada, tendrá por valor el “no meterse en problemas”, y “la ley escandalosa del silencio”. Y no cabrá después que rompan su silencio al grito de socorro, pues aunque este ha de venir en la forma de la aplicación de la ley, no será suficiente sin la palabra de la mayoría, una palabra que es presencia y pensamiento, de la mayoría silenciada, que tal vez, sea en verdad, espero que no, silenciosa.

 

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