Carta abierta al Molt Honorable Sr. Montilla

Cultura · Remedios Falaguera
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7 octubre 2008
Molt Honorable Sr. Montilla: El motivo de esta carta es compartir con usted mis preocupaciones como madre, sufriente con mucho gusto, de dos jóvenes en plena adolescencia. Estoy segura de que usted, como padre que es también, entenderá a la perfección mis inquietudes sobre los efectos que algunos aspectos de la Ley de Educación que próximamente se debatirá en el Parlament pueden suponer para ellos.

No soy de las que opinan que los adolescentes son generalmente niños maleducados, desobedientes y tiranos. No, al contrario. Sé que estas tiernas criaturas están en plena trasformación psicológica, lo que les hace rebelarse contra sus mayores, únicamente porque sus sentimientos y su imaginación revolotean intentando descubrir quiénes son, qué intereses les mueven a actuar y qué opiniones de sus mayores son las que van a hacer propiamente suyas. De ahí que parezca que tengan ganas de ir contra sus padres y profesores, poniéndonos a prueba constantemente y analizando con un excesivo espíritu critico, no me atrevo a afirmar que con el deseo de  desprestigiarnos, si nuestros criterios y nuestra conducta son coherentes y justos.

No hay que ser un lince para darnos cuenta, usted seguro que lo ha vivido en su propia piel, que este reto continuo a sus mayores, esta actitud de estar "enfrentado a la vida", les lleva a tener la sensibilidad a flor de piel. Más de una vez he visto a mi hija llorando sobre el mármol de la cocina sin saber explicarme lo que le pasa, o a mi hijo en un estado de irritabilidad casi crónico porque su mejor amigo no ha entendido una "broma", o le ha mirado mal.

Y esto sin mencionar la timidez e inseguridad en el comportamiento con sus compañeros, tan fundamentales en estos años para el aprendizaje de unas futuras buenas relaciones sociales. Un comportamiento que a menudo les inquieta y les incapacita para centrase en el trabajo y en el estudio, especialmente si están bajo la mirada escrutadora del sexo contrario.

Por estas razones  y porque me preocupa el aprovechamiento formativo y los resultados de mis hijos, confío en que no rechace ninguna modalidad educativa que potencie las cualidades especificas de los niños por un lado y las niñas por otro, pues precisamente así se busca motivar la igualdad de oportunidades y lograr la excelencia educativa.

Sería una pena que así  fuera y no considerara a la educación diferenciada   como una propuesta alternativa del mismo rango e importancia que la escuela mixta. No pretendo excluir la legitimidad de otros modelos educativos. Simplemente quiero defender la pluralidad de opciones educativas y el derecho de los padres a elegir en libertad.

No pretendo aburrirle con datos ni informes sobre el rendimiento escolar, ni tampoco pretendo recordarle las 225. 429 alegaciones presentadas por las asociaciones de padres de escuelas públicas y privadas de Catalunya. No es ésa mi intención.  

Como padre, sabe usted muy bien que a hijos distintos, tratamientos distintos. Y eso según su carácter, sus debilidades y sus necesidades. Esto no significa  ni la preferencia ni la discriminación con el resto de sus hermanos. Al contrario, sabemos que utilizar el método adecuado para estimular a cada chica o chico y sacar de ellos lo mejor que llevan dentro ha dado siempre buenos resultados.

Pues bien, con la escuela diferenciada pasa lo mismo. Esa manera de personalizar la educación, tanto a los niños como a las niñas les facilita su desarrollo personal, académico y social, tan necesarios para su proyección de futuro.

Un futuro que mejore nuestra sociedad y nuestro país, en el que prevalezca el ejercicio libre y responsable de los derechos y deberes de los ciudadanos, contemplados no sólo en la Constitución Española, sino en el Estatut de Autonomía de Catalunya; y que no se escude tras un discurso trasnochado y ramplón afirmando que la educación diferenciada es algo antinatural, que fomenta la discriminación de la mujer, por tanto la violencia domestica, y promueve al hombre "machote" y a la mujer "florero".

No quiero ni pensar que usted, preocupado como está en la promoción y eficacia de las escuelas de calidad para nuestros jóvenes, aliente o mire para otro lado ante las pretensiones de eliminar el concierto a este tipo de escuelas, por no ser consideradas de servicio público, como podemos leer en el artículo 26 de esta Ley de Educación.

Seguro que no permitirá, desde su privilegiada posición, que muchos padres como yo presumamos que esto es una cortina de humo para no dejarnos ver el supuesto objetivo de sus socios políticos que encierra esta ley: crear escuelas únicas en las que el responsable educativo es de modo exclusivo y total el Gobierno que usted en este momento preside. Quiero creer que no es así.

Agradezco su atención y espero haberle aportado otro punto de vista más para la reflexión, que usted, como un padre más que lucha por la felicidad de sus hijos quiere lo mejor para ellos, sabrá reconducir a su Gobierno para promover, mediante el diálogo y el consenso, un sistema educativo plural y gratuito para todos.

Confío en que podrá resolver este tema como quien es, el mejor padre para sus hijos.

Un saludo

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