Carta a un joven musulmán

Cultura · Antonio R. Rubio Plo
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13 diciembre 2017
Omar Saif Ghobash, un diplomático de los Emiratos Árabes Unidos, ha escrito un libro, Carta a un joven musulmán, dirigido a su hijo, Saif, de diecisiete años. La obra es una invitación a la reflexión, y toda una respuesta llena de realismo y sentido común a los extremismos. Es además un testimonio vital del autor que no se explica sin dos factores decisivos: tener una madre rusa, de familia de sacerdotes ortodoxos, y haberse quedado sin padre a los siete años, cuando desempeñaba el cargo de ministro de asuntos exteriores de los Emiratos y fue tiroteado por un palestino, que ni siquiera le conocía y que seguramente ignoraba que su víctima había sido un gran defensor de la causa palestina.

Omar Saif Ghobash, un diplomático de los Emiratos Árabes Unidos, ha escrito un libro, Carta a un joven musulmán, dirigido a su hijo, Saif, de diecisiete años. La obra es una invitación a la reflexión, y toda una respuesta llena de realismo y sentido común a los extremismos. Es además un testimonio vital del autor que no se explica sin dos factores decisivos: tener una madre rusa, de familia de sacerdotes ortodoxos, y haberse quedado sin padre a los siete años, cuando desempeñaba el cargo de ministro de asuntos exteriores de los Emiratos y fue tiroteado por un palestino, que ni siquiera le conocía y que seguramente ignoraba que su víctima había sido un gran defensor de la causa palestina.

Las contrariedades podían haber llevado a Saif Ghobash a un ensimismamiento que en otros desemboca en la radicalización, pero no fue así. No renunció a su afán de conocimiento de múltiples saberes, propios y ajenos a su cultura, tal y como demuestra su surtida biblioteca mencionada en una de las cartas del libro. Tampoco renunció a su fe islámica, si bien se negó a identificarla con las soflamas incendiarias de predicadores musulmanes que conoció en su adolescencia en Inglaterra. El sentido común le indicaba que algo no funciona cuando los fieles salen de la mezquita con ganas de desatar la cólera y la violencia. Saif Ghobash no podía entender cómo esos devotos musulmanes no se iban a casa con el orgullo y la satisfacción de haber profundizado en los valores de la propia fe. Por el contrario, el mensaje recibido estaba marcado por la búsqueda de un supuesto purismo, de un retorno a los orígenes, al tiempo de los guerreros y conquistadores de los siglos VII y VIII. En la predicación que escuchó a los quince años, Saif Ghobash apreció que la razón estaba completamente separada de la fe y más tarde podría comprobar el sentido negativo que tiene la palabra filosofía para una mayoría de musulmanes. Los extremistas atribuyen todos los males recaídos sobre el mundo islámico en la falta de fe y de piedad, pero el autor ve un mal bastante grave en el hecho de que un setenta por ciento de la población musulmana del planeta no sepa leer y escribir. El analfabetismo, o un conocimiento estrecho y limitado, no pueden traer nada bueno. Podríamos añadir, sin lugar a dudas, que son incompatibles con la libertad. El contraste es grande con otro islam de siglos pasados, el de 1258, fecha en que los mongoles arrasaron Bagdad destruyendo, entre otras cosas, su gran biblioteca hasta el punto de ennegrecer las aguas del Éufrates.

Uno de los méritos de Carta a un joven musulmán es su reiterada defensa de la libertad y la responsabilidad, unos conceptos que el autor suele asociar a la dignidad de la persona. Los extremistas desconfían de la libertad, pues la vinculan a una vida licenciosa y vacía de moral. Esta limitada concepción de la libertad demuestra también su desconocimiento de la responsabilidad. El hombre sin libertad, señala certeramente Saif Ghobash, es un hombre discapacitado. La libertad no es un enemigo, pues puede ser una valiosa colaboradora en la construcción de un mundo más ético. Pero para apreciar la libertad, hay que reconocer que vivimos en un mundo de diferencias y diversidades. Este es uno de los principales mensajes, según Saif Ghobash, dirigido a las jóvenes generaciones de musulmanes. No es incompatible ser fiel al islam y a sus auténticos valores con entender el mundo complejo que nos ha tocado vivir. Tampoco se debería olvidar que entre lo negro y lo blanco está el gris.

Habría que recomendar la lectura de este libro a algunos analistas políticos occidentales, a esos que piensan que un régimen islamista puede ser derribado fácilmente por una juventud local fascinada por el materialismo y consumismo occidentales. Tan solo cuestión de tiempo. La alternativa al joven extremista y violento sería el joven descreído y atraído por las modas de Occidente. Pero se olvida la presencia de otro tipo de juventud, fiel a sus valores y abierta a los desafíos de un mundo globalizado. Saif Ghobash ha escrito este libro para ellos.

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