Entrevista a Luis Rubalcaba, catedrático de Economía Aplicada

´Carrón, con el Papa, va más allá de 200 años de teoría económica´

España · PaginasDigital
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20 diciembre 2009
Julián Carrón, presidente de la fraternidad de Comunión y Liberación, intervino el pasado 22 de noviembre en la Asamblea de la Compañía de las Obras, una asociación que reúne en el mundo a 30.000 empresas. Luis Rubalcaba, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Alcalá, responde a Páginas Digital algunas preguntas sobre la trascendencia de esta intervención.

¿Qué le ha parecido la intervención de Julián Carrón en la Asamblea de la Compañía de las Obras y su valoración sobre el individualismo?

Me parece una intervención muy oportuna. Especialmente porque vivimos en una sociedad que bascula continuamente entre el individualismo y el estatalismo. En economía algunos dirán que éstas son las bases del liberalismo y del intervencionismo respectivamente. Carrón apunta muy acertadamente a la relación que existe entre individuo y Estado. La exaltación del individuo y del Estado en sí mismos no representa dos posturas antagónicas, aunque se presenten como tales. Carrón lo dice claramente: "Ésta es la paradoja de la modernidad: cuanto más se fomenta el individualismo, tanto más obligada se ve a multiplicar las reglas para controlar al ‘lobo' potencial que cada uno de nosotros podría llegar a ser". Acertada referencia a Hobbes. El individuo, solo, necesita de leyes, necesita de un Estado fuerte que controle lo que Hobbes llamó pasiones individuales. Un individuo aislado, que busca únicamente su propio "interés" es lo que más conviene al Estado intervencionista y todopoderoso. Como decía Rousseau, tiene que ceder su libertad al Estado para que éste, en un segundo momento, se la restituya. También dirá Rousseau que sólo la fuerza del Estado constituye la libertad de sus miembros. Ciertamente, si no hay sociedad intermedia, el Estado lo domina todo. Por ello, el individualismo es el caldo de cultivo necesario para todo estatalismo. Lo que propone Carrón, siguiendo a Giussani y a Benedicto XVI, no es un punto intermedio entre individuo y Estado. Frente a los extremos, tampoco se propone implícitamente una opción razonable que rescate un necesario espíritu liberal comprometido con la sociedad y que oriente una intervención pública dirigida a beneficiar realmente a las personas. Estas opciones son justas y necesarias desde el punto de vista de la acción social y económica; con implicaciones que conviene estudiar. Pero, sobre todo, se nos está ofreciendo un reclamo mayor: el individualismo perjudica, sobre todo, al individuo, es un atentado contra uno mismo, es la negación de la evidencia más elemental: que uno no se hace a sí mismo, que uno es don.

Carrón afirma que la crisis es la ocasión para aprender con más claridad por qué un hombre hace empresa, construye. Sostiene que el punto de partida para superar una situación en la que los hombres se han convertido en lobos para los hombres es partir de lo que Luigi Giussani llamaba "experiencia elemental", el conjunto de evidencias y exigencias que definen al hombre. Asegura que "esta experiencia elemental muestra que el otro es percibido como un bien, hasta el punto de que se pone en movimiento la solidaridad y llega a generarse un pueblo que responde a la necesidad". ¿La experiencia elemental puede ser el punto de partida para juzgar la situación económica y cultural, para construir sociedad?

La experiencia elemental es decisiva precisamente porque es la esencia de los que hombres somos. Somos una exigencia recibida. No nos podemos construir nuestras exigencias porque están dadas, como toda nuestra vida: somos un don. Cuando el Papa afirma en la Caritas in Veritate que el don está en el centro del auténtico desarrollo hay que meditar seriamente si esto es verdad o si, por el contrario, es una exageración o una locura. Cuando 200 años de teoría económica se apoyan sobre la búsqueda de la satisfacción propia y del beneficio individual y empresarial como motores del crecimiento económico, la lógica del don que propone el Papa, ¿realmente construye una visión diferente, una antropología diversa? El egoísmo puede generar mucho crecimiento pero un cierto tipo de crecimiento. El Santo Padre habla de "desarrollo integral" o "verdadero" retomando los términos de Pablo VI y de Juan Pablo II. Existe una capacidad de construcción que toma en serio el propio límite y construye a partir de la verdad recibida. Cuando se va al fondo de las propias exigencias no puede negarse el don de la vida relacional. Hay que ser muy necio para obviar  que nuestras exigencias infinitas en todos los ámbitos son el punto esencial que nos acerca unos a otros y superan cualquier tentación individualista.

Utilizando la experiencia elemental como criterio, Carrón señala que la respuesta a la crisis "es una compañía, un movimiento que nazca de la intuición de que el objetivo de una empresa excede los términos de la empresa misma y que ésta es un intento de responder a otra cosa mucho más grande, en fin, un movimiento que nazca de la percepción de ese corazón que todos tenemos".

Efectivamente. Éste es el punto. La intervención de Carrón es muy oportuna porque desarrolla un aspecto esencial de Caritas in Veritate. Establece el nexo entre el hombre que puede vivir su vida como don y la gratuidad con la que puede entregarse a los demás. ¿Por qué un hombre serio consigo mismo, que puede reconocer que no se hace a sí mismo, que su vida la ha recibido gratis, como sus exigencias elementales, por qué este hombre puede empezar a vivir con gratuidad y entrega las relaciones con los demás? La compañía es necesaria para ejercer la autoconciencia del don. Sin una compañía, sin un movimiento, la justa percepción de sí mismo queda sometida a los vaivenes del estado de ánimo, o al imperio del poder, económico, social o político. El reconocimiento del propio límite y de la propia debilidad, dentro de un contexto comunional, genera un movimiento que vehicula el bien propio con el bien común. Las obras nacen de necesidades concretas que buscan respuesta en una entrega a otros. El trabajo es entrega a otros y entrega con otros. Pero solamente un cierto tipo movimiento puede hacer crecer la experiencia de lo que hacemos todos los días, de la entrega que realizamos. Sólo un cierto tipo de movimiento, una compañía hacia el destino, puede generar la necesaria autoconciencia con la que la caridad o la gratuidad no son cuestiones éticas yuxtapuestas al interés individual, sino dimensiones de todo el accionar humano. El problema es de conocimiento y de experiencia.

El recorrido realizado en la Asamblea de las Obras subraya que esta construcción social no es posible sin el reconocimiento del Misterio hecho carne como una Presencia actual que sostiene y acompaña la vida. ¿Qué piensa sobre esta cuestión?

La Navidad que ahora celebramos es el origen de todo, el origen de un nuevo conocimiento de la realidad. Ese misterio entregado en un niño nos abre a una dimensión diferente de nuestra entrega día a día en el trabajo, de la búsqueda de soluciones a la crisis, del sacrificio para llegar a fin de mes o de la respuesta a las exigencias de solidaridad con tantos congéneres necesitados. El hombre sencillo puede reconocer en el Misterio del Dios encarnado el significado de su entrega diaria en la construcción de una vida que no tiene sentido si no es para otros. La verdad revelada en ese niño-Dios explica el origen auténtico de la caridad y de la economía que ella genera.

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