Con el debido respeto a la Autoridad....

Cansados de esperar…

España · PaginasDigital
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30 septiembre 2014
Tormenta social. Cabreo generalizado. Pondría la mano en el fuego que, como sociedad, somos una ensalada de sentimientos y eslóganes repetidos hasta la sociedad. Que protestamos porque “estamos hartos de que los políticos nos engañen y los especuladores nos roben el pan nuestro de cada día”. Porque esperamos que las cosas cambien: que los políticos sean honrados, que los intereses privados dejen de lucrarse a costa nuestra, que nos quiten libertades como el derecho a decidir sobre nuestro futuro, nuestro cuerpo, nuestra vida…Lo que no nos atrevemos a decir es que estamos cansados de vivir.

Tormenta social. Cabreo generalizado. Pondría la mano en el fuego que, como sociedad, somos una ensalada de sentimientos y eslóganes repetidos hasta la sociedad. Que protestamos porque “estamos hartos de que los políticos nos engañen y los especuladores nos roben el pan nuestro de cada día”. Porque esperamos que las cosas cambien: que los políticos sean honrados, que los intereses privados dejen de lucrarse a costa nuestra, que nos quiten libertades como el derecho a decidir sobre nuestro futuro, nuestro cuerpo, nuestra vida…Lo que no nos atrevemos a decir es que estamos cansados de vivir.

Si me dejara llevar por la primera impresión, no podría tener delante de mis ojos una realidad más negativa: por un lado, la especulación desenfrenada y la búsqueda de beneficio a cualquier precio en algunos agentes del mercado; por otro, la de quienes abogan por la planificación de la existencia en todos sus sentidos “desde la cuna hasta la tumba”. Y, en medio, una sociedad que parece estar gimiendo con dolores de parto; es decir, nosotros (porque aquí no se libra nadie, todo sea dicho): hay quien, frente a la injusticia, reacciona buscando culpables; hay quien construye con iniciativas; los más concienciados políticamente, protestan y se manifiestan; hay quien duerme el sueño de los justos y también quien se pone de perfil ante lo que sucede.

En cualquier caso, yo me siento cansado. Describir la realidad a mí no me basta, y denunciar los males de este mundo, tampoco (aunque, en ocasiones, haya que hacerlo). En toda esta confusión provocada por el paso atrás del Gobierno en relación al proyecto de reforma de la Ley Zapatero sobre el Aborto, he visto quien ha reaccionado en Twitter diciendo:”¡por fin se elimina una Ley que quita los derechos a las mujeres!”. Al igual que las reacciones de algunas asociaciones surgidas en el ámbito católico me dejan cada vez más desconcertado (porque parece ser lo mismo de siempre). Por no hablar de algunos comentarios vertidos en contestación al artículo publicado de Eugenio Nasarre exigiendo su dimisión, que no esconden más que el reproche: “Tú tienes la culpa de que yo no sea feliz”.

Personalmente, me producen cada vez más hastío y náuseas la polarización que hay en nuestra sociedad, no sólo sobre el aborto, sino en la política en general. Resulta cabreante asistir, de nuevo, en estos días, cómo seguimos exigiendo a la política lo que ésta no nos puede dar, sin haber aprendido que el entorno favorable para los católicos es un veneno muy sutil; que la constitución de un partido político católico es un simple caramelo para ahorrarnos el drama de vivir en minoría; que algunos de los que tienen responsabilidad de gobierno en la Iglesia fomenten un tipo de laicado más próximo al activismo tuneado, que se dedica al copy-paste de experiencias de presencia cristiana en países y sociedades hostiles olvidando que esto es made in Spain.

Sí. La polarización ideológica está causando estragos a nivel social, y no sólo entre los votantes de Podemos. También entre los católicos. Yo díría que nos hemos cansado enseguida; que nos hemos creído las mentiras del voto útil y del mal menor y nos tragamos los bulos de la utopía del partido que refleje íntegramente nuestro ensamiento. Que nos estamos deslizando por el camino fácil de pensar que, cuando consigamos el aborto cero y que se reconozca el modelo de familia cristiana ejemplar, habrá una sociedad mejor. En el fondo, excusas para permanecer en nuestra madriguera sin dejarse cuestionar y no cambiar. De nuevo, exigiendo a la política lo que ésta no nos puede dar.

Confieso que la política en general, se me antoja como una obra de teatro; en la que, por un lado, los PLANIFICADORES (Hay que defender los derechos sexuales y reproductivos y la libertad de las mujeres; hay que imponer la tasa Tobin e impuestos a las grandes fortunas y eliminar el sector privado); por otro, el bando de los BUENOS, (Hay que proteger la vida, desde su concepción hasta su muerte; y demás eslóganes sobre subsidiariedad cuando se quiere decir liberalismo), interpretan a la perfección una obra que está pidiendo a gritos tener un punto de fuga, no happy-endings enlatados. Que la obra no termine es signo de que nuestro cansancio de vivir ha hecho que nos saturemos ideológicamente, buscando culpables y adorando mesías políticos porque, en el fondo, no nos atrevemos a mirar a la cara nuestra profunda insatisfacción, por eso queremos más y más derechos, también quienes usan la subsidiariedad como pretexto para que se pongan de perfil y les dejen en paz. Es fácil manifestarse para “defender la vida”. Lo difícil es ser protagonista: vivir la tuya propia…Todo un reto, porque nos obliga a estar de otra manera en la sociedad: a preocuparnos más por los asuntos que afectan a nuestra sociedad, a dialogar con los que no piensan como nosotros, a salir de nuestras seguridades…en suma, llamados a hacer crecer nuestra deteriorada conciencia social. O sea: a tomarnos en serio de una vez por todas la provocación lanzada por el Papa Francisco.

 Eso, sí, tenemos el mismo corazón que todos. Y el cansancio nos ha afectado también a nosotros. Por eso, podemos ayudar a nuestros conciudadanos a hacer explícito el grito de la canción:¡Ven, que estoy cansado de esperar!. ¡Y necesito caminar!. Pero me falta aliento desde hace tiempo…Ven…. 

Dicho sea todo…con el debido respeto.

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