Editorial

Caminos ásperos

Editorial · Fernando de Haro
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13 julio 2020
Suena el viejo, el nuevo, Dylan. Suena el último disco `Rough and Rowdy Ways`. (Ásperos y ruidosos caminos). Más que cantar, recita con lentitud sobre una melodía que desgarra con suavidad. Canta el viejo, nuevo, Dylan su `Murder Most Foul`. Cuenta el asesinato de Kennedy. Está el presidente sobre la mesa de autopsias, los doctores mutilan su cuerpo, ´but his soul was no there where it was supposed to be at´ (pero su alma no estaba donde se suponía que debía estar). Cincuenta años buscándola y el viejo trovador no la ha encontrado. Cincuenta años buscando `Freedom above me` (la libertad sobre mí).

Suena el viejo, el nuevo, Dylan. Suena el último disco `Rough and Rowdy Ways`. (Ásperos y ruidosos caminos). Más que cantar, recita con lentitud sobre una melodía que desgarra con suavidad. Canta el viejo, nuevo, Dylan su `Murder Most Foul`. Cuenta el asesinato de Kennedy. Está el presidente sobre la mesa de autopsias, los doctores mutilan su cuerpo, ´but his soul was no there where it was supposed to be at´ (pero su alma no estaba donde se suponía que debía estar). Cincuenta años buscándola y el viejo trovador no la ha encontrado. Cincuenta años buscando `Freedom above me` (la libertad sobre mí).

Suena el viejo, el nuevo Dylan, convocando una antigua emoción y leo en Harper´s la carta de 150 personalidades contra la intolerancia del activismo progresista. Lo quieren dejar claro: nada que objetar a la lucha contra el racismo, el problema es la falta de libertad de expresión. Lo explica Mark Lilla, el que ya hace tiempo criticó el progresismo identitario y ha sido uno de sus promotores. Se trata de reclamar el derecho a disentir sobre lo que se supone que “hay que pensar” sin autocensura, sin censura en la prensa (despido de Bennet en The New York Times). Lilla señala que Estados Unidos no se ha movido “hacia el siglo XXI sino que ha regresado realmente al siglo XIX. Un siglo de denuncia, de indiferencia”.

Lilla habla del siglo XIX en la semana en la que un vicepresidente del Gobierno de España ha señalado a los periodistas que informan de forma crítica y ha “pedido” que se normalice el insulto en las redes sociales. “La libertad de prensa pertenece a la ciudadanía, no a las empresas de comunicación ni a los periodistas”, explica en un tuit su principal ideólogo. Y cuando leo ciudadanía, leo Estado. ¿Vuelta al comienzo del siglo XIX? ¿Son otra vez necesarias las revoluciones burguesas que consagraron la dimensión negativa de la libertad frente al poder? ´But his soul was no there where it was supposed to be at´.

Sigue Dylan, repetitivo, la canción dura dieciséis minutos. ´Freedom above me´. Y leo que Tik Tok, la gran red social que está descargada en 2.000 millones de dispositivos, ha anunciado que se retira de Hong Kong. Es la respuesta a la aplicación de la ley de seguridad nacional. Tik Tok, basada en microvídeos, hace furor entre los adolescentes de todo el mundo. Probablemente su retirada de la excolonia británica es un ejercicio de camuflaje. Tik Tok pertenece a ByteDance, empresa china. Y todas las empresas chinas tienen el mismo dueño. Y se me agolpan las preguntas: ¿Es Tik Tok un fenómeno similiar a Huawei? ¿Sería efectiva una sentencia como la que ha dictado un tribunal alemán contra la compañía de telefonía por no respetar la protección de datos? ¿Dónde va el ánima inmensa de miles de millones de jóvenes retratada en esas imágenes cortas, subidas aprisa, que buscan en el cielo de la nube un abrazo? ¿Es la minería de datos el poder del siglo XXI? ´But his soul was no there where it was supposed to be at´.

Del lado del capital tampoco hay nada sobre la mesa de autopsias. Cincuenta años no, dieciséis años buscando la libertad (Freedom above me) a través de Facebook. Zuckerberg siempre promete la edición de contenidos para evitar la difusión de fake news y el discurso de odio. Nunca cumple. En la campaña presidencial que ya ha comenzado volverá a pasar lo que ocurrió en la anterior. Hace cuatro años, el 40 por ciento de la población de Estados Unidos recibió contenidos incendiarios o falsos. A pesar de las recientes caídas en bolsa, las acciones de la compañía han subido en lo que va de año un 19 por ciento. Prácticamente irrelevante que Coca Cola, Pepsico, Levi Straus, Starbucks y Unilever hayan dicho que no harán publicidad en Faceebok.

El nuevo disco de Dyland cambia de tema. Suena ahora `I Contain Multitudes` (contengo multitudes), tema que recuerda a Whitman. Las multitudes contenidas en cada usuario (´I sleep with life and death in the same bed´, duermo con la vida y la muerte en la misma cama) se convierten en carne de negocio. ´You greedy old wolf, I`ll show you my heart´ (lobo avaricioso, te mostraré mi corazón), recita con precisión el viejo bardo. Corazón de multitudes explotado en el negocio de la polarización: las noticias falsas, las mentiras, las palabras solo dichas en el dialecto de la tribu corren más rápido, enganchan más, hacen más dinero.

¿Cincuenta años de búsqueda para concluir que hemos vuelto al XIX? ¿Cinco décadas para descubrir que el XXI explotará e instrumentalizará sin piedad lo que llevamos? ¿Habrá que defender las viejas libertades como si no hubieran sido conquistadas, cambiarse a las redes sociales que han empezado a editar contenidos? Sin duda. Pero será todavía insuficiente para las multitudes infinitas que llevamos dentro. ¿Solo nos quedan `Rough and Rowdy Ways`?

Sigue sonando el disco. Y ahora la música se hace dulce, nostálgica, como la fidelidad que atraviesa el tiempo. Y uno quiere bailar con su viejo amor. La voz del viejo Dylan no llega al tono. No importa. ´I`ve Made Up My Mind to Give Myself to You´ (he decidido entregarme a ti). ´I knew you`d say yes, I`m saying it too´ (sabía que dirías sí, yo también lo digo).

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