Camino a la libertad

Cultura · Víctor Alvarado
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12 enero 2011
Todos los aficionados al cine clásico conocen la habilidad de John Ford para desarrollar la psicología de sus personajes de un plumazo. Peter Weir, el director de tres peliculones como El Club de los poetas muertos (1989), El show de Truman (1998) y Master and Commander: Al otro lado del mundo (2003), logra un efecto similar con su nuevo trabajo, Camino a la libertad.

En esta ocasión se atreve con un tema, silenciado por algunos medios de comunicación, como fue el del Gulag siberiano, donde el régimen comunista ruso recluía, metiendo en el mismo saco, a todo lo que pudiera suponer una amenaza para la revolución. En estas durísimas cárceles se podían encontrar disidentes políticos, espías, sacerdotes, aristócratas e incluso actores que habían representado a personajes pertenecientes a la nobleza (entre los miles de condenados a estos campos de concentración se encontraba el célebre autor de Archipiélago Gulag, Alexander Solzhenitsyn, que, imagínense por qué, dijo lo siguiente: "Al llegar a pensar todos iguales, una ventisca no sirve a nadie").

La historia gira en torno a Janusz, que es condenado a prisión por culpa del testimonio de su mujer, que, en contra de su voluntad, lo delata. Este espía polaco liderará a un grupo de hombres que sienten la necesidad de escapar de ese inhóspito lugar porque prefieren morir libres antes que continuar allí un minuto más.

El cineasta nos habla de la lucha de unos hombres contra los elementos y a la vez aprovecha para denunciar las tropelías de los regímenes totalitarios, centrando su crítica en la Rusia comunista. Se trata de un realizador no muy prolífico (selecciona cuidadosamente sus proyectos y sólo escoge los que verdaderamente puedan interesarle), que desarrolla muy bien las pequeñas historias de cada personaje, con lo que consigue atrapar al espectador. Esta obra del celuloide está sacada de la novela La increíble caminata de Slavomir Rawicz, basada en hechos reales, aunque con ciertas licencias cinematográficas, en la que se narra la huída del prisionero polaco Witold Glinski.

En el apartado interpretativo habría que destacar las actuaciones del incombustible Ed Harris (Mr Smith) y la actriz Saoirse Ronan (Irena), conocida por su trabajo en Expiación, más allá de la pasión (2008). La relación que establecen ambos personajes  es digna de ser tenida en cuenta, ya que Mr Smith  ha perdido a su hijo, mientras que los padres de Irena fueron asesinados. Por esa razón, de alguna manera, Mr Smith se acabará convirtiendo en el padre adoptivo de la indefensa niña.

El autor ha querido expresar que el compañerismo y el todos para uno y uno para todos era el único modo de sobrevivir. Por tanto, la solidaridad aparece como el medio para estrechar lazos entre personas de diferentes orígenes y culturas.

Por otro lado, la cinta deja un hueco a la trascendencia. Sin embargo, el perdón parece ser lo más importante para el protagonista que, por encima de la esperanza de alcanzar la libertad, le mantiene vivo, transformándolo para resistir todas las adversidades.

Por último, da la impresión de que Peter Weir cuestiona la bondad como un inconveniente para la supervivencia. No obstante, los hechos van demostrando que ese espíritu de servicio a los demás y el conmoverse por el más débil se convierte en el arma más poderosa para alcanzar su objetivo en este largometraje de superación personal.

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