Una buena lección desde los USA

Cambiar la sociedad `desde abajo`

Mundo · Giorgio Vittadini
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14 julio 2008
Una concepción obsoleta de estatalismo laicista ahoga y retrasa a nuestro país. Que el desarrollo de un país civil moderno no puede realizarse si no es poniendo en juego las energías de todos los sujetos sociales que lo componen y dejando al Estado central su función reguladora es algo cada vez más evidente.

Barack Obama, el pasado 1 de julio, en un discurso en el que subrayaba la importancia para la vida civil de los grupos caracterizados por su pertenencia religiosa, afirmó que "el camino no viene de arriba, sino de abajo, pero de abajo hacia arriba y pocos están tan cerca de la gente como las iglesias, las sinagogas, los templos y las mezquitas", también en las actuaciones sociales a favor de los pobres.

Tomando como ejemplo el éxito del programa Youth Education for Tomorrow, realizado en Philadelphia, el senador llegó incluso a decir que esta modalidad de intervención a favor de las clases menos pudientes que nace de realidades sociales y grupos movidos por motivaciones religiosas es crucial también en el ámbito educativo y que si llega a ser presidente de Estados Unidos creará un organismo "for Faith-Based and Neighborhood Partnerships", que destinará fondos federales a estas realidades.

Si se piensa que una concepción de vida civil que reconoce la aportación imprescindible de realidades de base (visión "subsidiaria" de la sociedad) sería algo más propio del republicano McCain, se deduce la sugerencia que nos llega del otro lado del Atlántico. La izquierda italiana, a pesar del nacimiento del Partido Demócrata, continúa dominada por articulistas y políticos obsesionados por presuntas violaciones clericales de la laicidad del Estado, empeñados en una gestión directa de los servicios prestados por los entes públicos, convencidos de una concepción en la que el Estado se contrapone al individuo, donde la única alternativa al estatalismo es un mercado salvaje de servicios.

Esta concepción, entendida como moderna, es en realidad un residuo de ideologías dieciochescas, el oropel más pesado frente al desarrollo libre y responsable, y el cambio de nuestro país.

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