Buscando consuelo

España · R.I.
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18 septiembre 2019
Hubo una época en España en que cumplir con la tarea que el artículo 99 atribuye al Rey era algo relativamente fácil. Fue desde 1977 hasta 2015. El Rey recibía en esa época a los partidos políticos, el candidato que había sido más votado llevaba los apoyos preparados y el Rey encargaba la investidura. Nadie rechazaba el encargo del Rey, ningún republicano le pedía al Rey que hiciera de presidente de República y nadie llegaba al palacio de la Zarzuela después de haber fingido buscar un acuerdo durante meses sin haber movido un dedo. Nadie fingía a última hora estar dispuesto a abstenerse a cambio de condiciones no negociadas previamente. 

Hubo una época en España en que cumplir con la tarea que el artículo 99 atribuye al Rey era algo relativamente fácil. Fue desde 1977 hasta 2015. El Rey recibía en esa época a los partidos políticos, el candidato que había sido más votado llevaba los apoyos preparados y el Rey encargaba la investidura. Nadie rechazaba el encargo del Rey, ningún republicano le pedía al Rey que hiciera de presidente de República y nadie llegaba al palacio de la Zarzuela después de haber fingido buscar un acuerdo durante meses sin haber movido un dedo. Nadie fingía a última hora estar dispuesto a abstenerse a cambio de condiciones no negociadas previamente. Pero todo eso cambió en enero de 2016. Aquel mes y aquel año Rajoy rechazó el encargo del Rey porque sabía que no tenía apoyos suficientes y porque quería evitar que se pusiera en marcha el plazo de dos meses que disuelve de forma automática las cortes.

Después de eso, desde de las elecciones del pasado mes de abril, hemos visto de todo. Hemos visto que el líder del partido más votado, Sánchez, ha dejado correr el calendario buscando las tablas. Sánchez se ha reunido con todos los colectivos de la sociedad civil que le son amables pero que no le pueden dar votos. Sánchez ha hecho kilómetros para negociar el voto de un solo diputado, pero no ha querido reunirse con el líder de Podemos. Hemos visto reuniones de los equipos negociadores de Podemos y del PSOE en las que no se ha hablado de nada durante cuatro horas. Hemos visto cómo el supuesto socio republicano de Sánchez, Iglesias, desesperado, le pedía a Felipe VI que borboneara como hacía su bisabuelo Alfonso XIII antes de perder el trono. Iglesias le ha pedido a Felipe VI que se olvidara de la Constitución del 78 y que se convirtiera a Sánchez en un Maura con él dentro del Gabinete. Y por si no habíamos tenido suficiente circo, Rivera ha ofrecido una abstención de última hora, a cambio de tres condiciones de imposible cumplimiento. Rivera ha querido, incluso después de la conversación con el Rey, mantener ficticiamente abierta la partida.

Un triste espectáculo. Buscando consuelo político, solo encontramos dos motivos. El primero: es mejor no tener Gobierno a tener un Gobierno débil que hubiera dependido en parte de los independentistas. Y el segundo es que Rivera ahora parece dispuesto a acercarse a Sánchez.

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