Biutiful

Cultura · Juan Orellana
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2 diciembre 2010
Se estrena la película que representa a México en los Oscar, una película cara que está recibiendo duras críticas del sector cinematográfico. Se trata de la última obra del director mexicano Alejandro González Iñárritu, que hasta ahora había trabajado con el guionista Guillermo Arriaga, con el que has firmado grandes películas como Amores perros (2000), 21 gramos (2003), o su obra maestra, Babel (2006).

Biutiful abandona el planteamiento multiprotagonista de historias cruzadas que había caracterizado a las anteriores películas, y se adopta un único punto de vista dominante, que es el de Uxbal (Javier Bardem). Uxbal vive en una barriada deprimida de Barcelona y se gana la vida gestionando actividades ilegales de inmigrantes "sin papeles". Es como un mafioso de poca monta y buen corazón, que paga a la policía para que haga la vista gorda y que se esfuerza para que sus inmigrantes "protegidos" gocen de las mejores condiciones posibles. Su vida personal es muy dramática: la mujer, de la que está separado, es alcohólica y promiscua, y Uxbal empieza a manifestar síntomas dolorosos de una grave enfermedad. Vive con sus dos hijos, con los que trata de ejercer la paternidad como puede. Uxbal tiene un hermano impresentable, Tito, con el que comparte algunos negocios de contratación de ilegales. Todo parece derrumbarse cuando a Uxbal le diagnostican un cáncer terminal.

En esa atmósfera triste y desesperanzada, Uxbal demuestra no conformarse con ser un mero superviviente, se rebela ante la aparente nada de la muerte y sabe que ésta no es la última palabra. Pero ignora qué sea en realidad este definitivo "más allá". "¿Qué hay?" es la dramática pregunta con la que Uxbal abre y cierra la película, una pregunta que formula en el atrio mismo de la muerte, y a la que el cineasta responde llevando la pantalla a negro y finalizando el film. Iñárritu no pretende ofrecernos una obra nihilista. Toda la película clama a gritos una esperanza, aderezada de pequeños guiños de religiosidad cristiana. Pero el cineasta no da una respuesta que no tiene. No niega la posibilidad de su existencia, pero su honestidad intelectual le impide dar un paso con su cine que no haya dado él en su vida personal. La trascendencia en este film toma la forma del deseo, del anhelo de bien, belleza, amor, perdón… y sentido, en medio de la humanidad más rota y degradada que uno pueda imaginar. El título del film significa "bello", pero mal trascrito. Alude a la belleza que está oculta en la fealdad de una vida que aparentemente tiene un guión muy mal escrito.

Si la película Babel planteaba quién nos puede abrazar en esta vida, Biutiful añade otra pregunta, sin eliminar la primera: ¿quién te abraza después de la muerte? Pregunta abierta, insisto, que no puede ser cerrada. Plantea una escatología que conserva unos cimientos de génesis cristiana, en el sentido de que no se duda de un "más allá" al que conviene llegar con las manos limpias, pero en la que todo lo demás está desvirtuado: es una escatología sin la Presencia real de un salvador. Sin embargo, lo que sí encontramos en el film es mediadores de esa trascendencia. La figura de la vidente Bea (Ana Wagener) es muy importante como alegoría: ella es la que prepara espiritualmente a Uxbal para la muerte, la que mira con realismo, se compadece de él y le ofrece talismanes de protección. La cámara nos lleva de Bea a una imagen de la Inmaculada de Murillo, subrayando su carácter de mediadora, de puente, entre lo eterno y lo inmanente. Bea consuela y ayuda a traspasar el velo de la muerte, acompañando y reconfortando. En este sentido hay que señalar que Uxbal también desempeña una extraña ocupación ocasional: ayuda a los recién fallecidos a irse en paz al otro mundo, permitiendo que éstos le comuniquen mensajes para sus seres queridos: confesiones, revelaciones, sentimientos ocultos… Uxbal es como un Caronte que ayuda a las almas a abandonar esta orilla para llegar serenas a la otra. Es un viático pagano, emulación del personaje de Cole de El sexto sentido (M. N. Shyamalan, 1999). Esta actividad está muy relacionada con el tema de la culpa, que atraviesa todo el film, con unas connotaciones más protestantes que católicas. En la película, culpa y perdón son temas igualmente importantes.

Dejando de lado el plano escatológico y volviendo la mirada al terrenal, Uxbal ante todo intenta ser un buen padre y un buen marido. Lo cual es mucho decir en su entorno familiar y personal. Intenta educar, trata de perdonar y pedir perdón, quiere ser paciente, sabe rectificar… pero no es fácil. Nunca es fácil, y si se es pobre, delincuente, y la propia esposa se prostituye y maltrata a los hijos… menos todavía. También Marambra, la madre (Maricel Álvarez), es consciente de que no es una buena madre, aunque quiere serlo. Pero lo cierto es que la familia es el valor central de la película. Y cuando falta Marambra, está otra madre, Maramba -casi homónima-, una africana que no sólo cuida a su bebé sino a los hijos de Uxbal. Los planos evocadores de la Sagrada Familia de Gaudí van unidos a esta familia nueva, no biológica, multirracial, pero familia al cabo donde unos velan gratuitamente por el destino de los otros.

La película es sórdida y dura. Incluso en lo formal, con una fotografía umbría, y un sonido directo que a menudo impide escuchar bien lo que dicen los personajes. Para el espectador, pasar las más de dos horas de metraje es como recluirse en una celda húmeda y oscura llena de cucarachas. Qué lejos queda la artificiosa y frívola Barcelona de Woody Allen (Vicky, Cristina, Barcelona, 2008). Biutiful no da respiro: maltratos, drogas, alcohol, sexo, mafias chinas, niños muertos, miseria, hacinamiento… y una subtrama homosexual de aterrador desenlace. En esta película se sufre, no hay en ella nada complaciente ni comercial. El espectador debe saber de antemano lo que va a ver y lo que va a sentir. No apta para todos los paladares.

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