Diario de campaña para las europeas

Batalla por la política real

España · Fernando de Haro
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29 abril 2009
De la lista del PP para las elecciones europeas se queda fuera Gerardo Galeote, al que Garzón trató de implicar en el caso Gürtel. No está imputado. La Fiscalía Anticorrupción ha dicho dos veces que no hay indicios para ello. Jaime Mayor Oreja estará más tranquilo, aunque no del todo. Habría sido más fácil si Galeote hubiera renunciado motu propio antes.

Ha quedado claro que es el partido el que le despide y son inevitables las comparaciones: el tesorero Bárcenas está en las mismas circunstancias y sigue en su puesto. Está claro que el diario El País, que a pesar de sus últimas críticas ahora cierra filas en torno a Zapatero, va a hacer campaña como la hizo en las elecciones gallegas y vascas: a base de filtraciones sobre los supuestos cohechos y las supuestas irregularidades de financiación de las empresas de Francisco Correa. Repite una fórmula que no tuvo buenos resultados hace dos meses.

En realidad, la campaña para las europeas empezó el domingo 18 de abril cuando Zapatero acusó a Jaime Mayor Oreja de ser el ministro del Gobierno que "más nos alejó del corazón de Europa". Apuesta arriesgada que rompe con una de las reglas del manual básico de cualquier político: "nunca polemices con un inferior". Mayor es un inferior para Zapatero. Pero el presidente del Gobierno es un heterodoxo, y ante la diferencia en intención de voto a favor del PP de 4 puntos aplica su particular y habitual solución: convertirse él mismo en el candidato. Lo hizo, como lo ha hecho otras veces, en  Galicia, pero esa vez sin buen resultado. El domingo 25 de abril Zapatero vuelve a la carga: "Jaime Mayor Oreja nunca ayudó en la lucha antiterrorista". En realidad, lo que hizo fue oponerse al mal llamado proceso de paz. Mayor Oreja está esperando que la próxima vez, que la habrá, le acuse de haber defendido el franquismo.

¿Cuál es el objetivo de Zapatero en este arriesgado juego? Repetir la fórmula que en las elecciones generales de 2004 y 2008 le dio buen resultado. La encuesta post-electoral del CIS de julio de 2008 reflejó que el PP tiene más del 86 por ciento de los votos de la derecha y más del 82,8 por ciento de los votos del centro-derecha. Pero el electorado de derecha en España sólo representa algo más del 2 por ciento (algo menos de 800.000 personas) y el centro derecha un 13,5 por ciento (no llega a los 5 millones de personas). La mayor parte del electorado español se considera de centro (un 31 por ciento, casi 11 millones de personas) o de centro-izquierda (10.600.000 personas). La izquierda más que triplica a la derecha, supone el 7,5 por ciento (más de 2.600.000 electores). Zapatero consiguió su éxito en las generales de 2008 con más de la mitad del voto de la izquierda, el 65 por ciento del voto del centro izquierda y el 19 por ciento del centro (que es en un 40 por ciento para el PP).

Para darle la vuelta a las encuestas de las europeas tiene que conseguir algo parecido: mantener movilizada a una parte importante de la izquierda a su favor, no perder el voto mayoritario del centro izquierda y conservar los votos del centro. Por eso estigmatiza a Mayor Oreja como el hombre que no colabora con el Gobierno en la derrota de ETA o como antieuropeo. Se trata de convencer a la izquierda de que es necesario votar y al centro, de que Mayor es la "derechona". En el caso del cabeza de lista del PP, el objetivo puede ser  conservar y aumentar los votos de centro del PP. No parece que el centro-derecha y la derecha tengan una alternativa y que vayan a abstenerse de forma masiva. Mayor era un hombre de la UCD y durante la primera legislatura de Aznar fue tratado con "guante blanco" por El País. Sólo a partir de la mayoría absoluta de 2000 y de las elecciones vascas de 2001 el periódico de los polancos, controlado en esta cuestión por Juan Luis Cebrían, decidió convertirlo en un "hombre de la caverna". Se ha creado un fantasma de Mayor que sólo puede diluirse con memoria y con realismo. Por eso la foto del primer Gobierno de Aznar que él mismo propició el pasado 22 de abril ha tenido la virtualidad de romper con los mitos mediáticos. En la foto está el Álvarez Cascos que se entendía con un PNV todavía no soberanista, está el Aznar y el Rato que hicieron posible la entrada en el euro y que propiciaron una drástica reducción del paro que estaba entonces en el 23 por ciento, el Mayor Oreja al que todo el mundo apoyaba, también El País, por su liderazgo en la lucha contra ETA. No era el Gobierno de la Guerra de Iraq, ni el de la boda en el Escorial. Era el Gobierno que obtuvo mayoría absoluta en 2000.

En la  campaña electoral de las europeas va estar, sin duda, muy presente el desengaño por un Zapatero que no ha sabido cumplir sus promesas y hacer frente con seriedad a la crisis. Pero quizás lo más interesante es que puede ser la campaña en la que se enfrente la política de los mitos y la política de las realidades. Zapatero quiere conseguir a toda costa que el centro, y sobre todo el centro-izquierda, siga viendo en Mayor el mito creado por El País en 2000. Por eso está siendo decisivo que el cabeza de lista del PP no critique el acuerdo alcanzado por el PP y el PSE en el País Vasco. Todo lo que pueda concretar en propuestas positivas, a favor de la "economía-verdad", como le gusta decir, le permitirá ganar terreno. No basta el "Maura no", el "Zapatero no".

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