¡¡¡Basta ya!!!

Cultura · Vicente Morro López
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4 junio 2008
Tomo prestado el nombre de una benemérita organización cívica para encabezar mi artículo. Sirva esto, de paso, como sencillo y merecido homenaje a esta iniciativa, defensora de la libertad y de los derechos y dignidad de toda una sociedad y de la verdadera paz, que ha merecido ser la primera organización europea distinguida por su labor con el Premio Sajarov por la defensa de los derechos humanos que concede anualmente el Parlamento Europeo. Ese principio de rebeldía cívica y de pensamiento crítico, que se aparta del pensamiento único y de lo políticamente correcto, es el que me anima a hacer estas reflexiones y a darles publicidad.

Nos encontramos ante una sociedad que ha perdido sentido cívico crítico, unas masas silenciosas y/o acomodaticias que no quieren ser molestadas -a menos que sea para evitar que su equipo descienda a segunda división- en su voluntaria siesta y en su mansedumbre de masa bienpensante (es decir, que piensa, en el mejor de los casos, "lo que debe", o sea, lo que le dicen en la televisión y en los medios "los que saben" o "los que mandan"), especialmente mientras no se sientan personal y directamente amenazadas o concernidas. ¡Quizá, como ya anunciara Martin Niemöeller, cuando quieran darse cuenta sea demasiado tarde!

¡Basta ya de mentir! ¡Basta ya de ocultar! ¡Basta ya de perseguir! Estamos, desde hace mucho tiempo, asistiendo a una escalada de ataques e insultos a la Iglesia católica. Una ola de intolerancia y de menosprecio a los sentimientos religiosos de muchos millones de ciudadanos -porque somos millones los que somos y nos sentimos católicos, pero millones de personas aisladas, silenciosas, despreocupadas-. Cuando no son exposiciones de supuestas obras de arte, cuadros o fotografías blasfemas, son obras de teatro que insultan a Dios, la Iglesia o los sentimientos religiosos; cuando no son peticiones de retirada de los símbolos religiosos de lugares públicos, son ataques a los villancicos, belenes y actos navideños en los colegios. Y nosotros, víctimas de complejos -de inferioridad o de culpabilidad- o avergonzados de nuestras creencias, incapaces de reaccionar.

¡Basta ya! Tenemos derechos y Derecho. Tenemos razones y Razón. Quizá para algunos no tenga ningún valor lo que nosotros pensamos y creemos: la victoria de Jesucristo sobre la muerte y su resurrección; una antropología que ve al hombre como un ser trascendente, llamado a la Vida Eterna ; un hombre que vive para los demás hombres -sus hermanos- y que, por tanto, supera la solidaridad con su fraternidad, supera las desigualdades con la caridad, supera las divisiones con el perdón y las reclamaciones de derechos con el amor; un hombre que puede "perder" su vida porque dándola la encuentra; un hombre que supera las declaraciones formales y rimbombantes de derechos, porque para él el otro es su prójimo, hijo de Dios y criatura suya igual que él, para él el otro es Cristo. Todo esto puede que no valga nada para algunos, a pesar de todo el bien que esta forma de pensar, mejor, esta forma de estar y ser en el mundo, esta forma de Vivir, ha hecho a la Humanidad , pero tenemos todo el derecho del mundo a pensarlo y a creerlo, tenemos todos los derechos -al menos, los mismos que los demás hombres- a vivir así y a expresarlo públicamente. No debemos devolver mal por mal, ni mentira por mentira, ni buscar el daño de nadie. Pero tenemos todo el derecho del mundo a defendernos, a defender nuestra fe, y a llamar a las cosas por su nombre. ¡Basta ya de abusos y atropellos contra la fe de personas sencillas y corrientes! ¡Basta ya de intolerancia contra las personas que tienen sentimientos religiosos, sea cual sea nuestro credo! Pero, especialmente en nuestro país y en este momento histórico, ¡basta ya de ataques a la Iglesia católica! ¿Por qué la tolerancia se aplica a todo el mundo menos a los católicos? ¿Por qué no hay tolerancia, sino insultos, menosprecios, burlas y descalificaciones para los que estamos contra el aborto, la eutanasia o la manipulación genética y a favor de la vida? ¿Por qué se quiere excluir a la religión de la vida pública y de las escuelas? ¿Por qué se ataca a la escuela católica y se le niegan o escatiman sus derechos?

Respecto a esto, el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos es muy, muy claro: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia". ¿Por qué tantas iniciativas para prohibir cosas a los católicos? No tienen derecho a encerrarnos en las sacristías e iglesias, en las sinagogas y mezquitas, no tienen derecho a insultarnos o censurarnos, no pueden relegarnos a lo "privado" como si fuéramos apestados, a menos que quieran, consciente y deliberadamente, violar la Declaración Universal de los Derechos Humanos y toda una larga serie de normas internacionales y nacionales: Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (16 de diciembre de 1966), Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales (del Consejo de Europa), Constitución Española de 1978, Ley Orgánica de Libertad Religiosa, de 5 de julio de 1980, entre otras muchas.

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